La Mosca de la Fruta es la principal plaga que se tiene en los cultivos frutales y por lo tanto, ha merecido una atención especial por parte de los investigadores del Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), que coadyuvan con la Asociación de Fruticultores del Soconusco en el estudio para el manejo y combate de ese flagelo. Así lo dio a conocer el doctor, José Pablo Liedo Fernández, Investigador titular y especialista en Ecología de Insectos y Manejo de Plagas, quien aseguró que el control es importante, pues permite exportar la producción a países libres como los Estados Unidos. En entrevista con rotativo EL ORBE, dijo que desde el 2015 ya se trabajaba en la factibilidad de la técnica del insecto estéril y del control biológico, bajo las condiciones de esta región, aprovechando que hay familiarización con el combate de la Mosca del Mediterráneo desde hace más de 40 años. Explicó que ya se concluía este proyecto cuando se presentaron los integrantes de la Asociación de Fruticultores del Soconusco, quienes buscaban alternativas para enfrentar el combate de la Mosca de la Fruta, y fue entonces cuando se le dio continuidad al proyecto. Por los resultados exitosos que ya había presentados con anterioridad, se empezó a trabajar de manera directa con los productores de mango. Detalló que cuando no es temporada de mango, casi no se detecta la presencia de ese animalito, porque se dispersa en la zona media alta de los municipios de la región, de cuyos hechos se tiene amplia información tanto por parte del Ecosur como del Comité Estatal de Sanidad Vegetal. Sin embargo, dijo que cuando ya es la temporada, las colonias de estos insectos se desplazan hacia la zona baja, por lo que se estableció una barrera biológica que consiste en dispersar moscas estériles, precisamente para evitar que esa plaga baje a donde están los cultivos de las frutas. Aseguró que del 2015 para esta fecha se ha ido reduciendo esa plaga hasta en un 50 por ciento de lotes larvados que llegan a las empacadoras, lo que ha permitido que al mismo tiempo aumente la exportación de mango a los Estados Unidos.
Migrantes trabajando en Tapachula. Foto: Iván F. Porraz
Las ciudades del sur de México son poco atractivas para muchos solicitantes de la protección internacional en comparación con las ciudades del norte; una de las razones es la falta de empleo, y en diversas ocasiones, la mala paga. El informe “Recepción, apoyo e integración de las personas refugiadas y solicitantes de asilo” publicado en el 2019[2]señala: “de manera contraria, los menores ingresos se presentan en Palenque (3,134.2 pesos), Tuxtla Gutiérrez (3,937.4 pesos) y Tapachula (4,343.7 pesos)” (Hernández y Cruz, 2020, p. 55).
La construcción de casas u obras particulares es uno de los espacios donde cada día hay más visibilidad de los solicitantes, en su mayoría hombres jóvenes solteros; en cuano a las nacionalidades, estas son diversas, por ejemplo, en una obra que se encuentra Par Vial, novena norte y esquina con diecinuve oriente, trabajan haitianos, venezolanos, hondureños, guatemaltecos y personas locales. En otros espacios sin embargo, es notoria una preferencia por contratar trabajadores de origen haitiano, sobre ello nos comenta uno de ellos:
“El trabajo en Tapachula, es poco, pero yo he conseguido en la construcción, ahí a veces te dan porque no siempre la gente quiere trabajar. Yo llego y pregunto si hay trabajo como “peón de masañil” que sería acá en México ayudante del albañil, me dicen que sí hay y ya me presento desde el lunes, el dinero no es mucho pero a veces puedo mandar a mi familia” (comunicación personal, enero de 2023, Tapachula, Chiapas).
Andrés de origen venezolano comentó:
“Yo sé albañilería y algo de fontanería, a veces consigo trabajo como fontanero y otras como ayudante del albañil, es difícil que te den de albañil, ahí están más las personas locales que ya conocen a los patrones o ellos hacen el trato del trabajo, por lo menos de eso sobrevives acá, y también como yo que vengo solo, encuentro a otras personas de Venezuela o algunos centroamericanos con los que puedes hacer amistad, ir a tomar una cerveza; ahí me encontré un chamo que ya estamos planeando que cuando nos den la visa nos vamos a ir para Canadá” (comunicación personal, enero de 2023, Tapachula, Chiapas).
El trabajo de la construcción es un mundo con características particulares; escuché en alguna ocasión decir a un albañil -y lo es-, que la construcción es un espacio diverso donde cada persona tiene una historia de su habitar en la ciudad del sur, pero también es un espacio de encuentro para ser amistades, o de desencuentro entre nacionalidades por disputar algún puesto de trabajo. La entrada a la obra puede variar, en algunos sitios es a las 6 de la mañana y en otros a las 7, se hace una pausa a la 1 o 2 de la tarde para comer o tomar algo, o simplemente descansar por el calor que llega en esta temporada a 35 o 38 grados, la salida es las 5 de la tarde, el sueldo en algunas obras es $200 o $250 pesos por jornada laborada, “depende que tan buena gente es el patrón”, nos comenta Juan quien es de origen hondureño, lleva ocho años en la ciudad y quien sobre la rutina del tabajo dice:
“Acá hay de todo, hay trabajadores haitianos, venezolanos, hubieron unos que decian que eran colombianos y varios paisanos, ahorita somos tres albañiles y cuatro “chalanes”, hay un fontanero y un herrero, los chalanes en su mayoría son haitianos, son buenos para el trabajo pesado y cumplen con su horario, eso sí, hay que pagarles puntuales sino la hacen de broncas, el fontanero es venezolano y es bueno también, pero a veces falla un poco, ya los demás somos de acá, el problema con ellos es que van de paso y en cualquier momento se pueden ir, tambien se dan broncas entre ellos, a veces porque se presentan dinero y ya no quieren pagarse, o hasta por algún muchacha ya tienen el arguente ahí…” (comunicación personal, febrero de 2023, Tapachula, Chiapas).
Algunos trabajadores con los que conversé son conscientes que el trabajo de la construcción es complicado, pero es lo que hay. La mayoría de los entrevistados apenas terminaron la primaria, otros la secundaria y algunos pocos una carrera técnica (electrcista, fontanero, mécanico). Su mayor fortaleza es su capacidad de trabajo y las destrezas aprendidas en el campo de la construcción, y saben que esa fuerza física tiene demanda acá en la ciudad como en el mercado laboral de Estados Unidos o Cánada, algunos dicen que este es el primer entrenamiento de lo que quizás será su vida allá, del otro lado de México.
Las dificultades laborales en tierra ajena ponen a los solicitantes de protección internacional en la necesidad de tomar decisiones difíciles, y la movilidad a otro espacios es una de ellas, aunque no todos están en condiciones de asumir el riesgo. En este punto juega un papel importante la edad, pero sobre todo el estado civil. En las pláticas con ellos, de manera reiterada mencionaban palabras como audacia y aventura; el saberse joven abre mundos, parecían decir, después de todo, movilizarse con fines laborales no significa ir a donde se quiere, porque el rumbo está limitado por las actividades en las que se pueden emplear. Aquí y allá, muchos de ellos saben que los trabajos que pueden encontrar son en la agricultura empresarial de jornaleros, o actividades relacionadas con el campo de la construcción y de los servicios. Para cerrar esta columna refiero una frase que condesa el sentir de muchos y muchas solicitantes de protección internacional que pasan por este sur: “Somos mano migrante nos necesitan, así nos toco nacer”…
Bibliografía
Hernández, L. R. A. y Cruz P. R. (2020). Perfiles y dinámicas y perspectivas en torno a la situación de las personas refugiadas en México. El Colegio de la Frontera Norte (COLEF), ACNUR. México.
[1] Investigador de ECOSUR-Tapachula, colaborador del Observatorio de las Democracias: sur de México y Centroamérica.
[2] Llevado a cabo por El Colegio de la Frontera Norte (El COLEF), el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y Dignidad y Justicia en el Camino A.C (FM4 PASO LIBRE).
A través de estudios de laboratorio se ha detectado en la miel pequeñas partículas de malation, espinosat, organoclorados, glifosato, entre otros
Investigadores de el Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) y la asociación de apicultores de Tapachula, advirtieron sobre la contaminación de miel con residuos de plaguicidas, como consecuencia del uso indiscriminado de agroquímicos en las actividades agrícolas en la región de Soconusco.
Daniel Sánchez Guillén, investigador titular en el Colegio de la Frontera Sur, dio a conocer que a través de estudios de laboratorio han encontrado partículas de malation, spinosad organoclorados, glifosato, entre otros, cuya situación es preocupante.
El entrevistado subrayó que los estudios fueron publicados en el 2018 y 2019, bajo los títulos “agriculture, ecosystems and environment” y “Organochlorine pesticides in Honey and pollen samples from managed colonies of the Honey bee apis mellifera linnaeus and the stingless bee scaptotrigona mexicana guerin from souther México” (Agricultura, ecosistemas y medio ambiente” y “Plaguicidas organoclorados en muestras de miel y polen de colonias manejadas de la abeja melífera apis mellifera linnaeus y la abeja sin aguijón scaptotrigona mexicana originaria del sur de México) que fueron publicadas a través del CONACYT.
Dijo que aunque en el Soconusco se promueve el consumo de miel orgánica en los municipios de la región, es prácticamente imposible producir miel 100 por ciento libre de contaminantes por agroquímicos, como herbicidas y plaguicidas.
Señaló que muchos apicultores promueven prácticas amigables con el medio ambiente en sus apiarios, esto no garantiza que la miel esté libre de partículas contaminantes, ya que las abejas salen a recolectar polen y néctar a una distancia de 3 kilómetros, cuyos lugares son fumigados con estos productos.
Indicó que la presencia de partículas de plaguicidas es inevitable, no solo en la miel sino en los demás productos alimenticios, pero lamentablemente no existe un laboratorio que determine si esas cantidades puedan dañar la salud o que esas partículas que si bien son detectadas en el laboratorio son metabolizadas por el organismo.
“Todo el uso excesivo de agro-tóxicos provoca la mortandad de insectos polinizadores, afectando no sólo la producción de miel; también, de forma paralela y silenciosa disminuye la producción natural de alimentos”, sostuvo.
Por su parte, Bernardo Pohlenz Krause, presidente de la Asociación de Apicultores de Tapachula, afirmó que es terrible lo que sucede con los pesticidas, cuya situación no solo provoca la contaminación de la miel, sino tambien de la comunidad de abejas, prueba de ello es que el año pasado hubo una enorme cantidad de abejas muertas por el uso indiscriminado de estos productos.
Puntualizó que en la zona no hay una institución fitosanitaria que analice las mieles, y eso es todavía más peligroso, ya que, no se sabe con exactitud el grado de contaminación química que tengan la miel de abeja que se cultiva.
“Aquí promovemos el consumo de miel orgánica, pero miel orgánica en la región es básicamente imposible encontrar por el uso indiscriminado de insecticidas. La miel de la zona seguramente está contaminada”, sostuvo.
Además, advirtió que se calcula que la producción de miel disminuyó un 30 por ciento y es cada vez más a medida que avanza el tiempo, debido al uso indiscriminado de químicos y a factores como el cambio climático exceso de lluvias y sequías intensas.
La comunidad de mujeres científicas de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) se unió a la conmemoración del amor y la amistad con la recomendación del libro “Las mujeres y las sombras del amor. De enamorarse como siempre a amar como nunca”, que invita al autoconocimiento y autocuidado de las mujeres.
Blanca Olivia Velázquez Torres y Georgina Sánchez Ramírez son las investigadoras de la Unidad San Cristóbal de Ecosur responsables de la autoría de este libro, “importantísimo aporte para las mujeres; este puede ser leer este libro, comprender este libro, que está escrito con mucho rigor científico, otra forma de concebir una relación”, dijo Velázquez Torres .
La temática es el amor romántico presentado como una construcción social, desde sus orígenes como invención del sistema capitalista, pero desde el contexto de la región, pues incluye testimonios de mujeres de esta entidad.
“Nos podemos ver muy identificadas en el libro, incluso hay un capítulo en el libro que se llama ‘Espejito, espejito’ que tiene toda la intención que las mujeres nos veamos reflejadas en las historias que están narradas en él”, agregó la investigadora.
Por su parte, Georgina Sánchez Ramírez, del departamento Salud Grupo Salud, Género y Desigualdad Social, destacó que “como buena obra científica feminista se empieza con un recorrido histórico, que eso hace el conocimiento, es muy situado de lo que estamos hablando, cómo surgió, cómo se construyó, por qué es un problema”.
Este amor romántico está mostrando desde hace tiempo en todas sus deficiencias, enfatizó Sánchez Ramírez, y no es una cosa menor que en una mala relación imperante donde hay un maltrato que puede resultar en feminicidio, ”que en este país no es un problema menor”.
Explicó que persiste la idea de que relacionarnos amorosamente es abandonarnos y no cuidarnos, por el contrario, se comienza a cuidar del otro; mientras a los varones no se les está educando de la misma forma. “Lo ideal sería es que tú me cuidas, yo te cuido y cada quien se cuida a sí mismo”.
El colonialismo sigue influyendo fuertemente en la ornitología (el estudio de las aves), expresan 128 investigadoras e investigadores de Latinoamérica y el Caribe en dos artículos publicados recientemente en la prestigiosa revista Ornithological Applications y a los que se puede acceder de forma libre y gratuita.
Este grupo de especialistas —entre los que se encuentran profesores e investigadores de tres centros CONACyT (ECOSUR, INECOL y CICESE), seis universidades estatales y la UNAM— señalan que el colonialismo se manifiesta de numerosas maneras en el estudio y la conservación de las aves. Por ejemplo, muchas de las recomendaciones de cómo estudiar o conservar a las especies en América Latina vienen “desde afuera” sin consultar a especialistas locales, hecho que invisibiliza los conocimientos autóctonos de los pueblos originarios, de las comunidades campesinas y de la comunidad ornitológica de los lugares.
Otro ejemplo se muestra en los nombres de las aves. Los pueblos indígenas de América Latina tienden a nombrarlas por su comportamiento (por ejemplo, los tapacaminos de la familia Carimulgidae, que frecuentamente perchan en veredas o caminos), por sus vocalizaciones (“bien te veo”, Pitangus sulphratus, o “pijuy” o “pijuíl” Crotophaga sulcirostris) o la época del año en que están presentes (las migratorias, por ejemplo la “aguililla cuaresmera” Buteo swainsoni), lo que refleja tanto el conocimiento de su ecología o biología como un método inequívoco de identificación de las especies (sus vocalizaciones).
Aquellas con amplia distribución tienen una gran diversidad de nombres, por ejemplo, la pava moñuda o guan (Penelopepurpurascens), es conocida también como pava cojolita, pava crestada, cojolite, ajolite, catita serrana, congona y chonche. En cambio, los nombres en inglés, y cada vez más sus traducciones en español, reflejan categorías taxonómicas amplias y a menudo ambiguas, como su ubicación geográfica general (por ejemplo “Sierra Madre sparrow” o “gorrión serrano” Xenospiza baileyi) o el aspecto de ejemplares de museo (“common yellowthroat” o “mascarita común”, Geothlypis trichas), que no siempre son útiles y que incluso pueden confundir para la identificación en campo.
Los autores y autoras de los artículos, también exponen que el actual sistema de valoración de las contribuciones científicas perpetúa prácticas colonialistas ampliamente extendidas porque utiliza criterios restrictivos —y sesgados hacia el norte— para evaluar la “importancia” y la “novedad” de la investigación. “Aquí en América Latina, en vez de evaluar cuánto aporta un proyecto para conocer y conservar las aves de nuestros países, nos enfocamos en contabilizar el número de artículos que salen en revistas prestigiosas de países ricos, revistas que responden a los intereses y los mercados extranjeros”, explica Ernesto Ruelas Inzunza, uno de los autores y profesor de la Universidad Veracruzana en México.
La hegemonía del inglés, indican los autores, invisibiliza los saberes publicados en los idiomas hablados en Latinoamérica y el Caribe. Le da ventaja, dentro del sistema, a las personas que pudieron pagar costosas escuelas bilingües o clases particulares y perjudica principalmente a investigadores, estudiantes y técnicos que no tuvieron las mismas posibilidades, por lo que el propio sistema circunscribe la producción y acceso al conocimiento a solo una parte de la población, perpetuando inequidades y empobreciendo la ornitología.
Los artículos proponen que los investigadores del Norte Global que realicen estudios en Latinoamérica y el Caribe no solamente obtengan los datos de campo sino que participen en colaboraciones más equitativas, que beneficien a todas las personas involucradas. Piden a toda la comunidad científica a advertir, cuestionar e interrumpir los sistemas que perpetúan las jerarquías de clase, raza, género y geografía en la producción y acceso al conocimiento.
Una de sus recomendaciones es que las instituciones en América Latina financien directamente las revistas regionales y nacionales, brindándoles recursos para implementar y mantener el modelo de Acceso Abierto Diamante, que permite que no se cobre por publicar y que se pueda acceder gratuitamente al conocimiento, en lugar de invertir dinero en pagar las cuotas que cobran las editoriales comerciales. Asimismo, que las instituciones que evalúan el desempeño académico reconozcan el mérito de publicar en revistas nacionales en español de la misma manera que la publicación en revistas internacionales en inglés.
Los artículos también proponen recompensar más a las colaboraciones equitativas y éticamente transparentes y valorar los trabajos con liderazgo compartido. Enfatizan, especialmente, que las personas marginadas dentro de sus propios países ―las mujeres negras e indígenas, las personas trans, las discapacitadas, y las que provienen de entornos familiares y comunidades empobrecidas― deberían participar en el diseño de nuevas políticas científicas y de conservación e idealmente liderarlas.
Las dos publicaciones (Soares et al. 2023, Ruelas Inzunza et al. 2023) comenzaron a gestarse en 2020 como resultado de un proceso de reflexión colectiva sobre los conceptos y la narrativa vertidos en un volumen especial de Ornithological Applications y Ornithology en el que se ofrece una “hoja de ruta” para la Ornitología Neotropical desde una visión sesgada por la lente del Norte Global.
A partir de las discusiones iniciales en pequeños grupos y en redes sociales, se formó un equipo que fue creciendo durante la pandemia hasta incluir a 128 personas de 91 instituciones en 20 países de las Américas. Este grupo tiene una amplia diversidad, e incluye naturalistas, guardaparques, estudiantes y profesores que investigan diversas áreas relacionadas con las aves y que aportaron miradas desde la paleontología, la evolución, la biología de la conservación y la historia natural, entre muchas otras disciplinas.
Los artículos se pueden consultar en:
Soares et al. 2023. Neotropical ornithology: Reckoning with historical assumptions, removing systemic barriers, and reimagining the future. Ornithological Applications. https://doi.org/10.1093/ornithapp/duac046
Ruelas Inzunza et al. 2023. How to include and recognize the work of ornithologists based in the Neotropics: 14 actions for Ornithological Applications, Ornithology, and other global-scope journals. Ornithological Applications. https://doi.org/10.1093/ornithapp/duac047
Para más información contactar a Paula Enriquez (penrique@ecosur.mx) y Jorge Correa (jcorrea@ecosur.mx)