Villahermosa: una nueva crónica de inundación anunciada

Dora Elia Ramos

 

Villahermosa y Tabasco están inundados de nuevo. La ciudad está llena de costales, nadie quiere ver los ríos. Las noticias declaran “lluvias extraordinarias”, “nos inundaron” las presas, la “CFE es culpable” o el neoliberalismo lo es. En comparación con 2007, esta vez se extraña culpar a la “luna de octubre”. Lo cierto es que hoy, así como en 1999, 2007 o 2009, se tiene una nueva crónica de inundación. Acá se intenta explicar que las dos últimas de 2020, son iguales que las anteriores: inundaciones anunciadas.

Tabasco (en gris en el gráfico 1) está en la parte baja de la cuenca Grijalva-Usumacinta, la que, de acuerdo con CONAGUA, concentra dos terceras partes del agua renovable del país. Junto con parte de Chiapas, la cuenca incluye no solo territorio de México sino buena parte de Guatemala y hasta Belice. La cantidad de agua en los ríos y humedales de Tabasco resulta de sus propias lluvias, más los escurrimientos de las sierras chiapanecas y guatemaltecas cercanas al Pacífico y las del Petén de Guatemala y Belice.

Gráfico 1

Gráfico 1

Elaborado por Gerardo M. Williams Jara; reproducido con autorización.

La condición tabasqueña de tierras bajas requiere de una metáfora para entenderse: los ríos y los humedales son como pulmones; en las épocas de secas se vacían y en la época de lluvias se expanden. Esas dos temporadas marcan los tópicos y también los pulsos de agua, pero dimensionarlo no es fácil. Para lograrlo, el gráfico 2 (de Alex Horton) describe cómo sucede. Ahí, con datos de 55 años (1959-2014) sobre el caudal de una sección del río Usumacinta, se ilustra la cantidad de agua que lleva este río cada mes; la línea punteada azul es la media anual. Entonces, claramente se identifican abril o mayo como los meses secos. Pero al revisar la zona gris del gráfico notaremos otro asunto: hay años en los que lo valores máximos son muy altos y en otros no. Por ejemplo, un registro de octubre con una descarga de 9,000 m3/s se resalta en el gráfico con un círculo y, en ese mismo mes pero de otro año, apenas se tuvieron 1500 m3/s —marcado con un tríangulo—. Esos pulmones se expandieron muchísimo para aguantar los 9000 m3/s y ni necesitaron replegarse para una siguiente época de secas, cuando tuvieron 1500 m3/s.

Gráfico 2

Gráfico 2

Elaborado por Alex Horton con datos de Conagua. Reproducido con autorización.

Por ello es que los humedales y ríos no tienen el mismo pulso cada año: algunas veces, por ciertas razones, hay más lluvias y se expanden mucho. En este gráfico 2 también aparecen unas líneas de colores. Alex y otros colegas identificaron que entre más vegetación existe en la cuenca del Usumacinta los escurrimientos que llegan a una parte del río son diferentes, puesto que el agua se queda en las montañas. La línea en rojo muestra cómo se puede incrementar la media de escurrimiento si disminuimos la vegetación.

Es decir, ahora entramos en un asunto que va más allá del fenómeno natural de las lluvias y los escurrimientos. La vegetación que existe en esa cuenca es resultado de muchas decisiones personales y de gobierno. No se discutirán aquí ahora, pero es bueno subrayar que la cantidad y tipo de vegetación inciden en la cantidad de agua que llega a los ríos y humedales de Tabasco. Y entre más vegetación arbórea tengamos en toda la cuenca, los ríos y humedales tendrán menos agua.

Entonces, teniendo claro: 1) el funcionamiento —replegarse y extenderse— de los ríos y humedales y, 2) las grandes diferencias anuales de lluvias y escurrimientos; puede comprenderse por qué mucha de la zona urbana de Villahermosa queda a merced de las inundaciones. Así, cada año la ciudad puede enfrentar una nueva crónica de inundación anunciada.

Villahermosa es una ciudad que refleja el proceso de modernización del trópico mexicano: un lugar que debía convertirse en granero del mundo y en donde se materializó la gran extracción petrolera mexicana desde 1970. La ciudad pasó de ser un pueblo de personas dedicadas al comercio, al corte de madera, a la producción de plátanos, a la pesca y caza; donde la vida transcurría al lado y a través de ríos, riachuelos y lagunas; donde la arquitectura tradicional y el vestuario reflejaban los efectos incesantes de las inundaciones; para convertirse en una ciudad rodeada de carreteras, periféricos y calles, donde buena parte de sus humedales, lagunas y ríos fueron rellenados o reconducidos y controlados por presas. Se convirtió en una ciudad que brinda servicios citadinos a quienes trabajan en la extracción y transformación petrolera cercana, en el comercio y la ganadería.

Ilustración: Kathia Recio

Antes de este intenso proceso de modernización, Villahermosa estaba aislada de México, encerrada entre ríos, humedales y selvas. Para 2020, está más conectada que nunca por tierra; pero ahora se encuentra encerrada bajo una crisis de esta modernización: las inundaciones. Sí, una modernización impulsada por las ideas de control del trópico y el dinero del petróleo mexicano.

Y, ¿qué podemos tener más moderno que controlar los ríos por medio de las presas? Así se hicieron cinco sobre el río Grijalva y le dieron esa viabilidad como ciudad; le aseguraron un control de inundaciones para el crecimiento urbano en las décadas de 1960-1980… pero que hoy la inundan. ¿O qué más moderno que controlar el trópico por medio de la agricultura? Lo cual destrozó sus selvas y deforestó la cuenca, que hoy escurre más que nunca y apenas mantiene a una modesta agricultura, a una precaria ganadería y a incipientes plantaciones forestales. ¿Y qué decir de la moderna extracción de petróleo, que le dio dos grandes y tremendos impulsos a su economía, la llenó de migrantes y reconfiguró su trazo, pero hoy la contamina y la hace vivir al vaivén de sus precios?

El esfuerzo persistente con el que Tabasco y Villahermosa se enfrentan a las condiciones tropicales y orográficas hoy es un buen ejemplo de su propia derrota. Quienes vivimos en Tabasco, ¿somos culpables?, ¿estamos así por nuestros propios pecados? ¿O nos inundaron? Nos fuimos a vivir en esas tierras “ganadas” a los humedales a costa de rellenos y, hoy, ante las intensas lluvias, estos se expanden. ¿Nos faltan bombas para sacar el agua de ahí o son quienes controlan las presas los que nos inundan o el cambio climático es el culpable?

¿Hay futuro aquí? Dejar el futuro de Tabasco en manos de la ingeniería no fue ni será la solución. Tampoco lo es dar $10,000 a cada hogar damnificado. Pero, ¿hay una mejor respuesta? Pues sí, donde siempre estuvo: en el manejo ciudadano de las aguas en las que vivimos, en el conocimiento y monitoreo del sistema hídrico del que formamos parte. En realizar acciones vistas de manera integral, en comprender el trópico.

Casa damnificada censada.
Fotografía: Jari Gunnar, reproducida con autorización

En Villahermosa no estamos condenados a inundarnos, mas sí debemos revisar cómo y dónde construimos nuestras casas y negocios, dónde plantamos o cortamos árboles, qué carretera o camino hacemos. Es urgente repensar los ríos como lo que son: caminos que se mueven. El agua está aquí, se repliega y expande, no la podemos borrar. Las causas y consecuencias de las inundaciones se viven de manera diferenciada. Aun cuando los ricos y pobres se inundan, unos y otros aprenderán de la experiencia, pero es necesario hacerlo rápidamente y distribuir socialmente esos éxitos y fracasos.

En resumen, vivir en Tabasco y en Villahermosa requiere de comprender al trópico, de convivir con el agua, de levantarnos y reconstruir de una manera más inteligente. Requiere no perder de vista que tenemos agua y esa es una virtud. Vaya, un reto para el siglo XXI.

 

Dora Elia Ramos
El Colegio de la Frontera Sur.

Gracias al Centro Documental de Estudios sobre el Agua, Villahermosa, Tabasco.

 

Referencias

Horton A, Nygren A, Diaz-Perera M and Kummu M. (2020) Flood severity along the Usumacinta River, Mexico: identifying the anthropogenic signature of tropical forest conversion. Earth and Space Science Open Archive, 32 [preprint]

Ramos Reyes, R., y Palomeque de la Cruz, M. Ángel. (2019). La gran inundación del 2007 en Villahermosa, Tabasco, México: antecedentes y avances en materia de control. Anales De Geografía De La Universidad Complutense39(2), 387-413. https://doi.org/10.5209/aguc.66944

Conferencia de Miguel Angel Díaz Perera, aquí.

Río Usumacinta.

 

 

TEXTO PUBLICADO EN

Villahermosa: una nueva crónica de inundación anunciada