El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) informó que Yenifer Herrera Varon, estudiante de la Maestría en Ciencias en Recursos Naturales y Desarrollo Rural de la Unidad San Cristóbal, ha sido galardonada con una de las prestigiosas becas del Fondo Colombia Biodiversa.
La investigación, que destaca por su rigor científico en el área de la biodiversidad, fue seleccionada entre un total de 65 propuestas provenientes de 33 universidades distintas.
Herrera Varon se posiciona así como una de las cinco beneficiarias de este apoyo diseñado para fomentar el conocimiento y uso sostenible de la riqueza biológica colombiana.
El estudio se centra en una de las interacciones ecológicas más fascinantes de los bosques húmedos tropicales: el vínculo entre aves insectívoras y enjambres nómadas de hormigas guerreras.
Según las observaciones preliminares de la investigadora, la intensa actividad de desplazamiento de estos insectos provoca el pánico entre otras especies de invertebrados. Este caos es aprovechado estratégicamente por diversas aves que siguen a las hormigas para capturar presas que intentan huir del avance del enjambre.
Bajo la dirección de la investigadora de Ecosur, Paula Enríquez Rocha, el proyecto busca descifrar cómo estas aves logran coexistir sin entrar en conflicto constante por el alimento.
La ecología sugiere que esta armonía se logra mediante el “reparto de recursos”, ya sea alimentándose en horarios distintos, ocupando estratos diferentes del bosque o aplicando tácticas de caza variadas.
El trabajo de campo se llevará a cabo en la Reserva Natural La Isla Escondida, situada en los bosques andino-amazónicos de Orito, Putumayo. Esta región es considerada un punto crítico y estratégico para la conservación debido a su altísima densidad de especies y su ubicación de transición biológica.
El arrecife no cría a sus hijos en casa. Los arroja por millones al mar abierto, cobijados por la oscuridad de la luna nueva. Durante días, las larvas de diferentes especies viajan como viajan los pueblos desplazados, empujados por fuerzas que no controlan. No conocen fronteras y aun así las cruzan. No saben que pertenecen al arrecife más grande de América, el Sistema Arrecifal Mesoamericano, ni que durante su desarrollo migrarán entre cuatro países hasta asentarse entre sus grietas.
El viaje comienza cuando los adultos reproductores liberan huevos al mar. De ellos emergen larvas microscópicas que pasan días en la columna de agua, viajando con las corrientes. Más tarde, esos organismos se convierten en postlarvas, juveniles tempranos que ya tienen una fisiología apta para autodeterminarse –como ojos, oídos y estómagos funcionales– y dejan de ser solo arrastradas para empezar a buscar activamente dónde asentarse.
Lourdes Vásquez Yeomans entiende al arrecife desde su infancia. Originaria de Sonora y criada en Baja California, estudió biología y posteriormente ecología marina especializándose en las fases tempranas del ciclo de vida de los peces arrecifales. Se capacitó en Miami con el doctor William Richards, pionero en el estudio e identificación de huevos y larvas de peces. Llegó al Caribe hace unos 34 años y formó parte del grupo de investigadoras que fundaron la sede de El Colegio de la Frontera Sur en Chetumal (ECOSUR), Quintana Roo.
La Península de Yucatán, donde se localiza el 60 por ciento de los manglares de México -alrededor de 4 millones 800 mil hectáreas-, con servicios ecológicos vitales para el funcionamiento de los ecosistemas, está en un punto crítico para su conservación, afirmó el investigador de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), Everardo Barba Macías.
No obstante el panorama, agregó: “Nosotros estamos en un muy buen momento para conservar y rescatar los humedales que tenemos; es un esfuerzo colaborativo entre Gobierno, ciudadanía y la academia”.
Destacó algunas iniciativas para la protección de los humedales como “iNaturalist”, “EcoBank”, “Tsonot y Cenoteando” que promueven el monitoreo participativo y el registro de especies a través de fotografías de dispositivos móviles. Otros ejemplos son “Big Seaweed Search MX”, enfocado en el sargazo, otra de las amenazas de la costa, y el Proyecto ACCIÓN, dedicado a la restauración de manglares.
Y es que México ocupa el segundo lugar mundial en Sitios Ramsar con 142 humedales de importancia internacional, los cuales abarcan una superficie de más de 8.6 millones de hectáreas; el inventario nacional identifica también más de 6 mil complejos de humedales que protegen una gran biodiversidad, incluyendo manglares, ciénegas y oasis. Los Sitios Ramsar son humedales de importancia internacional reconocidos por la Convención de Ramsar (años de 1971) por su valor ecológico, biodiversidad y provisión de servicios ecosistémicos, abarcando pantanos, manglares, ríos y lagos protegidos.
Durante su aportación como parte de las acciones de divulgación del Sistema de Investigación, Innovación y Desarrollo Tecnológico del Estado de Yucatán (Siidetey), el especialista explicó que los humedales funcionan como filtros naturales del agua; retienen sedimentos y contaminantes; actúan como barreras naturales ante tormentas y huracanes; y contribuyen a regular el clima mediante la captura de carbono atmosférico.
Desde su experiencia de más de 25 años en proyectos como el Atlas de los humedales del sur-sureste y sus amenazas, así como estudios recientes sobre percepción social y captura de carbono en humedales urbanos en Tabasco, Barba Macías dijo que el sureste de México concentra cerca del 30 por ciento de los recursos hídricos y el 16 por ciento de los humedales, relación que exhibe la importancia de estos ecosistemas.
El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) forma parte de un cuerpo colegiado de 18 instituciones que respaldan estudios del Siidetey, con el objetivo de fortalecer la generación y divulgación del conocimiento científico en Yucatán.
Humedales en Yucatán
Tan sólo en Yucatán, los humedales abarcan más de 600 mil hectáreas incluyendo manglares y ciénagas que están en condición de alto valor ecológico pero, al mismo tiempo, resienten una fuerte presión antrópica, o sea, producción o modificación, mediante una intensa actividad humana. Aunque protegidos en sitios como Ría Lagartos y Celestún (zonas costeras al oriente de la entidad), sufren contaminación por residuos, urbanización desmedida, actividades agroindustriales (porcícolas) y cambios de uso de suelo.
Según estudios de la Secretaría de Desarrollo Sustentable (SDS) de Yucatán, entre las principales amenazas para los humedales están la contaminación, ya que la alta permeabilidad del suelo cárstico local permite que la contaminación por residuos, agroindustria y aguas residuales afecte fácilmente el manto freático y los humedales costeros, y el desarrollo inmobiliario que impacta la conservación de los humedales porque el cambio de uso de suelo reduce la extensión de los manglares, vitales para capturar carbono y proteger la costa, señala la SDS.
El doctor de teología, Carlos Mendoza, narró su experiencia dando clases en el Boston Collage, una universidad privada de Estados Unidos dirigida a élites, en la que los estudiantes blancos cada vez más reproducían los discursos del actual presidente del país vecino, Donald Trump.
En el marco del seminario institucional “¿Cómo construir pactos no patriarcales?” organizado por El Colegio de Frontera Sur (Ecosur), Carlos Mendoza, señaló que los profesores extranjeros que mostraban una postura crítica ante el gobierno estadounidense sufrieron de censura explicita e implícita porque eso podía dañar el prestigio de la institución y por ende, su financiamiento.
Indicó que el gobierno de Donald Trump encarna un modelo de religión patriarcal. Al respecto, mencionó a la que fue asesora del presidente, Paula White, pastora y telepredicadora, quien tiene una lectura fundamentalista de la biblia, señaló el también obispo.
Con el objetivo de derribar estereotipos y acercar el conocimiento a la juventud, se llevó a cabo con éxito el Festival de la Mujer y Niña en la Ciencia, que logró convocar a 19 instituciones educativas y de investigación, transformando el aprendizaje en una experiencia lúdica y accesible para cientos de estudiantes.
La jornada contó con la presencia de referentes científicos como: El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR), Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), así como el COBACH y Blueworld Aquarium, entre otros.
La doctora Leslie Solís Montero, investigadora de ECOSUR, destacó que los asistentes al Planetario pudieron sumergirse en el mundo de la investigación mediante actividades dinámicas. Desde el estudio de mosquitos, hongos y plantas, hasta presentaciones de títeres y eventos culturales, el festival demostró que la ciencia no tiene por qué ser rígida.
La doctora Solís, quien también forma parte del programa Investigadoras por México, señaló una realidad preocupante: la participación femenina disminuye conforme se avanza en los niveles educativos.
«A medida que se avanza, el número de mujeres disminuye debido a diversos desafíos. Este foro pretende inspirar a las niñas, mostrándoles con ejemplos reales que es posible alcanzar sus metas en la investigación», afirmó Solís.
Este 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, como un medio para promover vocaciones científicas y para visibilizar el trabajo de las mujeres en la ciencia. Sin embargo, más allá de la celebración protocolaria al que invita desde hace una década la UNESCO, surge una necesidad imperante en el ecosistema académico mexicano: desmitificar y “desromantizar” la fecha.
Sarai Miranda Juárez, Doctora en Estudios de Población por El Colegio de México e investigadora adscrita a El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), trabaja directamente con las realidades del sureste mexicano, enfocándose en temas de violencias de género y desigualdad.
Para la científica social, en esta fecha es común el cuestionamiento de “¿qué le recomendarías a una niña si quiere ser científica?”, una pregunta que tiene un trasfondo estructural mayor. “En estas sociedades adultocéntricas las niñas no tienen el suficiente poder para que por ellas mismas hagan una carrera científica y, como dice Beatriz, se convierte en el recorrido de caminos excepcionales. Es por eso que el Estado y la sociedad deben poner las condiciones para que eso suceda”.
Pero una vez que las jóvenes logran desarrollar una carrera académica o científica, deben de enfrentar otro tipo de violencia, a veces sutiles y en ocasiones cínicas, como nos relata en la siguiente experiencia:
“Desde que entré como Investigadora por México, cuando tenemos reuniones de trabajo en equipo con colegas varones, es común que me piden una opinión y después la repiten sin darme el crédito. Eso lo han documentado algunas científicas sociales y se llama el plagio de ideas en realidad; cuando las dice un hombre no es necesario que diga quién es el autor o la autora, mientras que a nosotros los estándares son más altos para las mujeres. Eso es el pan de todos los días en este sistema: Los colegas, por más que digan que están preparados, no están listos para que las mujeres sean una potencial competencia para ellos”.
Con la finalidad de destacar el papel de las mujeres e inspirar a las nuevas generaciones, El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) en coordinación con otras instituciones realizarán el cuarto Festival de la Mujer y la Niña en la Ciencia 2026.
Arian Dor, investigadora comisionada de Ecosur, invitó a la población a participar en el 4o Festival de la Mujer y la Niña en la Ciencia, el cual se llevará a cabo el miércoles 11 de febrero en el Planetario de Tapachula.
Dijo que el festival se realizará de las 9 de la mañana a las 2 de la tarde, y la entrada será gratuita, por lo que han invitado a escuelas del Soconusco.
Durante los últimos cinco años, la violencia en Chiapas ha mostrado un comportamiento cambiante. Las regiones que durante años concentraron los mayores niveles de riesgo dejaron de ser las únicas zonas en disputa, mientras nuevos corredores comenzaron a registrar hechos armados, operativos de gran escala y presencia de grupos delictivos, así lo indicó Gerardo Alberto González Figueroa, investigador de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur).
De acuerdo con fuentes policiales en 2023, la violencia criminal en el estado de Chiapas se agudizó debido a la presencia de grupos criminales, principalmente el Cártel de Sinaloa, Cártel Chiapas y Guatemala y el Cártel Jalisco Nueva Generación. Entre 2020 y 2025, el estado acumuló al menos 3 mil 231 víctimas de homicidio doloso, de acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP): 467 en 2020, 502 en 2021, 428 en 2022, 571 en 2023, 894 en 2024 y 369 en 2025.
El investigador señaló que este comportamiento no solo refleja variaciones en la incidencia del delito, sino una reconfiguración territorial de la violencia, que pasó de concentrarse principalmente en la Sierra fronteriza con Guatemala y se extendió hacia regiones del Valle Central, la Costa y los corredores que conectan con Oaxaca.
Con el firme propósito de exaltar el trabajo y la participación de las mujeres en la ciencia, investigadores de El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR), llevarán a cabo el cuarto Festival de la Mujer y la Niña en la Ciencia en 2026, informó Lislie Solís Montero, integrante de Investigadores por México.
Destacó que esta actividad se realizará el 11 de febrero, en las instalaciones del Planetario del COBACH, de 9 a 2 de la tarde
Este evento se ha consolidado como un espacio clave para destacar el papel esencial que desempeñan las investigadoras en el avance del conocimiento científico y tecnológico.
Cada vez hay más actividades que están dejando de ser un terreno exclusivamente masculino.
Bajo esta premisa, el Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) impartió recientemente una capacitación clave sobre el “Manejo del fuego con perspectiva de género y prevención de la violencia”, dirigida a brigadas comunitarias de la Meseta Comiteca Tojolabal.
Este esfuerzo busca que la integración femenina no sea sólo una cifra, sino un cambio estructural en la cultura laboral del sector.
La relevancia de este entrenamiento cobra fuerza tras la reciente contratación de dos brigadas comunitarias por parte de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), las cuales ya incluyen formalmente a cuatro mujeres brigadistas.
La capacitación no se limitó a técnicas de combate, sino que abordó las raíces de la desigualdad. Elizabeth García Cervantes, titular de la Unidad de Género e Inclusión de Ecosur, y Nissi Jetzahel García Hernández, de la Gerencia Nacional de la Conafor, lideraron módulos críticos como estereotipos de género y brechas de género en el manejo del fuego.
A pesar de estos avances el panorama nacional revela una brecha profunda. Los datos a 2025 muestran que la participación femenina en los cuerpos de respuesta a emergencias sigue siendo una excepción y no la regla.
En 2025 la encuesta sobre ocupación y empleo reveló que había un total de 20 mil 600 personas laborando como bomberos, de los cuales sólo el 4.2 por ciento, es decir, menos de mil personas, eran mujeres.
En el resto del país la geografía de la inclusión es sumamente desigual. Mientras que la Ciudad de México se posiciona como el referente nacional con más de 400 bomberas en activo, en estados como Chiapas la presencia femenina es, hasta ahora, casi simbólica, contando con no más de 10 elementos en diversas corporaciones.