Reflexionan sobre el paro de mujeres del 9 de marzo

El 13 de marzo en la Unidad San Cristóbal de ECOSUR se realizaron dos actividades para continuar la conmemoración del día internacional de la mujer: el foto-mural denominado “Mujeres en la ciencia” y el conversatorio ¿Qué paso el #9M? La exposición está integrada por fotografías de estudiantes, investigadoras, técnicas, administrativas que dan cuenta y visibilizan los aportes que cada una de ellas realiza para el sostenimiento la ciencia y de un centro de investigación como ECOSUR. Durante la inauguración, estudiantes de posgrado dijeron que es importante que la comunidad reflexione sobre las situaciones “incómodas, indeseadas y peligrosas” que enfrentan las estudiantes y las investigadoras en sus salidas a campo y dentro de la propia institución.

En el conversatorio participaron Sarai Miranda, Juan Iván Martínez, investigadora de Cátedras Conacyt y técnico académico, así como Diana Trevillo y Francisco Torres, estudiantes de doctorado y de maestría, respectivamente, con el objetivo de reflexionar sobre el paro de mujeres convocado el 9 de marzo en México.

Al iniciar el evento, Angélica Aremy Evangelista, investigadora del grupo “Estudios de género” comentó que la convocatoria al paro internacional de mujeres es una iniciativa que tiene mucho tiempo. La primera vez que se convocó fue en 1911 cuando Alemania, Dinamarca, Austria y Suiza conmemoraron por primera vez el día de la mujer trabajadora. En 1975, año en que la ONU declaró el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, el 24 de octubre en Islandia hubo una huelga de mujeres, en la que 90% de las mujeres abandonaron sus trabajos en protesta por la desigualdad salarial. El 8 de marzo de 2017 ocurrió el Primer Paro Internacional de Mujeres, al que se sumaron mujeres de 50 países con diversas consignas, pero con un motivo común que es la lucha contra la desigualdad de género.

Señaló, respecto a la convocatoria del paro del #9M en México, que nació de un colectivo feminista “las brujas del mar” que tiene su sede en Veracruz, que hubo una gran respuesta debido a que se hizo en el contexto de dos feminicidios que tuvieron gran impacto en nuestra sociedad, el de Ingrid Escamilla y el de la niña Fátima. Nos convocaron a “no existir”, a través del hecho de no consumir, no ir a la escuela o al trabajo, como un mensaje contundente ante la indiferencia del gobierno y de la sociedad frente al hecho de que en 2019 fueron asesinadas 3825 mujeres en México, 7% más que en 2018, expresó. “El paro ha sido una medida histórica que ha usado la clase trabajadora en contra de la explotación capitalista y que ahora usamos las mujeres también en contra de la subordinación de género”, explicó la investigadora de ECOSUR.

¿Qué pasó el 9 de marzo?

Adriana Alvadora, estudiante del doctorado de ECOSUR y moderadora del debate, inició la discusión preguntando qué pasó el 9 de marzo.

Sarai Miranda comentó que es muy pronto para ver los efectos del Paro del 9M, sin embargo, comentó que la Cámara Nacional de Comercio dio cuenta de algunos de los efectos del paro, el 55% de los bancos tuvieron que cerrar debido a que no estaban en condiciones de brindar sus servicios únicamente con el personal masculino. Según esta Cámara, hubo 34 mil millones de pesos de pérdidas, 77.6% en el trabajo remunerado y 33% en el trabajo doméstico y de cuidados. Desde su perspectiva algo importante de la marcha del #8M fue su poder de convocatoria, tanto que se considera una marcha histórica y que incluso la están llamando la Revolución de las Jacarandas, debido a que la ciudad de México, donde la marcha fue más masiva, está llena de estas flores. Algo que ella ve importante es que la marcha y la concentración de las mujeres ha logrado incomodar a los hombres, aunque reconoció que desafortunadamente de la incomodidad surge más violencia, lo cual es lamentable, pero se sabe desde el feminismo que la violencia es la respuesta hasta que se toma conciencia y se cambian los mandatos de género. Comentó que hay varones que dicen “yo no soy violento, mejor no me meto, me mantego neutral”, lo cual es una forma de indiferencia e incluso que los hombres no vayan a espacios como este foro es una forma de violencia, pues es una manera de invisibilizar a las mujeres y no escuchar su voz. Dijo que se esperaría que haya una reflexión por parte del estado para garantizar los derechos de las niñas y las mujeres, y básicamente el derecho a una vida libre de violencia, que es uno de los más vigentes y que se transgrede tanto en los espacios públicos como en los privados, y en ese sentido comentó que es importante que instituciones de educación superior realicen acciones concretas como sancionar el acoso y el abuso, porque parece que sigue habiendo complicidades patriarcales y políticas que no permiten que se castigue.

Diana Trevillo, estudiante de doctorado, señaló que la movilización del 8M fue muy importante para México, lo que no significa que no exista preceden de otras movilizaciones de mujeres en nuestro país, sin embargo, desde su percepción en esta marcha participaron más mujeres que en otros momentos, tal vez movidas por lo que sienten y por lo que sentimos, “lo que sentimos es enojo, lo que sentimos es miedo, lo que sentimos injusticia y lo que sentimos es no más indiferencia a lo que nos pasa”.

Juan Iván Martínez, técnico académico del grupo Estudios de Género, comentó que según lo que vio en las calles, en los medios, las redes y en ECOSUR, los hombres pusieron más atención a esta marcha y al paro en que en otros años. Él pudo identificar dos reacciones, hombres que mostraron empatía, algunos una empatía solidaria con la causa de las mujeres y otros una empatía más paternalista que se expresó con frases como “nosotros sí las apoyamos, nosotros sí las ayudamos, yo estoy en contra de esto, ayudo a mi esposa”, pero sin bajarse del escalón de superioridad en el que están. Por otro lado, percibió sorna y ridiculización del movimiento feminista expresadas con burlas, desestimación, insultos e incluso con el asesinato de mujeres participaron en las marchas, “los dicursos de odio se mantiene vigentes y muy fuertes”. Asimismo, expresó que identificó miedo de los hombres de aparecer en los tendederos que realizaron estudiantes en varias universidades y que eso genera reacciones de odio.

Franciso Torres, estudiante de maestría, señaló que el día del paro se reunieron 32 hombres de la institución —estudiantes, técnicos e investigadores— para reflexionar sobre la violencia que viven las mujeres incluso en los espacios académicos y sobre sus privilegios como hombres. Dijo que los hombres reconocieron y comprendieron la ausencia de estudiantes y tabajadoras, y que también les sirvió para valorar la presencia de las mujeres.

A la pregunta ¿Qué sigue?

Sarai Miranda comentó que el cambio social solo se da a partir del conflicto y que a las mujeres les toca seguir exigiendo sus derechos. En ECOSUR necesitamos seguir movilizándonos y seguir fomentando la cultura de la denuncia, porque de acuerdo a lo que ha visto las estudiantes y mujeres denuncian hasta que ya no tienen nada que perder y es necesario que las mujeres que se atreven a denunciar se sientan acuerpadas y con la seguridad de que no habrá repercusiones. Asimismo, comentó que tendría que haber mecanismos institucionales para que los profesores asistan a eventos como el foro porque mantenerse neutros es seguir solapando las desigualdades de mano de las violencias.

Diana señaló que si no fuera por las mujeres asesinadas y las denuncias de estudiantes no estaríamos reflexionando sobre estos temas en ECOSUR, y habló de la importancia de las redes que han tejido las estudiantes de posgrado para sentirse respaldadas y nombrar las violencias que enfrentan en la institución, como el acoso.

Juan Iván dijo que lo que toca a los hombres es rehabilitarse, pues la buena fé no basta y es necesario que desaprendan la masculinidad tradicional. Asimismo, que quienes estén en cargos directovos los utilicen para hacer cambios que garanticen la perspectiva de derechos, y para transitar del poder sobre las mujeres al poder con las mujeres.

Al final una estudiante sugirió que además de los mecanismos institucionales que existen para atender las denuncias por violencia de género debería haber acciones proactivas pata tener un diálogo abierto en temas de género. Angélica comentó que es importe reconocer la institucionalidad y dado que las personas construimos las instituciones, podemos lograr que ellas tengan un rostro de derechos humanos y de igualdad de género.

Georgina Sánchez señaló que es importante trabajar en una cultura de género y tengamos puntos de encuentro, aunque nos movamos en diferentes espacios, así como reconocer el trabajo que se ha realizado desde la institucionalidad para transformar a ECOSUR. Señalo que los hombres necesitan seguir trabajando desde sus masculinidades y las mujeres nuestra sororidad y machismos internos. Concluyó con la frase de Marcela Lagarde que dice que las mujeres tenemos que ser “insistencialistas”.