Nuevas prácticas sociales replantean el concepto de masculinidad en la sociedad mexicana

En el marco del III Congreso Mexicano sobre Mobbing y otras formas de violencia en instituciones, se dictó la conferencia magistral “Masculinidades: violencias, no violencia y solidaridad de género” por el Dr. Rafael Montesinos Carrera, profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa y del Observatorio Nacional sobre Violencia entre Hombres y Mujeres (ONAVIHOMU).

Él señaló que a través de un complejo proceso social se construyeron las nuevas identidades femeninas como entidades individuales y colectivas que a medida participan en el poder y tanto en el espacio privado como en el público, lo que obliga al género masculino replantear su tradicional identidad genérica la cual el imaginario colectivo aún intenta mantener. Sin embargo, se está ante un cambio cultural el cual está acompañado de una crisis económica y política que modifica las bases materiales y simbólicas sobre las que descansaba el principal referente de la identidad masculina: su rol como proveedor de la familia.

Indicó que en la sociedad existen rasgos genéricos tradicionales muy marcados del ser mujer y del ser hombre. “En el espacio privado el ser mujer está asociado al trabajo no remunerado, al ser madre, esposa, dependiente, sumisa, pasiva, débil, miedosa, sin realización personal, sentimental, intuitiva, virtuosa, con necesidad de amor, fiel y dispuesta. Mientras que en el espacio público ser hombre está relacionado con el trabajo remunerado, ser proveedor económico, autónomo, activo, competitivo, fuerte, protector, con deseo de poder, ambicioso, inteligente, racional, obsceno, promiscuo, con doble moral y sexualmente insaciable”, mencionó.

Señaló que, en el caso de las mujeres mexicanas, para revertir esta cultura tradicional inculcada por años, cada vez más adoptan el rol de ser autosuficientes, disminuir el número de hijos, acceder a la educación superior y asumir su derecho a una vida habitable.

Las nuevas prácticas sociales entre los géneros están llevando a los hombres a expresiones híbridas y a una crisis de identidad en la que se debaten entre referentes simbólicos del pasado y los nuevos valores que emergen con el cambio cultural.

Desde su perspectiva, en la sociedad mexicana existen formas de ejercer la masculinidad siempre ceñidas a una relación con la pareja y su familia que se mueven entre formas de masculinidad tóxica (el machismo) y formas de masculinidad solidaria, cifradas en el respeto y cariño hacia la pareja y la familia.

Esto implica considerar a la masculinidad vinculada y asociada a la figura del macho, colapsada por la crisis económica que se vive en sociedades como la mexicana, además otra que simplemente se adapta a las nuevas circunstancias económicas, políticas y culturales que vive el mundo occidental.

El experto en temas de masculinidad mencionó que dicha crisis obedece al resquebrajamiento del estereotipo tradicional del ser hombre, es decir, el que está asociado al ejercicio autoritario del poder en contra de la mujer; el avance en la construcción de sociedades cada vez más democráticas y la emergencia de nuevas identidades femeninas, mujeres con poder, que al lograr su autonomía económica emergen también como figuras cuestionadoras de la capacidad proveedora del varón y su superioridad.

Señaló que es imposible quedarse con la versión de que sólo existe la mujer víctima, en la actualidad la presencia de mujeres con poder adquiere cada vez mayor significado: políticas, funcionarias, empresarias, ejecutivas, intelectuales, artistas, deportistas, entre otras. Lo que significa un referente para superar la restringida visión sobre la persistencia de la división sexual del trabajo, del sometimiento generalizado de la mujer, aun en las mejores condiciones alcanzadas por los principios democráticos.