Nathan Einbinder obtiene grado de Doctor en Ciencias con tesis sobre agroecología en la periferia: un caso de Baja Verapaz, Guatemala

Nathan Einbinder Looney, estudiante del doctorado en Ciencias en Ecología y Desarrollo Sustentable con orientación en Agroecología y Sociedad (Generación 2016 – 2019) en la Unidad San Cristóbal, obtuvo el grado de Doctor en Ciencias con la tesis denominada Agroecología en la periferia: un caso de Baja Verapaz, Guatemala.

En las últimas dos décadas la agroecología ha sido reconocida como una alternativa viable al destructivo modelo agro-industrial. Basada en una mezcla de saberes locales y científicos, la agroecología apunta a principios más que a recetas; procura la transformación del sistema alimentario hacia un aumento de la diversidad, el rediseño de los agroecosistemas, sobre la base de los recursos locales y la naturaleza, y fomenta los movimientos sociales en torno a la producción familiar.

Pese a que abundan las evidencias que confirman sus beneficios y tiene el respaldo de una amplia gama de organizaciones en todo el mundo, la agroecología aún no se practica en amplios territorios. Las barreras que han sido identificadas, generalmente, tienen que ver con la falta de organización, a políticas adversas; así como afirmaciones equivocadas con respecto a su eficiencia, falta de acceso a los recursos por los campesinos y la pobreza extrema, entre otras. No obstante, hay mucha información que todavía no conocemos sobre el por qué hay territorios donde la agroecología florece y otros donde no.

Esta investigación pretende contribuir a entender mejor cómo la agroecología florece en algunos territorios a pesar de que todas las circunstancias parecen ir en contra. Este es el caso del territorio Maya-Achí, Guatemala, una región que pese a la marginación y represión histórica, la falta de tierras y con una política hostil, alberga un movimiento agroecológico importante. A partir de métodos etnográficos se muestran diversas motivaciones de las familias campesinas para el cultivo agroecológico y se documenta el papel de decenas de organizaciones

gubernamentales y de la sociedad civil que desde hace algunos años promueven la agroecología.

Las conclusiones sugieren que la fuerte relación entre la agroecología y la cultura ancestral Achí es una de las principales motivaciones para practicar la agroecología. Muchas de las prácticas agrícolas ancestrales se enfocan en mantener la agrobiodiversidad y un suelo vivo y sano, lo que les permite mantener una vida digna, el Utziil k’asleem, para caminar el territorio en armonía y fortalecer los lazos con sus vecinos.

Es de celebrar que la mayoría de las organizaciones que trabajan en la zona han dejado atrás la agricultura basada en agroquímicos y promueven prácticas agroecológicas. Lamentablemente, la mayoría de estas siguen ignorando las prácticas y conocimientos locales, y promueven recetas de otros lugares. Las familias campesinas Maya-Achí son grandes experimentadoras y les gusta probar nuevas prácticas ante el cambio climático y sus nuevos estilos de vida, pero también se cansan de probar técnicas que requieren mucho trabajo o inversión económica que luego descubren no están adaptadas a sus suelos, clima y modos de vida, y que podrían provocar una erosión cultural en el territorio.

Es sorprendente que a cuarenta años del trabajo de Efraín Hernández X. en México, reclamando partir de los saberes campesinos, y de las primeras publicaciones sobre la agroecología a escala internacional, se deba seguir insistiendo que para una masificación agroecológica exitosa no debemos olvidar que la agroecología se basa en principios, no en recetas, y que es fundamental el diálogo de saberes considerando primero los saberes y condiciones locales. Urge pues tomar acciones en la formación de técnicos, cuadros de organizaciones agrícolas y promotores agroecológicos para que la agroecología florezca en nuetros territorios.

El Consejo Tutelar estuvo conformado por la Dra. Helda Eleonora de Guadalupe Morales (directora de tesis), Dr. Bruce Gordon Ferguson (asesor), Dr. Ronald Byron Nigh Nielsen (asesor), Dra. Elda Miriam Aldasoro Maya (asesora) y el Dr. Mateo Mier y Terán Giménez Cacho (asesor). Los sinodales fueron el Dr. Omar Felipe Giraldo Palacio, Dra. Birgit Inge Schmook y Dr. Matthew J. Taylor.

Enlace al examen

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Veredicto del jurado

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