México y sus trabajadores agrícolas ante la pandemia de COVID 19

Por Martha García*

Más de 1.2 millones de trabajadores y trabajadoras agrícolas en México son migrantes que se mueven a lo largo del país en diversas temporadas del año. Estos desplazamientos están presentes en la frontera sur, pues a esta fuerza laboral se agregan guatemaltecos y beliceños para las cosechas del café y la caña de azúcar.

En otras geografías, alrededor de 100 mil mexicanos y mexicanas salen a Canadá y Estados Unidos con visas laborales dentro de los programas de trabajadores huéspedes temporales. Con tales conexiones, México consolida una gran experiencia histórica como país exportador e importador de mano de obra Sur-Norte y Sur-Sur.

Como es del dominio público, una realidad patente en ambos lados de las fronteras mexicanas es la presencia de los trabajadores sin papeles multiplicando las nacionalidades de otros continentes. Con mucho, los mexicanos sin visas de trabajo rebasan las aportaciones anuales de trabajadores a los campos estadounidenses.

Las ricas dinámicas de las migraciones laborales se presentan en las regiones agrícolas y agroindustriales distribuidas en todo el territorio mexicano que atraen mano de obra, principalmente de los estados de Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Veracruz, y en esta fuerza laboral están amplios grupos indígenas que han hecho de la migración una tradición.

Los millones de trabajadores que salen y entran, y que se mueven a veces de cultivo en cultivo (los llamados golondrinos) en circuitos laborales nacionales, en Centro y Norteamérica son incansables. Tan solo de abril a junio, 60 mil trabajadores agrícolas del sector azucarero se desplazarán a sus lugares de origen en México y Centroamérica, pues la zafra estará cerrando.

A penas la migración laboral es parte de la complejidad de la movilidad humana como un asunto de agenda pública que apremia en la lucha por proteger a la población y contrarrestar la expansión de la pandemia de COVID-19. Desde distintos frentes se enfatiza la emergencia sanitaria, y en lo inmediato las consecuencias sociales y las económicas.

La presente reflexión pretende enfatizar la relevancia de la investigación sobre las migraciones laborales y la importancia de entender cómo, tan solo con el ejemplo de los miles de grupos de trabajo en el sector agrícola que involucra millones de personas, se requiere atender a esa población en la misma lógica de su movilidad: origen-tránsito-destino-retorno.

Ante el dramático desequilibrio en la distribución de los servicios del Sistema Nacional de Salud, que revela las desigualdades en este país, hay que apuntar la falta de información precisa y subregistros sobre las contrataciones de los llamados genéricamente “jornaleros agrícolas” nacionales e internacionales.

Es urgente resolver un sistema viciado, el desinterés y negligencia y crear esquemas de movilidad laboral con información precisa, seguros, regulados, ordenados y con derechos. De paso se hace necesario desmantelar la desregulación que campea en los sistemas de reclutamiento, que son parte de la propia precarización laboral y de la violación de los derechos elementales.

En los análisis internacionales recientes, como el de INEGI sobre el agua, se revela que una primera condición de vulnerabilidad de grandes sectores de la población ante la emergencia sanitaria es la marginación o pobreza caracterizada, entre otros factores, por la falta de servicios. Ninguna sorpresa.

De hecho, el marco de la transición entre las enfermedades del primer mundo (crónico degenerativas) versus tercer mundo (infecto contagiosas), debe transformarse a razón de los entornos vulnerables y las prácticas de desplazamientos globales. Todavía en la última década del siglo XX, México entendía su realidad epidemiológica de esa forma.

Las naciones en el mundo comprenden sus transiciones epidemiológicas a partir de sus patrones de salud-enfermedad y la evolución natural de su población; aunado a ello se consideran aspectos económicos y sociológicos. Así, se pueden entender los seis modelos de transición epidemiológica por regiones geopolíticas.

En México y el resto de Latinoamérica prevalece el “modelo de transición intermedia”. Con niveles de ingreso medio y medio bajo, la región enfrenta “los viejos problemas de la malnutrición y los transmisibles, y el rápido incremento de las crónicas y la expansión de las emergentes”, según el informe epidemiológico de la Secretaría de Salud del 2018.

En este contexto, a la complejidad epidemiológica hay que integrar la complejidad migratoria humana para entender cómo el Coronavirus COVID-19 transciende la geopolítica, instalándose en la gran variable de las enfermedades emergentes; y pensar nuestros sistemas de salud en la conectividad global. La ficción nunca ha sido tan real.

Las siniestras fórmulas y ecuaciones que incluyen la pobreza obligan a mirar un abánico de escenarios laborales. Es de esperarse que la vulnerabilidad sea mayormente pronunciada entre los trabajadores agrícolas migrantes identificados a nivel mundial como el conjunto humano más explotado y desatendido. Sobre el tema existe una variada literatura y referentes fílmicos que reseñan lo que se ha llamado la neoesclavitud en alusión a las condiciones infrahumanas de estos contingentes en miles de puntos del planeta. Dagnósticos y evaluaciones de las condiciones de trabajo recalcan, una y otra vez, la desprotección institucional, empresarial y social.

Científicos sociales, organizaciones no gubernamentales y organismos internacionales cuentan en sus archivos con decenas de informes y reportes que advierten la marginación, insalubridad, ausencia de derechos y salarios de sobrevivencia. Muy lejos de cualquier aspiración de esquemas sobre trabajo digno.

Aun cuando existan intervenciones focalizadas, como iniciativas empresariales en el acondicionamiento de albergues y, sobre todo, el histórico Programa para la Atención de los Jornaleros Agrícolas, cuya eliminación ha precarizado más las condiciones de trabajo, el reto sigue siendo enorme.

La gran lección para la aldea global del Coronavirus COVID-19 frente a la complejidad de sus migraciones laborales convoca también a las ciencias sociales. Las aportaciones en este rubro son enormes de una fecha para acá y en México -este simbólico laboratorio mundial de las migraciones- tiene capacidad probada para intervenir.

Ojalá esta crisis sea también la oportunidad para pensar en una movilidad laboral segura, ordenada,  regular y con derechos que convoque a los líderes mundiales, nacionales y locales  de todos los sectores para repensar los paradigmas epidemiológicos y los migratorios, y las estructuras que los sostienen por unos más solidarios, justos y dignos.

* Investigadora de El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) en la Unidad Chetumal.Especialista en migraciones. Sus estudios se enmarcan en los mercados laborales agroindustriales, comunidades inmigrantes e indígenas, entre otros. Recientemente, concluyó su investigación en Fondos Sectoriales INMUJERES-CONACYT, sobre la inserción laboral femenina en la agroindustria azucarera, sector que ocupa su línea de investigación desde hace una década.

Fotos- Martha García

 

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CHIAPAS PARALELO: https://www.chiapasparalelo.com/opinion/2020/04/mexico-y-sus-trabajadores-agricolas-ante-la-pandemia-de-covid-19/