México es ciencia | Desplazamiento por violencia: una cuestión de justicia social

Por: Ailsa Winton (Ecosur)

Movilidad y justicia

La movilidad por sí sola no es buena ni mala, sino que forma parte intrínseca de la vida social. Ocurre en muchas escalas del tiempo, implicando movimientos diarios, como ir al trabajo o a la escuela, así como otros menos frecuentes, como cambiarse de casa, salir de vacaciones o migrar, y también varía en la escala del espacio al moverse a una cuadra, a otra colonia, ciudad o hasta a un país diferente.

El punto, como veremos, es que además de ser diversa, la movilidad es esencialmente injusta: las personas no se mueven por igual, ni tampoco por la misma necesidad. Las posibilidades que tenemos de movernos están condicionadas y limitadas por nuestra posición social, es decir, por nuestro estatus socio-económico, edad, género, orientación sexual, condición física, nacionalidad, y raza, entre otros factores. Esto se puede ver en lo más cotidiano: por ejemplo, cuando una mujer, en vez de irse caminando sola de noche a la estación del metro decide esperar a un amigo para que la acompañe —su condición de género, de mujer, le otorga una posición marginal que se traduce en una situación de riesgo, de vulnerabilidad—. Se observa también en el tipo de movimientos que se abordan en este breve texto, como son la huida ante una amenaza o en la posibilidad de ser deportado al país del que se viene huyendo.

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