La Bestia Maya: de las pesadillas centroamericanas al sueño yucateco

El proyecto no tiene aún una versión ejecutiva, pero se da por hecho. No hay una hoja escrita siquiera de los impactos sociales. Tampoco, de las transformaciones que provocará en los movimientos de poblacionales de la región. Menos aún, de las afectaciones a las comunidades. La Bestia se le llama al tren que es la pesadilla de migrantes. Hoy se construye la Bestia para las comunidades mayas.

 

No sabemos quién le puso el nombre, pero sabemos que La Bestia es el nombre informal de los trenes que atraviesan México, como medio de transporte de migrantes que huyen de las pesadillas centroamericanas hacia el sueño americano. En muchos casos, La Bestia les cobrará su cuota: si no logran vencer al sueño o no se ponen al tiro al subir o bajar, corren el riesgo de caer entre las ruedas y perder la vida o, con suerte, sólo alguna parte de su cuerpo; puede que los asalten las pandillas o las maras, y si no tienen con qué pagar, sean arrojados desde su techo en marcha. O secuestrados. O violadas… Y aunque las personas migrantes lo saben de primera mano, sorprende también ver cómo la tratan con una complacencia casi familiar y se encomiendan a ella como si fuera una especie de Santa Muerte: saben que es peligrosa, pero valoran su función; le tienen respeto y temen, pero no dudan en subirse a sus lomos.

Aunque su función principal, desde el momento en que se empezó a construir en el Porfiriato de principios del siglo XX, siempre se ha orientado a la distribución del extractivismo, el sistema ferroviario siempre ha estado fuertemente vinculado con procesos migratorios: trabajadores locales que se desplazaron a los lugares de construcción, comunidades residentes desplazadas por el trazo, nuevos habitantes para poblar y servir en las estaciones. Antes que los centroamericanos, fueron las y los mexicanos del programa Bracero tras la Segunda Guerra Mundial quienes lo ocuparon para ir a Estados Unidos. Los trenes dinamizaron y transformaron las dinámicas de movilidad humana en la región. El sistema de ferrocarriles mexicano fue privatizado en la década de 1990, durante el sexenio de Zedillo, y el transporte de pasajeros eliminado a partir de 1999 por su escasa rentabilidad.

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