Isla Cozumel, la biodiversidad ante el Antropoceno

Por Miguel Ángel Martínez-ECOSUR,
Alfredo D. Cuarón-SACBE, AC,
David Valenzuela-UAEM, Ella Vázquez -UNAM,
Luis Bernardo Vázquez-ECOSUR

La historia biogeográfica y evolutiva que ha operado en los sistemas insulares durante miles y hasta millones de años ha hecho de las islas, sitios particularmente valiosos para la biodiversidad global, ya que albergan una alta proporción de especies endémicas, es decir, exclusivas. Sin embargo, esto mismo hace que dicha riqueza biológica sea particularmente vulnerable, pues la pérdida de estos endemismos significa su extinción en el planeta. No sin razón, alrededor del 90% de las extinciones globales han ocurrido en islas tras el comienzo de la llamada Sexta Ola de Extinciones Masivas, que comenzó hace aproximadamente 500 años y fundamentalmente por causas humanas, en lo que se ha denominado el Antropoceno, la época geológica actual dominada por el humano.

La extinción de especies no solo representa la pérdida irreparable de la riqueza biológica del planeta, que en sí mismo es grave, sino que además implica la afectación de procesos ecológicos y funciones ecosistémicas que pueden generar impactos adicionales, por ejemplo, disrupciones en la polinización de plantas, dispersión de semillas, regulación de poblaciones de otras especies, en el reciclaje de nutrientes, la calidad del agua, e incluso en la salud humana.

Desde hace casi 25 años, nuestro grupo de investigación transdisciplinario e interinstitucional (ECOSUR, SACBE AC, UAEM, UNAM, entre otras) ha estudiado la riqueza biológica de los ecosistemas terrestres de la isla Cozumel con el fin de conocerla, entenderla, fomentar su valoración e identificar las amenazas que enfrenta para diseñar e implementar estrategias para su conservación.

En este fascinante viaje hemos encontrado que, en una superficie de casi 480 km2, existen alrededor de 40 endemismos de aves, mamíferos, reptiles, peces e invertebrados de diversos grupos, y seguramente aún faltan más por descubrir. Así, Cozumel es la isla mexicana, no solo con la mayor riqueza de especies, sino también con el mayor número de endemismos de las islas del país.

La situación ecológica de sus poblaciones endémicas es muy variable, ya que existen algunas en condiciones relativamente estables y otras en peligro crítico de extinción como el hocofaisán de Cozumel, el mapache enano, el coatí de Cozumel y el ratón Reithrodontomys spectabilis. Incluso, lamentablemente hemos documentado la posible extinción reciente del ratón Peromyscus leucopus cozumelae y del cuitlacoche de Cozumel, un ave emparentada con el cenzontle.

Aunque casi el 90% de la superficie de la isla Cozumel está cubierta por vegetación nativa, a diferencia de otras regiones de México y del planeta que han sido severamente transformadas, existen algunas formas de afectación que amenazan la persistencia de su biodiversidad y en particular la de sus endemismos. Entre las más importantes está la introducción de especies exóticas, es decir, especies ajenas a la isla, como la boa, que se introdujo en Cozumel para la filmación de la película El jardín de tía Isabel, a principios de la década de los 70 del siglo pasado. Desde entonces, este depredador se estableció y su tamaño poblacional aumentó notablemente, y es muy probable que haya incidido en la disminución de algunas poblaciones de especies nativas de aves, roedores, reptiles y anfibios, incluidos el ratón P. l. cozumelae y el cuitlacoche de Cozumel.

El riesgo de introducción de especies exóticas a Cozumel es continuo, dado el intenso flujo de personas y bienes. Las especies exóticas que hemos registrado incluyen depredadores, competidores y las contrapartes continentales de algunos de sus endemismos como el hocofaisán, coatí, y el pecarí de collar, lo que representa importantes riesgos de contaminación genética. Asimismo, las especies exóticas dispersan parásitos y patógenos a los que las especies nativas no han estado expuestas, lo cual las pone en riesgo, y a esto se suman los perros y gatos ferales o asilvestrados, que representan otro importante impacto adicional sobre las especies nativas.

Si bien la vegetación nativa cubre la mayor parte de la isla, su continuidad ha sido severamente interrumpida por las carreteras. La carretera “Transversal” ha dividido la isla en dos porciones y la carretera “Costera” ha interrumpido de manera significativa la conexión entre las selvas y la costa. Esta fragmentación de la vegetación representa la división de poblaciones o, cuando menos, una limitante en el flujo de individuos, lo que significa una reducción en su tamaño poblacional efectivo, haciéndolas más vulnerables a otros factores adversos. Además, las carreteras tienen un impacto directo como consecuencia de la muerte de individuos por atropellamiento.

Las selvas de la isla Cozumel tienen una marcada temporada seca con lluvias escasas durante la cual el agua disponible en los cenotes es crucial para muchas especies de fauna nativa. El agua de los cenotes depende de una lente de agua dulce que yace sobre una masa de agua salina en el subsuelo de la isla y de la cual también se extrae el agua para consumo humano mediante pozos. Su sobrexplotación no solo afectaría la disponibilidad de agua para la población humana, sino también la cantidad y calidad del agua disponible en los cenotes, lo que repercutiría en la viabilidad de numerosas especies de fauna nativa.

Isla Cozumel está continuamente expuesta al impacto de huracanes, que son el principal agente de disturbio natural en la región. Las especies nativas han experimentado estos fenómenos a lo largo de toda su historia evolutiva, sin embargo, el cambio climático está modificando los patrones de frecuencia, intensidad y velocidad de movimiento de los huracanes, lo que repercute en la viabilidad de varias de estas especies. En el siglo pasado, el promedio de ocurrencia de huracanes en la isla era de un huracán cada 10 años. En 2005, la isla fue golpeada por dos huracanes consecutivos nivel 4 en la escala Saffir-Simpson.

Las diversas afectaciones sobre las especies nativas de Cozumel no operan de manera aislada, sino de manera aditiva. Es posible que muchas de estas especies ya se encuentren en un vórtice de extinción, por lo que es urgente implementar estrategias de conservación que contrarresten la disminución de sus poblaciones.

Con la participación de la sociedad civil nacional e internacional y del gobierno, en sus diferentes niveles, se han logrado decretar áreas naturales protegidas en una extensión importante de Cozumel y, recientemente, la incorporación de la isla a la Red Mundial de Reservas de Biosfera de la UNESCO, sustentada en un robusto Programa de Ordenamiento Ecológico Local desarrollado con la participación de todos los sectores sociales de la isla.

Estos son logros son importantes para la conservación de la biodiversidad de la isla Cozumel, pero insuficientes. Es crucial desarrollar un programa de bioseguridad insular integral que incluya, además del urgente manejo de especies exóticas y ferales, la contención del ingreso y propagación de parásitos y patógenos, que incluso puedan representar problemas zoonóticos para la población humana; estrategias para el uso racional del agua y su saneamiento; el manejo adecuado de residuos, y un límite al crecimiento de la población humana, de la mancha urbana y del número de turistas.

El crecimiento económico no puede poner en riesgo la riqueza biológica, los procesos ecológicos y las funciones ecosistémicas de la isla Cozumel, de ser así, los costos ambientales, humanos y económicos serían significativamente mayores a las ganancias cortoplacistas.

Más información:

Miguel Ángel Martínez, investigador de El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) (mmartinez@ecosur.mx)