Indígenas evitan malls, playas y otros sitios públicos por temor a discriminación

Reportaje. “Es que usted no sabe cómo nos ven”, explica Antonia Reyes. Es como si fuera un chip que se hubiera colocado en este grupo de la población para que se autolimite, señala Jorge Horbath, investigador del Ecosur.

Segunda de tres partes)

“No. Yo no paseo. Vendo en los mercados, pero no paseo. Ya le dije, hago estos canastos nada más, y nada más eso vendo”.

Las palabras de don Roberto Tapia, indígena de Tlamacazapa, Guerrero, son la respuesta a la pregunta de qué lugares de la Ciudad de México conoce o le gustaría conocer. Sentado frente a su mercancía, afuera del mercado de Portales, el hombre de 57 años dice que migró a la capital del país hace cinco años, aunque minutos antes había comentado que tenía pocos días de haber llegado. Luego explica que hay zonas a las que nunca acude para evitar problemas.

“¿Para qué tanto quiere saber, amigo, pues?”, pregunta don Roberto. “Si yo quiero pasear me voy al rancho o a otro lugar, pero aquí no”. Este habitante de la megalópolis no conoce por dentro los centros comerciales, no visita zonas con casas grandes y nunca entra a restaurantes de cadena, aunque sí compra comida en fondas.

Es este un ejemplo individual de un fenómeno más amplio, documentado en la investigación de ciencia básica “Exclusión, discriminación y pobreza de los indígenas urbanos en México”, realizada por el doctor Jorge Horbath de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur): los indígenas que llegan a las ciudades sienten que no tienen derecho a ocupar la ciudad y hay zonas de las metrópolis que quedan vedadas para este grupo.

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La Crónica. http://www.cronica.com.mx/notas/2017/1020569.html

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