Éxodo de nunca acabar. El drama de los desplazados en los altos de Chiapas

Carla Zamora Lomelí

El drama de los desplazados en los altos de Chiapas

Chenalhó, Chiapas

Cuesta abajo de la ladera en donde están los cafetales se escuchan balazos, es casi el final de la cosecha y las familias salen a cortar las cerezas que venden al coyote entre 15 y 27 pesos por kilo, o 33 si es orgánico y va a la cooperativa. Ha sido una temporada difícil para el 70 por ciento de los productores de la zona, no sólo por los bajos precios sino por el riesgo para cosecharlo. Tras una serie de detonaciones los cafetaleros se comunican por radios de banda corta para identificar lo que ocurre. “El Pukuj (demonio o ente maligno en lengua tsotsil) anda suelto”, dicen para aludir a la situación de violencia que ha venido sucediendo desde hace tiempo.

En los últimos dos años, ha ocurrido el desplazamiento forzado de más de ocho mil personas en distintas localidades de Los Altos a consecuencia de la violencia por el control territorial de actores con distintos niveles de poder en la región. Lo mismo caciques locales aliados con partidos políticos, que grupos paramilitares cada vez más cercanos a las células de cárteles de droga dedicados a la siembra y tráfico de enervantes, todos vinculados y cobijados durante años por el paso de distintos funcionarios del gobierno estatal e incluso federal, cuya complicidad por acción y omisión ha sido evidente desde la masacre de Acteal en 1997, precisamente en un contexto como el que se ha venido presentando y que cada fin de año proyecta el fantasma de Acteal.

Chalchihuitán, Aldama, El Bosque y Chenalhó son los municipios de Chiapas en donde el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas ha documentado las magnitudes de los desplazamientos En algunos casos, los detonantes parecieran ser conflictos agrarios y de linderos irresueltos durante décadas; sin embargo, la emergencia de los actores descritos complica la problemática conjugando procesos de apropiación político-territorial que incrementan la violencia, tales como el aumento de tráfico de armas y su posesión en manos de grupos paramilitares jamás desarticulados, la presión sobre la propiedad de la tierra y el debilitamiento del tejido comunitario.

 

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Ojarasca, la Jornada: http://ojarasca.jornada.com.mx/2019/02/09/exodo-de-nunca-acabar-1117.html