Evolución, complejidad, experimentos y transdisciplina para manejar nuestras pesquerías en un mundo altamente cambiante

Andrea Sáenz Arroyo

 

La dinámica poblacional de las especies de importancia pesquera parecería simple, sin embargo, puede ser verdaderamente un ejemplo de libro de franca complejidad. Sus variaciones raramente responden a procesos lineales debido a que habitan ecosistemas que están influenciados por procesos climáticos locales, regionales y globales y cada especie juega un papel en una red trófica, siendo en realidad un nodo de cientos que se conectan de la misma forma, de lo local a lo global. Además, su dinámica está profundamente influenciada por las actividades en la tierra, particularmente por el incremento de nitrógeno y fósforo derivado del uso de fertilizantes. Entonces ¿cómo podemos manejar los recursos pesqueros y acuícolas ante tanta variabilidad? En esta contribución resumo cuatro componentes que nos pueden ayudar a tener una visión holística, y así, ayudar a preservar mejor nuestros ecosistemas y pesquerías.

Primero, comprender cómo han evolucionado los paisajes costeros nos permitiría determinar qué especies pueden ayudar a regenerar procesos ecológicos que han sido mermados por la sobrepesca. Entre estas especies destacan los organismos filtradores como son las algas, ostras, ostiones y almejas que tienen una creciente demanda en los mercados gourmets. Restaurar, e incluso mejorar las funciones que los organismos filtradores han desempañado al menos durante la historia evolutiva del Holoceno, nos permitirá prevenir la plaga de las “zonas muertas” en sistemas estuarinos y costeros que están asfixiando a la vida marina del mundo. De lo contrario, si promovemos especies exóticas, depredadores tope o detritívoros, cuyas abundancias no evolucionaron en conjunto con los ciclos biogeoquímicos de la Tierra, podremos estar agravando el problema.

Segundo, las especies de importancia pesquera viven en ambientes que se anidan en procesos locales, regionales, oceánicos y globales. La repentina desaparición de la almeja pismo a finales de la década de los 80, tanto en California como en Baja California, así como la impactante merma de las diferentes poblaciones de abulón en el mismo periodo y su repentina recuperación en los últimos años, dan fe de que no solo la sobrepesca influye en la dinámica poblacional, algunas especies son altamente sensibles a las variaciones ambientales.

Una reveladora tesis https://tesis.ipn.mx/handle/123456789/18184 nos ilustra cómo, el noroeste de México está influenciado por procesos anuales (Niños/Niñas), cuasi decadales (patrones de viento en Istmo de Tehuantepec) y variaciones multidecadales que expanden, constriñen y modifican poblaciones de sardinas y calamares, lo que a su vez impacta la distribución de mamíferos como ballenas y delfines que se alimentan de estas especies, centro del forrajeo en las cadenas tróficas.

Evidencias sobre cómo estas variaciones afectaron a las poblaciones de especies de interés pesquero, se encuentran en la historia regional. Por ejemplo, en Baja California, a finales de siglo XVIII un empresario construyó el primer emporio perlero local tomando ventaja de una varazón de ostras perleras en las playas septentrionales del Golfo de California (Cariño-Olvera, M.M. 2000. Historia de la Relaciones Hombre Naturaleza en Baja California Sur 1500 -1940), seguramente por algún fenómeno ambiental como el que se vivió a finales del siglo XX e hicieron colapsar poblaciones como la almeja pismo y el abulón.

Tercero, ante estos escenarios dinámicos, las reservas marinas son una poderosa herramienta no solo para recuperar la productividad pesquera sino para entender el impacto de la pesca y la acuacultura con un enfoque experimental. En otras palabras, tenemos que dejar “testigos” o áreas de no extracción y “no depósito” que nos permitan comprender y discernir cuáles de todas las variables están influyendo la dinámica de las poblaciones de interés pesquero. A nivel global se recomienda establecer el 30% del territorio global como reserva marina. Se dice fácil, aunque para que estas áreas funcionen como testigos y nos permitan entender mejor las fuentes de perturbación que afectan las poblaciones marinas, tendríamos que mapear todas las áreas pesqueras y áreas de fuerte impacto en los sistemas estuarinos y costeros para poder identificar, junto con las comunidades locales, zonas que podríamos dejar como reservas.

Por último, ante toda esta complejidad no nos queda más que echar mano de todas las fuentes de información que podamos encontrar. Desde hace más de una década, los estudios para entender el impacto de la pesca en el tamaño y la dinámica de especies de interés comercial se ha virilizado y ha aportado cuantiosa información para reconstruir cuán abundantes fueron las especies en el pasado. Sin embargo, los pescadores y las pescadoras saben mucho más de los ecosistemas, que podemos aprovechar hoy con el uso de los dispositivos móviles para documentar con ellos datos, historias y señales que nos permitan comprender más profundamente las dinámicas que influyen la disponibilidad de recursos en el mar.

Vivimos en un mundo altamente cambiante. Las sociedades humanas nos encargamos de desmantelar una relativa estabilidad ambiental en la que fundamos nuestro esplendor durante el Holoceno. En el Antropoceno nos toca, sin duda alguna, profundizar en nuestra comprensión del dinamismo en el que habitan las especies de interés ecológico y comercial. •

 

TEXTO PUBLICADO EN: https://www.jornada.com.mx/2022/05/21/delcampo/articulos/evolucion-complejidad-experimentos.html?fbclid=IwAR3QkGveP7rxaqvZqyO1CYW5LTBvNZjpon_YFuj9XQBATiDb4Y9YkMaBwDY