Especies invasoras, amenaza y oportunidades de investigación: el pez diablo

Manuel Mendoza Carranza (mcarranza@ecosur.mx)
Investigador del Departamento Ciencias de la Sustentabilidad
El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR)
Unidad Villahermosa

Las especies invasoras, junto con la contaminación, la pérdida de hábitats y el incremento global de las temperaturas, son uno de los principales problemas para la sostenibilidad de la biodiversidad. En la medida en que afectan directamente las funciones ecológicas, así como de aprovechamiento sustentable de los ambientes y recursos naturales, se están convirtiendo en una amenaza para la sobrevivencia humana.

La mayoría de las especies acuáticas invasoras, como la tilapia y las carpas de diversas especies, han sido introducidas con fines comerciales y algunas de forma accidental por medio del transporte de agua de lastre de los barcos en diversos puertos.

La tilapia (Oreochromis sp) es un ejemplo claro de la introducción de una especie con fines comerciales; esta, al ser dispersada en los medios acuáticos naturales, fue vista en un principio como una plaga con ninguna o muy poca importancia comercial, pero con el paso del tiempo se incorporó a la economía local, llegando a ser una de las especies más importantes de la pesca artesanal de muchas regiones de Veracruz, Chiapas y Tabasco. En la actualidad, además de reconocerse su importancia económica, se ha incorporado a la cultura culinaria de la región y es tanto o más apreciada que las especies de mojarras nativas.

Otro ejemplo de adopción de una especie exótica es la carpa herbívora (Ctenofaringodon idella), también conocida como caballo loco o simplemente carpa, que fue introducida en la década de los años sesenta en Tabasco y es considerada por los pescadores como una especie nativa de nuestras aguas, con importancia comercial y cultural.

El pez diablo

Durante este último siglo, se introdujo en Tabasco y otras partes de México al pez diablo (Ptergoplichthys sp), sin que aún tengamos claro cómo ocurrió, pues la mayoría de las veces la introducción se lleva a cabo con fines netamente comerciales, y esta especie carece de valor comercial o productivo.

El pez diablo es originario de Sudamérica y presenta diversas características que le han permitido tomar ventaja de los hábitats donde ha sido introducido. Con una coraza que lo protege de depredadores, hábitos reproductivos en los que la fabricación y cuidado de nidos incrementa la supervivencia de las crías, y prácticas alimenticias muy poco exigentes, pues se alimenta de materia orgánica y algas incrustadas, el pez diablo se ha posicionado como una de las especies más abundantes de los ríos y lagunas de Tabasco.

Entre las comunidades pesqueras el pez diablo no ha tenido tanta suerte como las especies que mencioné antes. Ha sido muy poco aceptado debido a su apariencia, que es muy distinta a la de los peces de la región, y también porque hay información de que es tóxico o porta veneno. Por otro lado, es una especie difícil de aprovechar debido a que es no es fácil extraer su carne y porque tiene baja tasa de músculo. Otro problema, no menos grave, es el daño que hace a las redes en el momento de su captura, pues posee escudetes dérmicos dotados de pequeñas espículas que terminan rompiéndolas, lo cual genera, consecuentemente, grandes pérdidas económicas.

El rápido incremento de esta especie en los ecosistemas acuáticos de Tabasco ha provocado diversos problemas ecológicos y ambientales a pesar de todos los esfuerzos que se han realizado para incorporarla en la culinaria tabasqueña y utilizarla en la  fabricación de sandalias y artesanías, por mencionar algunos. Entre los problemas que ha provocado, podemos enlistar la disminución de la abundancia de muchas especies de importancia comercial y un efecto directo sobre la pesca, pues el pez diablo, además de romper redes, evita que la red trabaje adecuadamente debido a que al momento de estar enmallado y querer escapar la mueve tanto que impide la captura de peces de importancia comercial.

El papel de la academia

Para dar respuesta a estas problemáticas y ofrecer opciones de mitigación y prevención es necesaria la participación de todos los sectores de la sociedad y del Estado. En nuestro caso, la producción de información científica es fundamental para entender el problema y buscar alternativas para el aprovechamiento y control de esta y otras especies introducidas.

A través del proyecto “Ecología y aprovechamiento de especies invasoras en humedales de la cuenca del Grijalva-Usumacinta”, que financia el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), el Grupo de Manejo Sustentable de Cuencas y Zonas Costeras de ECOSUR-Unidad Villahermosa logró la adquisición de diversos equipos de campo y de laboratorio para fortalecer el estudio de la ecología de las especies invasoras en los humedales de Tabasco.

Uno de nuestros principales objetivos es conocer si esta especie posee las cualidades para ser consumida por los seres humanos, por lo que en el Laboratorio de Salud de la Unidad San Cristóbal de ECOSUR se están realizando estudios para analizar las concentraciones de metales pesados que pudiese contener y determinar si pueden poner en peligro la salud humana.

Dentro del proyecto también se ha documentado cómo ha sido la expansión de la especie a lo largo del tiempo. En el caso de su biología, se han realizado estudios acerca de su estructura de tallas, proporción de sexos y biología reproductiva, en los que se ha observado que su ciclo propagativo está relacionado estrechamente con el nivel de los ríos. Durante la época de secas, los huevos y los pequeños juveniles son protegidos por el progenitor y son liberados durante la época de lluvias, lo que les ofrece mayores oportunidades de dispersarse y evitar la depredación.

En el caso de la ecología, hemos estudiado y seguimos analizando su impacto en las redes alimenticias acuáticas; hemos encontrado que no tiene un nivel bajo en la escala alimenticia de los ecosistemas, como se había pensado, pues sus valores de nitrógeno isotópico son muy similares al de varias especies de mojarras que comen desde crustáceos hasta pequeños peces.

Los impactos que ha tenido este proyecto en el conocimiento de especies introducidas han sido muy importantes, especialmente, en lo que se refiere al pez diablo, debido a que nos ha permitido consolidar las condiciones para seguir realizando investigación sobre el aprovechamiento y los efectos en el ecosistema de otras especies introducidas en humedales de Tabasco, como algunas almejas y camarones que han sido recientemente reportados.

Este proyecto apoya y complementa otros estudios paralelos que se encuentran en marcha en el sureste de México para conocer, desde diversas perspectivas, el efecto ecológico, pesquero y social de la introducción de las especies invasoras en los humedales tabasqueños.