María Consuelo Escobar Ocampo *
El Día de la Tierra nos recuerda la urgencia de cuidar el planeta. Sin embargo, esa tarea no ocurre solo en acuerdos internacionales ni en discursos globales: se decide todos los días en los territorios donde vivimos y producimos.
Los paisajes rurales no son simples espacios de cultivo. Son sistemas vivos donde interactúan suelos, agua, plantas, animales y comunidades. Durante mucho tiempo, se pensó que la productividad dependía de simplificar estos sistemas. Hoy sabemos que esa simplificación tiene costos: pérdida de biodiversidad, suelos degradados y mayor vulnerabilidad frente al cambio climático.
En contraste, los paisajes diversos —con árboles, distintos cultivos y vegetación— no solo sostienen la vida silvestre, también hacen más resiliente la producción de alimentos. No se trata de volver al pasado, sino de reconocer que la manera en que usamos la tierra define lo que el territorio puede sostener.
Cuidar la Tierra no es una idea abstracta. Es una práctica cotidiana. En última instancia, el futuro del planeta se construye desde abajo: en cada parcela, en cada decisión productiva y en cada paisaje que elegimos conservar o transformar.
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