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Del sargazo a la ciencia abierta

Del sargazo a la ciencia abierta

5 junio, 2026

Convocatoria cerrada

Laura López Argoytia, coordinadora de Fomento Editorial y Difusión de la Ciencia, llopez@ecosur.mx

Entre el Día Mundial del Medio Ambiente (5 de junio) y el Día Mundial de los Océanos (8 de junio), suelen multiplicarse las reflexiones acerca de los diversos retos ambientales que enfrentamos como sociedad. Algunas problemáticas evidencian la estrecha relación entre los ecosistemas terrestres y marinos, así como los desafíos científicos y sociales de esa interacción; un ejemplo muy visible es la presencia recurrente de sargazo en las costas del Caribe. Este fenómeno conecta de forma natural las preocupaciones de ambas conmemoraciones, tanto por sus impactos ambientales, sociales y económicos como por los procesos oceánicos de los que forma parte.

Es bien sabido que las grandes arribazones de sargazo han transformado paisajes costeros, han afectado actividades productivas y han planteado importantes desafíos para gobiernos, instituciones de investigación y, desde luego, para las comunidades que día a día ven afectadas sus formas de vida. Las imágenes de playas cubiertas de algas se han vuelto frecuentes… Y también las preocupaciones relacionadas con el turismo, los ecosistemas marinos y las actividades económicas que dependen del mar.

Comprender un fenómeno tan complejo y extendido geográficamente requiere un monitoreo consistente. En otras palabras, es necesario analizar cómo varía la llegada del sargazo a lo largo del tiempo, identificar patrones de desplazamiento y brindar insumos para la toma de decisiones orientadas a acciones de manejo. Sin embargo, la dinámica de las arribazones plantea cuestionamientos prioritarios: ¿cómo conseguir datos confiables sobre algo que cambia constantemente, se desplaza a lo largo de grandes extensiones de territorio y rebasa las posibilidades de observación de unas cuantas personas especialistas?

El libro Collective View. De la ciencia ciudadana a la ciencia abierta para el monitoreo del sargazo en las playas de México, de Javier Arellano y Hugo Lazcano, aborda esta cuestión a partir de una experiencia que vincula ciencia ciudadana, tecnologías digitales y ciencia abierta. Para esto, toma como punto de partida un fenómeno que si bien se asocia con un problema ambiental contemporáneo, forma parte de imaginarios mucho más antiguos.

El sargazo ha estado presente en novelas como Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne, y en diversos relatos de navegación que hacían referencia a un paisaje de algas flotantes en el Atlántico norte, el cual aparecía casi como un territorio misterioso: el Mar de los Sargazos.

Estas macroalgas forman extensos mantos en mar abierto y constituyen un importante hábitat, refugio y zona de alimentación para numerosos organismos marinos, entre ellos peces, crustáceos, moluscos y tortugas. No obstante, desde 2011, sus proliferaciones masivas en el Atlántico tropical han dado origen al llamado Gran Cinturón Atlántico de Sargazo. Se trata de una franja de acumulaciones flotantes muy extensa, que de manera recurrente alcanzan las costas del Caribe.

Las dimensiones de este fenómeno y su comportamiento cambiante convirtieron al sargazo en objeto de creciente atención científica. Entender dónde se encuentra, cómo se traslada y qué tan intensas pueden ser las arribazones, requiere una cantidad de observaciones a lo largo del territorio afectado que difícilmente podrían obtenerse con equipos de investigación trabajando de manera aislada. En este punto es precisamente donde la propuesta presentada en Collective View adquiere relevancia, al incorporar a la población local o visitante en la ecuación.

La ciencia ciudadana no es una idea completamente nueva, como señalan los autores. Sus antecedentes pueden rastrearse en distintas tradiciones de observación de la naturaleza, cuando las fronteras entre ciencia y ciudadanía eran menos claras que ahora. Abundantes registros sobre especies, climas, paisajes o fenómenos naturales fueron facilitados por redes de personas que contribuyeron a la construcción del conocimiento científico, mucho antes de que la investigación se institucionalizara. Lo que ha cambiado de manera significativa en las últimas décadas es la escala que estas colaboraciones pueden alcanzar gracias a las tecnologías digitales.

En este sentido, en el libro Collective View se muestra cómo la ciudadanía puede participar en la documentación de fenómenos ambientales mediante acciones como tomar fotografías de una playa. En el proyecto que da origen a la obra, las imágenes así captadas desde distintos puntos del Caribe mexicano se integran en plataformas digitales donde pueden organizarse, clasificarse y analizarse. Muchas de ellas incorporan elementos geográficos generados automáticamente por los dispositivos móviles, lo que permite disponer de una visión más amplia de la dinámica del sargazo.

Cada fotografía aporta ciertos elementos particulares, pero ya en conjunto, se trata de miles de registros que permiten analizar patrones a gran escala. En el proceso, la ciudadanía deja de ser únicamente receptora de información científica para participar también en la obtención de datos sobre el territorio. Esto no solo amplía la capacidad de observación del fenómeno, sino que también promueve una mayor sensibilización ambiental, pues quienes participan no se limitan a tomar fotografías o documentar una fracción del problema, sino que desarrollan nuevas maneras de observar y comprender los procesos de su entorno.

Sin embargo, el libro va más allá de la ciencia ciudadana. Como señala su propio subtítulo, también invita a pensar en la ciencia abierta; es decir, en formas de trabajo orientadas a compartir fuentes, metodologías y resultados, así como fortalecer la colaboración entre distintos actores sociales. En este marco, las plataformas compartidas adquieren una relevancia especial, pues permiten organizar, consultar y visualizar colectivamente la información generada. Este recorrido nos guía hacia preguntas más amplias: ¿Quién produce conocimiento? ¿Qué información se considera válida? ¿Cómo cambian las relaciones entre academia y sociedad cuando la obtención de datos comienza a distribuirse entre múltiples participantes?

Las respuestas no son simples, puesto que, al menos en este caso, la participación ciudadana no elimina las estructuras tradicionales de la investigación científica. La academia continúa en el centro del diseño metodológico, la validación y la interpretación de resultados; a pesar de esto, se logran abrir espacios para formas más colaborativas.

En tal contexto aparece el papel de la inteligencia artificial y otras herramientas digitales para organizar y procesar los grandes volúmenes de información generada colectivamente. Los autores reconocen tanto los alcances como las limitaciones de estas tecnologías, comenzando por los grandes desafíos relacionados con la calidad de los datos, pero también por los sesgos de clasificación y la necesidad de mantener criterios rigurosos de análisis.

Como podemos apreciar, aunque el punto de partida del libro es el sargazo, su alcance es mucho más amplio. Propone una reflexión respecto a otras maneras de conocer el territorio, ligadas a la posibilidad de aportar evidencia valiosa mediante la interacción entre ciudadanía, academia y tecnología. Entonces, más allá del monitoreo del sargazo, Collective View invita a reflexionar sobre los mecanismos para crear y socializar conocimientos en una sociedad cada vez más conectada.

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