De Temblores y Temores

Dora Elia Ramos Muñoz
Investigadora de El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR)
Unidad Villahermosa
Departamento Sociedad y Cultura
dramos@ecosur.mx

La fuerza de los desastres no está solamente en los fenómenos naturales que los ocasionan sino en las fallas de los procesos de desarrollo y cambio social que existen en el territorio donde irrumpen.

Un ejemplo de ello es el huracán Harvey, cuya fuerza no estuvo solo en la intensidad de sus vientos o en los milímetros de lluvia que produjo, sino en las fuerzas del mercado que incentivaron la construcción de casas en áreas que antes fueron humedales o en la concentración de industrias petroquímicas en Houston. Hace unos días los huracanes Irma y María golpearon el Caribe y Florida, lugares que han transformado su paisaje original por el gusto de vivir en “el paraíso”.

Estrictamente hablando, los huracanes tienen una probabilidad de ocurrencia, son estudiados con detalle y tal como vimos con Harvey e Irma podemos saber con días de anticipación su llegada y su fuerza. Otros fenómenos climatológicos también han sido muy estudiados y tenemos suficientes datos para alertarnos de sus efectos y llegada, como es el caso de los fenómenos de El Niño y La Niña, y aún con toda esa información que tenemos provocan daños en la infraestructura, muertes, heridos y vidas destrozadas. En México lo sabemos.

Respecto a los terremotos, como los que han afectado a México recientemente, sabemos que no podemos predecirlos con precisión, aunque sí conocemos la localización de las placas tectónicas y los riesgos que conlleva su movimiento. En la historia hemos visto sus efectos y hasta los hemos vivido.  Estrictamente hablando sabemos que los sismos sucederán e incluso dónde, lo que no sabemos es cuándo y en qué magnitud. Los desastres que producen los terremotos van más allá que sus grados Richter, de nuevo las fallas del desarrollo se acumulan; ahí se reflejan las incorrectas normas de construcción, las chapuzas en su cumplimiento y la falta de redes sociales de apoyo. Así aparecen los desastres, más fuertes que las ondas oscilatorias y trepidatorias de los sismos, y sus efectos marcan nuestras vidas y nos llenan de temor.

Ahora bien, no todos sufrimos igual los desastres, algunas personas tomarán un avión y saldrán del lugar ante la alerta de un huracán, otras tendrán que ir a trabajar para no perder su empleo, algunos padres y madres enviarán a sus hijos e hijas a una escuela que evidentemente ha sido construida sin seguir las normas de seguridad y otros podrán elegir otras escuelas. Así que detrás de las tragedias de los desastres hay inequidad, injusticia y relaciones de poder que permiten que se produzcan, lo que nos hace sentir atemorizados y percibir que vivimos en un país inseguro.

Hace algunos años, en un curso en el que estudié  las transformaciones sociales en China, elaboré un ensayo acerca del terremoto de Thangshan, ocurrido en 1976, a partir del cual esa ciudad y China se transformaron.

Reproduzco ahora tres ideas: la primera es que un desastre es un momento en el que el sistema político en curso se abre (a la fuerza) al escrutinio. Lo que hemos visto en México después de los temblores del 7 y 19 de septiembre en México es un resultado de nuestro sistema político, lo vió así también China, en tiempos de Mao y sin Twitter. La segunda es que es un momento para reposicionar a ciertos actores políticos (Den Xiaoping fue uno de ellos), así que probablemente conoceremos a hombres y mujeres valientes en México, mantengamos los ojos abiertos. Y la tercera es que responder a la crisis no es un asunto de sistemas políticos buenos o malos, sino del compromiso del sistema político con lo que asume como normal; porque en estos momentos regresar a la normalidad no es la única opción, China nunca más fue normal. Se abrió entonces un momento para examinar el estilo político que tenía.

Regresando a México, los desastres destruyen, pero en ellos la prensa, las y los ciudadanos y las organizaciones de la sociedad civil, con Facebook, Twitter, whatsApp, Change, o sin ellos, podemos influir de manera sustantiva en cómo se gestionan los riesgos en nuestra sociedad y construir así el país en el que sí queremos vivir.  En el que podamos expandir nuestras habilidades para funcionar como personas, sin temor de ser víctimas de los desastres, del servicio de taxis y del crimen, organizado o no.

El 3 y 4 de octubre en el Instituto Juárez, de Villahermosa, El Colegio de la Frontera Sur y otras instituciones revisaremos investigaciones que nos ayuden a entender el desastre ”A 10 años de las inundaciones de Tabasco”, buscamos que en ese oscuro pasado encontremos fuerza y respuestas para un mejor futuro.

Más información del evento:

Congreso Regional Desastres y Vulnerabilidad social en Tabasco

Fotos: Juan Carlos Velasco