Conocer el lenguaje químico de los insectos, clave para el manejo de plagas

Julio César Rojas León
Investigador del Departamento Agricultura, Sociedad y Ambiente
El Colegio de la Frontera Sur – Unidad Tapachula
 

Los humanos como animales visuales somos incapaces de percibir un mundo paralelo lleno de compuestos químicos volátiles que está a nuestro alrededor y que son producidos por las plantas, animales, y microorganismos.

Los volátiles en muchos casos funcionan como canales de comunicación entre miembros de la misma especie o son usados por los miembros de una especie para encontrar comida y evitar a sus depredadores. Así, por ejemplo, una mariposa nocturna libera su perfume (feromona) al ambiente para atraer a machos de su especie a una distancia de hasta 10 km con el objetivo de reproducirse, o bien los mosquitos pueden localizar a los humanos por el dióxido de carbono y volátiles, generalmente producidos por bacterias, que desprendemos. Aunque la comunicación química ocurre en muchos organismos, los insectos, sin lugar a dudas, son los maestros en el uso de los volátiles para comunicarse.

En el sureste mexicano, concretamente en la Unidad Tapachula de El Colegio de Frontera Sur (ECOSUR), un centro de investigación perteneciente al Sistema de Centros del CONACyT, existe un laboratorio que se dedica a descifrar el lenguaje químico de insectos tropicales y durante varios años hemos identificado los compuestos que usan algunos insectos de importancia agrícola, médica o ecológica.

En esta nota quisiera narrarles nuestra experiencia con el insecto conocido comúnmente como el picudo de los agaves.  Los agaves, como ustedes seguramente conocen, son parte de nuestra identidad cultural. Estas plantas nos proporcionan fibras como el henequén, bebidas espirituosas, jarabe de agave, y recientemente se ha empezado a explorar la posibilidad de usar los residuos del agave como biocombustible. Desafortunadamente, el agave, como cualquier otro cultivo agrícola, tiene insectos plagas y enfermedades que le causan daños.

La plaga insectil más importante en México y a escala mundial es el picudo de los agaves; las larvas de este insecto son las que causan el mayor daño, aunque los adultos pueden ser vectores de enfermedades del agave. Lo curioso es que este insecto no causaba muchos daños a mediados del siglo pasado y cobró importancia a medida que se intensificó el cultivo de agave. Tanto los adultos como las larvas viven dentro de las plantas, lo que dificulta su control, que se basa principalmente en el uso de insecticidas.

Precisamente este último aspecto es lo que dio inicio al proyecto en el que buscábamos encontrar alternativas al uso del control químico. En colaboración con colegas del Colegio de Postgraduados, Montecillo, Estado de México, y con apoyo de una compañía tequilera nos dimos a la tarea de descifrar el lenguaje químico de este insecto.

Así descubrimos que los machos de esta especie liberan olores que atraen a hembras y machos de esta especie, lo que, en la jerga del campo, se conoce como una feromona de agregación. Además, encontramos que los machos solo producen la feromona en presencia de los volátiles del agave, y si estos últimos no están presentes, los picudos no son atraídos a la feromona.

Identificar los compuestos feromonales fue relativamente fácil, el problema fue tener suficiente cantidad de los compuestos para evaluar la actividad biológica en el campo, ya que estos no estaban disponibles comercialmente. Ante esto, tocamos las puertas de varios laboratorios de universidades del país, sin que lográramos despertar el interés de nuestros colegas para sintetizar las moléculas. Así que recurrimos a un colega en Inglaterra, quien realizó la síntesis de los compuestos pero que, al terminar la síntesis, presuroso y sin avisarnos nos envió los compuestos por correo normal, los cuales desafortunadamente nunca llegaron a nuestras manos.

Al final de este peregrinaje encontramos en México a un químico independiente que nos sintetizó los 4 compuestos feromonales, por lo que empezamos las pruebas en Oaxaca y Jalisco. Como resultados de estas pruebas, entre otras cosas, pudimos establecer que solo un compuesto era necesario para atrapar a los picudos en el campo. Pero además descubrimos que la mayoría (más del 80%) de los picudos atrapados eran hembras, lo que es una excelente noticia para fines de control de esta especie, ya que son precisamente las hembras, al poner sus huevecillos, las que juegan el papel más importante en el crecimiento poblacional del insecto.

Actualmente, la feromona es comercializada por una pequeña empresa mexicana, y es parte importante de la Campaña contra Plagas Reglamentadas del Agave del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria para monitorear las poblaciones del picudo en el Área de Denominación del Tequila, pero también se está usando en agave mezcalero en Oaxaca y Guerrero.

Nuestros estudios recientes muestran que la feromona además puede ser usada dentro de una estrategia de trampeo masivo, lo cual bajo ciertas circunstancias, evitaría usar insecticidas para controlar a este insecto plaga.

Además, estamos identificando los volátiles de la planta, que como he comentado anteriormente juegan un papel preponderante en la comunicación de este insecto. Este ejemplo muestra cómo al descifrar el lenguaje químico de los insectos puede ayudar a encontrar estrategias para manejar plagas insectiles de manera más amigable con el ambiente.