La región Valles Zoque, Frailesca y Selva de Chiapas tendrán un 2026 adverso; se pronostican altas temperaturas que estarán acompañadas de incendios.
Laura Ponce, investigadora posdoctorante en El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) y fundadora del Colectivo Los Sin Fuego en Latinoamérica, explicó que la reducción de riesgos de incendios debe comenzar mucho antes de que la temporada de fuego llegue a su punto más crítico. Explicó que la estrategia depende de la coordinación entre instituciones federales, estatales y municipales, que trabajan de forma anticipada para evitar que el fuego se propague.
“La reducción del riesgo de incendios se hace principalmente ahorita, antes de la llegada de los incendios. Las instituciones, tanto de la Federación como del Estado y municipales, se encargan de planificar, sobre todo, brechas, apertura de brechas cortafuego, conformar las brigadas comunitarias, acuerpar a esas brigadas y, sobre todo, darles dotaciones de herramientas para combate”, comentó.
El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) informó que Yenifer Herrera Varon, estudiante de la Maestría en Ciencias en Recursos Naturales y Desarrollo Rural de la Unidad San Cristóbal, ha sido galardonada con una de las prestigiosas becas del Fondo Colombia Biodiversa.
La investigación, que destaca por su rigor científico en el área de la biodiversidad, fue seleccionada entre un total de 65 propuestas provenientes de 33 universidades distintas.
Herrera Varon se posiciona así como una de las cinco beneficiarias de este apoyo diseñado para fomentar el conocimiento y uso sostenible de la riqueza biológica colombiana.
El estudio se centra en una de las interacciones ecológicas más fascinantes de los bosques húmedos tropicales: el vínculo entre aves insectívoras y enjambres nómadas de hormigas guerreras.
Según las observaciones preliminares de la investigadora, la intensa actividad de desplazamiento de estos insectos provoca el pánico entre otras especies de invertebrados. Este caos es aprovechado estratégicamente por diversas aves que siguen a las hormigas para capturar presas que intentan huir del avance del enjambre.
Bajo la dirección de la investigadora de Ecosur, Paula Enríquez Rocha, el proyecto busca descifrar cómo estas aves logran coexistir sin entrar en conflicto constante por el alimento.
La ecología sugiere que esta armonía se logra mediante el “reparto de recursos”, ya sea alimentándose en horarios distintos, ocupando estratos diferentes del bosque o aplicando tácticas de caza variadas.
El trabajo de campo se llevará a cabo en la Reserva Natural La Isla Escondida, situada en los bosques andino-amazónicos de Orito, Putumayo. Esta región es considerada un punto crítico y estratégico para la conservación debido a su altísima densidad de especies y su ubicación de transición biológica.
El pasado jueves 12 de febrero en las instalaciones de ECOSUR presenciamos la concreción de una larga charla pospuesta en la academia. La visita de Carlos Mendoza-Álvarez OP, teólogo descolonial y doctor en tecnologías, transformó el aula en un espacio de confesión política y espiritual, rompiendo esa asepsia intelectual que tantas veces nos protege de sentir el dolor del mundo. No venía a dictar una cátedra sobre dogmas, sino a invitarnos a mirar las grietas del sistema hegemónico para encontrar allí, paradójicamente, la vida.
Carlos, con la agudeza de quien ha pensado a Dios desde las víctimas y no desde el poder, lanzó una premisa potente: la historia de la humanidad está rota, sí, pero —y aquí el quiebre— está “preñada de esperanza”. No fue una frase de optimismo ingenuo. Fue una sentencia al recordarnos que hoy, en un país marcado por la violencia, son las madres buscadoras quienes han convertido las fosas clandestinas en lugares de verdad y de vida. Nos obligó a mirar cómo el patriarcado, aliado con el capitalismo extractivista y la supremacía blanca, opera como una “religión sacrificial” que exige víctimas para sostenerse. Y frente a eso, la pregunta quedó flotando en el aire, pesada e ineludible: ¿Cómo dejamos de sacrificar a otros para ser hombres?
El diálogo se movió entonces de la teoría a la “acción comunicativa”. Mendoza nos retó a pensar que despatriarcalizar no es solo un ajuste de conductas, sino la creación de “nuevos símbolos y sacramentos”. Para el auditorio será un reto imaginar que las nuevas masculinidades no necesitan solo manuales, sino rituales propios; formas de habitar lo público y lo privado que no pasen por el dominio. Se habló de subvertir el orden, de que nuestros cuerpos —tantas veces entrenados para la guerra o el silencio— aprendan a “performar” la ternura y la vulnerabilidad como un acto de resistencia política.
Carlos presentó un contexto en donde rememoró las palabras que ya son himno: “nos sembraron miedo, nos crecieron alas”. No era una cita al pie de página, era la constatación de que las mujeres ya han comenzado la revolución y que a nosotros, desde la academia o la teología, nos toca la tarea urgente de desmontar nuestros propios altares. Carlos cerró, no con conclusiones cerradas, sino con la invitación a “reimaginar un mundo diferente”, recordándonos que la esperanza no es esperar a que pase la tormenta, sino aprender a bailar bajo ella, creando pactos donde nadie tenga que morir —ni física ni simbólicamente— para que nosotros existamos. Terminó el seminario con la certeza de que la despatriarcalización es, quizás, el acto de conciencia y de fe más urgente de nuestro tiempo.
El arrecife no cría a sus hijos en casa. Los arroja por millones al mar abierto, cobijados por la oscuridad de la luna nueva. Durante días, las larvas de diferentes especies viajan como viajan los pueblos desplazados, empujados por fuerzas que no controlan. No conocen fronteras y aun así las cruzan. No saben que pertenecen al arrecife más grande de América, el Sistema Arrecifal Mesoamericano, ni que durante su desarrollo migrarán entre cuatro países hasta asentarse entre sus grietas.
El viaje comienza cuando los adultos reproductores liberan huevos al mar. De ellos emergen larvas microscópicas que pasan días en la columna de agua, viajando con las corrientes. Más tarde, esos organismos se convierten en postlarvas, juveniles tempranos que ya tienen una fisiología apta para autodeterminarse –como ojos, oídos y estómagos funcionales– y dejan de ser solo arrastradas para empezar a buscar activamente dónde asentarse.
Lourdes Vásquez Yeomans entiende al arrecife desde su infancia. Originaria de Sonora y criada en Baja California, estudió biología y posteriormente ecología marina especializándose en las fases tempranas del ciclo de vida de los peces arrecifales. Se capacitó en Miami con el doctor William Richards, pionero en el estudio e identificación de huevos y larvas de peces. Llegó al Caribe hace unos 34 años y formó parte del grupo de investigadoras que fundaron la sede de El Colegio de la Frontera Sur en Chetumal (ECOSUR), Quintana Roo.
Por Obeimar Balente Herrera y Mónica G. Morales Mendoza
El pasado viernes 6 de febrero se presentó en Tenejapa un mural que surgió de un proceso participativo impulsado por Mónica G. Morales, doctorante, y Obeimar Balente Herrera, académico de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur). La obra forma parte de la investigación doctoral que desarrolla Morales, enfocada en los valores del cafetal orgánico en territorios cafetaleros de Chiapas.
La actividad reunió a delegados, equipo técnico y a la directiva de la cooperativa Kulaktic, S.C. de R.L. de C.V., encabezada por el Sr. Francisco Girón; a familias cafeticultoras socias de la cooperativa; a personal académico y a personas colaboradoras vinculadas a procesos de investigación y acompañamiento territorial de Ecosur. También estuvieron presentes el artista plástico Emilio Gómez Ozuna y sus colaboradores, así como Antonio Saldívar Moreno, director general de Ecosur.
La inauguración fue realizada por el presidente de la cooperativa Kulaktic y del director general de Ecosur, con la participación de Carla Zamora, coordinadora del posgrado en la Unidad San Cristóbal de Ecosur, y de los artistas responsables del mural.
Durante el encuentro, el Sr. Francisco Girón compartió el contexto que dio origen a esta expresión gráfica, la cual recoge la voz de las familias campesinas sobre su cafetal y los elementos culturales, ambientales y simbólicos que lo distinguen en un territorio lleno de tradición y valores que se transmiten de generación en generación.
Arte y valores del cafetal tseltal
El mural tiene como elemento central un cafeto con frutos maduros, en interacción con polinizadores, cuyo manejo demanda un trabajo constante tanto de hombres como por mujeres. La planta crece bajo árboles de sombra, que a su vez albergan epífitas, mamíferos y aves que proveen servicios ecosistémicos y generan alimentos e insumos de autoconsumo para las familias.
La obra representa al cafetal como un espacio de trabajo, generación de ingresos, organización para la comercialización, producción de alimentos, herencia y continuidad de costumbres. En el centro se ubica un corazón, símbolo que conecta la tierra con la vida, el cultivo, la tradición, la milpa y las prácticas de la cultura tseltal, revelando que el cafetal no es únicamente un cultivo, sino también territorio, memoria, trabajo, organización y vida compartida.
Esta obra colectiva, realizada en 2026 con técnica de acrílico sobre muro, se localiza en una pared de concreto dentro de la bodega de la cooperativa Kulaktik, en Sibaniljá, Tenejapa, Chiapas, donde puede ser visitada e interpretada por el público en general.
El mural. Foto: Mónica G. MoralesPresentación de las instituciones y participantes. Foto: Dr. Eliezer PérezEl Sr. Francisco Girón, expresando el significado del cafetal. Foto: Mónica G. MoralesLos asistentes del encuentro. Foto: Mónica G. MoralesEquipo Ecosur. Foto Mónica G. Morales
La Península de Yucatán, donde se localiza el 60 por ciento de los manglares de México -alrededor de 4 millones 800 mil hectáreas-, con servicios ecológicos vitales para el funcionamiento de los ecosistemas, está en un punto crítico para su conservación, afirmó el investigador de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), Everardo Barba Macías.
No obstante el panorama, agregó: “Nosotros estamos en un muy buen momento para conservar y rescatar los humedales que tenemos; es un esfuerzo colaborativo entre Gobierno, ciudadanía y la academia”.
Destacó algunas iniciativas para la protección de los humedales como “iNaturalist”, “EcoBank”, “Tsonot y Cenoteando” que promueven el monitoreo participativo y el registro de especies a través de fotografías de dispositivos móviles. Otros ejemplos son “Big Seaweed Search MX”, enfocado en el sargazo, otra de las amenazas de la costa, y el Proyecto ACCIÓN, dedicado a la restauración de manglares.
Y es que México ocupa el segundo lugar mundial en Sitios Ramsar con 142 humedales de importancia internacional, los cuales abarcan una superficie de más de 8.6 millones de hectáreas; el inventario nacional identifica también más de 6 mil complejos de humedales que protegen una gran biodiversidad, incluyendo manglares, ciénegas y oasis. Los Sitios Ramsar son humedales de importancia internacional reconocidos por la Convención de Ramsar (años de 1971) por su valor ecológico, biodiversidad y provisión de servicios ecosistémicos, abarcando pantanos, manglares, ríos y lagos protegidos.
Durante su aportación como parte de las acciones de divulgación del Sistema de Investigación, Innovación y Desarrollo Tecnológico del Estado de Yucatán (Siidetey), el especialista explicó que los humedales funcionan como filtros naturales del agua; retienen sedimentos y contaminantes; actúan como barreras naturales ante tormentas y huracanes; y contribuyen a regular el clima mediante la captura de carbono atmosférico.
Desde su experiencia de más de 25 años en proyectos como el Atlas de los humedales del sur-sureste y sus amenazas, así como estudios recientes sobre percepción social y captura de carbono en humedales urbanos en Tabasco, Barba Macías dijo que el sureste de México concentra cerca del 30 por ciento de los recursos hídricos y el 16 por ciento de los humedales, relación que exhibe la importancia de estos ecosistemas.
El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) forma parte de un cuerpo colegiado de 18 instituciones que respaldan estudios del Siidetey, con el objetivo de fortalecer la generación y divulgación del conocimiento científico en Yucatán.
Humedales en Yucatán
Tan sólo en Yucatán, los humedales abarcan más de 600 mil hectáreas incluyendo manglares y ciénagas que están en condición de alto valor ecológico pero, al mismo tiempo, resienten una fuerte presión antrópica, o sea, producción o modificación, mediante una intensa actividad humana. Aunque protegidos en sitios como Ría Lagartos y Celestún (zonas costeras al oriente de la entidad), sufren contaminación por residuos, urbanización desmedida, actividades agroindustriales (porcícolas) y cambios de uso de suelo.
Según estudios de la Secretaría de Desarrollo Sustentable (SDS) de Yucatán, entre las principales amenazas para los humedales están la contaminación, ya que la alta permeabilidad del suelo cárstico local permite que la contaminación por residuos, agroindustria y aguas residuales afecte fácilmente el manto freático y los humedales costeros, y el desarrollo inmobiliario que impacta la conservación de los humedales porque el cambio de uso de suelo reduce la extensión de los manglares, vitales para capturar carbono y proteger la costa, señala la SDS.
El doctor de teología, Carlos Mendoza, narró su experiencia dando clases en el Boston Collage, una universidad privada de Estados Unidos dirigida a élites, en la que los estudiantes blancos cada vez más reproducían los discursos del actual presidente del país vecino, Donald Trump.
En el marco del seminario institucional “¿Cómo construir pactos no patriarcales?” organizado por El Colegio de Frontera Sur (Ecosur), Carlos Mendoza, señaló que los profesores extranjeros que mostraban una postura crítica ante el gobierno estadounidense sufrieron de censura explicita e implícita porque eso podía dañar el prestigio de la institución y por ende, su financiamiento.
Indicó que el gobierno de Donald Trump encarna un modelo de religión patriarcal. Al respecto, mencionó a la que fue asesora del presidente, Paula White, pastora y telepredicadora, quien tiene una lectura fundamentalista de la biblia, señaló el también obispo.
El pasado 7 de febrero,se llevó cabo el segundo de cuatro intercambios de experiencias con 37 mujeres de las comunidades Cinco de Febrero y Lázaro Cárdenas, municipio de Champotón, así como en Enrique Rodríguez Cano y Cristalina municipio de Carmen, en el estado de Campeche. La actividad forma parte del proyecto “Alianza para la inclusión de las mujeres en los programas agroforestales en Campeche, México”, que impulsa el aprendizaje compartido y la colaboración entre comunidades. Durante el encuentro, las participantes intercambiaron saberes sobre la producción de lombricomposta y la comercialización de alimentos generados en huertos con manejo agroecológico, fortaleciendo prácticas que aportan a la soberanía alimentaria. También compartieron plantas, semillas y cosechas de sus propios huertos, reforzando redes de apoyo y conocimiento entre mujeres. Estos espacios impulsan el trabajo comunitario y resaltan el valor de los sistemas agroecológicos para el bienestar local.
El proyecto cuenta con el apoyo de la Embajada de Francia en México, dentro del programa “Fonds Équipe France” con el código 2025-166/0209-DGM-25-0290.
Con el objetivo de derribar estereotipos y acercar el conocimiento a la juventud, se llevó a cabo con éxito el Festival de la Mujer y Niña en la Ciencia, que logró convocar a 19 instituciones educativas y de investigación, transformando el aprendizaje en una experiencia lúdica y accesible para cientos de estudiantes.
La jornada contó con la presencia de referentes científicos como: El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR), Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), así como el COBACH y Blueworld Aquarium, entre otros.
La doctora Leslie Solís Montero, investigadora de ECOSUR, destacó que los asistentes al Planetario pudieron sumergirse en el mundo de la investigación mediante actividades dinámicas. Desde el estudio de mosquitos, hongos y plantas, hasta presentaciones de títeres y eventos culturales, el festival demostró que la ciencia no tiene por qué ser rígida.
La doctora Solís, quien también forma parte del programa Investigadoras por México, señaló una realidad preocupante: la participación femenina disminuye conforme se avanza en los niveles educativos.
«A medida que se avanza, el número de mujeres disminuye debido a diversos desafíos. Este foro pretende inspirar a las niñas, mostrándoles con ejemplos reales que es posible alcanzar sus metas en la investigación», afirmó Solís.