el colegio de la frontera sur

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Podcast: “Murciélagos”

Programa: Voces de la ciencia desde el sur

Participa: Biólogo Jorge Bolaños

Tema: “Murciélagos”

Estación Radiofónica: La Radio del ColMich

 

Te invitamos a escuchar nuestro programa “Voces de la ciencia desde el sur” transmitido todos los jueves a las 12:00 hrs por www.radiodelcolmich.com

 

Sobre llovido mojado: actividad apícola en el poniente de Bacalar, Quintana Roo tras el paso de las tormentas tropicales

Por Amalia Gracia[1]

A las afectaciones por la pandemia  que experimentan de manera más intensa las campesinas y los campesinos, las trabajadores y los trabajadores de las economías populares y social-solidaria se vienen a sumar otras perturbaciones que, aunque de carácter abrupto, responden a problemas endémicos derivados de modelos de desarrollo de máxima explotación de las personas, la tierra y los demás bienes comunes.

 

LEER TEXTO COMPLETO:

CHIAPAS PARALELO: https://www.chiapasparalelo.com/opinion/2020/06/sobre-llovido-mojado-actividad-apicola-en-el-poniente-de-bacalar-quintana-roo-tras-el-paso-de-las-tormentas-tropicales/

Urge declarar emergencia climática y alimentaria en Bacalar: Amalia Gracia

Joana Maldonado
La Jornada Maya

Socios y autoridades de la cooperativa Kabi Habin, conformada por 170 personas de 27 comunidades del poniente del municipio de Bacalar, han perdido la mayoría de sus abejas y en algunos casos todas constituyendo “un duro golpe a sus medios de sustento familiar”, informó la académica e investigadora del Colegio de la Frontera Sur, María Amalia Gracia, quien urgió se declare la emergencia climática y alimentaria y se invierta en caminos rurales en lugar de megaproyectos para fortalecer actividades alimentarias.

La investigadora, titular del Departamento de Sociedad y Cultura en Ecosur-Chetumal, apuntó que a las afectaciones por la pandemia en el campo a las economías populares y social-solidaria se suman otras que responden a problemas endémicos “derivados de modelos de desarrollo de máxima explotación de las personas, la tierra y los demás bienes comunes”, y es el caso del sector apícola en Bacalar.

 

 

LEER TEXTO COMPLETO EN:

LA JORNADA MAYA: https://www.lajornadamaya.mx/2020-06-21/Urge-declarar-emergencia-climatica-y-alimentaria-en-Bacalar–Amalia-Gracia

La salud es un derecho

Por Gerardo González Figueroa

Cuando hablamos en la sociedad de una pandemia como la del Covid-19, tenemos como referencia lo que nos dicen los medios de comunicación y las redes sociales, y muy poco de lo que dicen los actores sociales como el gobierno o sea, las instituciones de salud, en particular la Secretaría de Salud, y de las autoridades locales y si bien nos va, del personal de salud al que tenemos acceso. Es claro que en nuestra sociedad no creemos mucho en el gobierno.

Hoy es común referirnos a lo que dice la ciencia o a la evidencia científica y podemos en lo general, enterarnos del avance de este terrible mal. Circula en los medios, en redes información, mucha de ella sin análisis, ya no se diga desde la divulgación científica, sino de las notas cotidianas. Pocos son los medios que divulgan lo que nos ayude a informarnos, a entender cómo y de qué manera va evolucionando este terrible mal de nuestro tiempo. No solo eso, sino qué podemos hacer en la sociedad.

La salud es un derecho

Por Gerardo González Figueroa

Cuando hablamos en la sociedad de una pandemia como la del Covid-19, tenemos como referencia lo que nos dicen los medios de comunicación y las redes sociales, y muy poco de lo que dicen los actores sociales como el gobierno o sea, las instituciones de salud, en particular la Secretaría de Salud, y de las autoridades locales y si bien nos va, del personal de salud al que tenemos acceso. Es claro que en nuestra sociedad no creemos mucho en el gobierno.

Hoy es común referirnos a lo que dice la ciencia o a la evidencia científica y podemos en lo general, enterarnos del avance de este terrible mal. Circula en los medios, en redes información, mucha de ella sin análisis, ya no se diga desde la divulgación científica, sino de las notas cotidianas. Pocos son los medios que divulgan lo que nos ayude a informarnos, a entender cómo y de qué manera va evolucionando este terrible mal de nuestro tiempo. No solo eso, sino qué podemos hacer en la sociedad.

Domina en la arena política el que hagamos juicios sumarios. Creo que no se trata de defender a nadie, y el gobierno sea de cualquier índole, está para darnos certeza. Sin embargo estamos tan polarizados que evaluamos desde nuestra percepción, y no nos damos cuenta de que en toda acción o decisión siempre hay un contexto.

Predomina en nuestra ambiente, y eso hay que decirlo, una creciente animadversión al Presidente, y por ahora no es materia para detenernos en analizarlo, simplemente es parte de esta coyuntura maldita que nos quita el sueño, pues la pandemia está, en el país, creciendo y dañando la vida humana.

En salud, sí, en salud, ponemos atención a la vida, no a la enfermedad ni a la muerte, como ya lo he escrito, enfermedad y muerte es consecuencia de cómo vivimos. Pero en esta vida de consumo nuestro paradigma dime cómo me veo y te diré de a cómo es.

Me preocupa leer en redes y medios de comunicación que ante nuestra angustia, cualquier noticia es vista con esperanza, pues tener una vacuna o un tratamiento que no nos ponga en la incertidumbre de la hospitalización, de la gravedad mortal. La libertad es no solo pensar y hacer, sino sabernos sanos, educados, alimentados, así como la autorresponsabilidad de nuestros cuerpos, es una relación creadora que rebasa a las personas, pues soy libre en la medida en que las y los otros también lo sean.

En esta crisis hemos olvidado el origen, ya lo han señalado las capacidades de personas activistas, de la academia, de la política: hemos dañado a la naturaleza, y el consumo sin límites, además de nuestro individualismo.

Pero no por ello debemos obviar que también, hemos avanzado en tener derechos, en mejorar la representación política, en crear y recrear nuevos espacios como lo es la autonomía, o, experiencias autogestivas que nos hace resistir, y nos plantea desde el ámbito de la vida comunitaria, diversos modos de ver nuestra compleja realidad.

Hace algunas semanas personas, hombres y mujeres, desde jóvenes hasta adultos, nos dimos a la tarea de reflexionar y aprender por qué nos enfermamos, qué es el Covid19 como enfermedad y cómo podemos organizarnos para atenderlo.

No nos referimos a las personas del gobierno, es una abstracción, sino valoramos que eso que llamamos salud-enfermedad, es un vivir a diario, pues la educación, alimentación, empleo e ingreso, la naturaleza, la forma en que estamos organizados, son determinantes sociales de la salud, y que hoy las vivimos, como por ejemplo la diabetes, la hipertensión, el cáncer, el sobrepeso, entre otras, han cambiado nuestras formas de vida.

También observamos eso que llaman pobreza económica, pues reconocemos que en estas regiones, las montañas tienen bosques y ríos que se valoran con mucha importancia, es posible, como dicen muchos expertos que al no querer a la madre tierra, es por lo que vengan estas enfermedades que hoy estamos viendo, y que se le han nombrado pandemias.

Este virus letal podemos defendernos de él, de forma colectiva, la higiene es prioritaria, como lavarnos las manos, la distancia entre personas a más de metro y medio (la sana distancia), lavar frutas y verduras, y más si estas vienen en bolsas, y el uso de mascarilla o cubrebocas estando en los espacios públicos. En muchas comunidades hay escasés de agua, pero es posible lavarse las manos, aunque no lo crean, la gente indígena se lava las manos antes de comer.

Nos dimos a la tarea de buscar un mecanismo sencillo de información, poniendo de base a las y los migrantes, en particular a los que llegan, para notificar y actuar en consecuencia con la posibilidad de que sean portadores del virus, pero en especial de proteger a las y los ancianos y quienes estén enfermos.

Es importante romper el mito de que las comunidades indígenas requieren de salvadores, ya sean ONG, iglesias y activistas, las comunidades requieren de acompañantes, respetuosos de sus formas de pensar y de hacer, ya que existe todo un arcoíris de saberes y de prácticas que hoy luchan por seguir siendo lo que son, y de mostrarnos la pluridiversidad que construyen a diario.

El derecho a ser, el derecho a tener no son dádivas, responden a una larga travesía en organizarse, por ejemplo en gobiernos comunitarios y autónomos, o en colectivos y redes, o en grupos que le dan duro a que se abran las famosas grietas del capitalismo, o si se prefiere del neoliberalismo.

El derecho a la salud es un ejercicio pleno de nuestra libertad, y corresponde al Estado mexicano trabajar para que se cumpla a cabalidad, no caben exclusiones, ni tampoco el que no se tengan los recursos necesarios para su pleno desarrollo, el del derecho a la salud.

Esta pandemia nos enseña que si hay prioridades, este se da justo, en la salud, si ya fue obviado y postergado por el anterior régimen, un gobierno que quiere la transformación, ya es su punto de  partida hablar de la salud como ejercicio pleno de derecho, sino de hacer que se cumpla más allá de su retórica.

Correo electrónico: ggonzalez@www.ecosur.mx

TEXTO PUBLICADO EN CHIAPAS PARALELO:

¡Entre la precarización y la necesidad! Ser repartidor en tiempos del COVID-19 en Chiapas

Iván Francisco Porraz Gómez[1]

Un estudio de la Organización Internacional del Trabajo detalló que una de cada seis personas menores de 29 años y en edad de trabajar ha dejado de hacerlo desde que apareció la COVID-19; aquellos que conservaron sus puestos de trabajo han visto cómo su jornada se reducía en un 23% como media (Animal Politico, 27 de mayo de 2020). Esta es una realidad que viven miles de jóvenes en numerosos estados de México; en Chiapas por ejemplo, los que se dedicaban al sector de servicios turísticos fueron despedidos, otros más se fueron a sus casas sin salario alguno, pero eso sí, bajo la promesa de que sus empleadores les guardarían el puesto de trabajo y volverían a laborar al terminar la contingencia.

 

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¡Entre la precarización y la necesidad! Ser repartidor en tiempos del COVID-19 en Chiapas

Iván Francisco Porraz Gómez[1]

Un estudio de la Organización Internacional del Trabajo detalló que una de cada seis personas menores de 29 años y en edad de trabajar ha dejado de hacerlo desde que apareció la COVID-19; aquellos que conservaron sus puestos de trabajo han visto cómo su jornada se reducía en un 23% como media (Animal Politico, 27 de mayo de 2020). Esta es una realidad que viven miles de jóvenes en numerosos estados de México; en Chiapas por ejemplo, los que se dedicaban al sector de servicios turísticos fueron despedidos, otros más se fueron a sus casas sin salario alguno, pero eso sí, bajo la promesa de que sus empleadores les guardarían el puesto de trabajo y volverían a laborar al terminar la contingencia.

La precarización laboral, la desigualdad, y también la necesidad de sobrevivir de la población joven en Chiapas se evidenció aún más con la pandemia. El oficio como repartidor de comida, bebidas, y/o medicamentos aumentó en numerosos municipios del estado, la mayoría de quienes ahora se emplean en este campo son jóvenes, hombres y mujeres, que realizan su trabajo en motocicletas o en bicicletas. En San Cristóbal de Las Casas y en Tapachula existen pequeñas empresas que ofrecen servicio a domicilio, la mayoría de estas no pertencen a cadenas trasnacionales como Uber Eats, Rappid, Postmates, entre otras. Por el contrario, son iniciativas locales que se comenzaron a gestar en estas ciudades hace algún tiempo derivado de la demanda.

La pandemia mundial nos muestra expresiones en las que pesa una relación desnuda entre el capital y el trabajo, una relación sin mediación alguna que proteja la vida y los derechos fundamentales de miles de trabajadores, para el caso particular, las vidas de muchos jóvenes repartidores. Juan nos comenta sobre su experiencia: “Yo trabajaba de mesero en un restaurante en el centro de San Cristóbal, pero cerraron por esto del virus y me quede sin chamba, un mi amigo me dijo que acá había trabajo de repartidor y de hacer mandados, así que pues acá estoy, lo que se me complica es que no conozco mucho las calles de la ciudad y a veces se me van las cuentas, porque nosotros cobramos a los clientes y luego llevamos el dinero al patrón. Por viaje se cobra dependiendo de la distancia, entre 40 o 35 pesos, no más, y de eso ya nos dan un porcentaje, porque acá tiene que salir para la gasolina de la moto, y pues en la chamba solo me dieron mi cubrebocas y la moto, el casco y el impremiable yo lo conseguí, pero para estar sin trabajo, esto ya cae para la papa”.

Alberto, un joven originario de un municipio cercano a San Cristóbal nos cuenta: “Pues yo estudio en la prepa 2, allá por la salida a Comitán, ahora no hay clases y solo nos dejan hacer algunas tareas, por esto del virus que anda matando a la gente. Tengo un primo que trabaja en un restaurante que hacen hamburguesas, y me dijo que sino quería trabajar por las tardes para repartir los pedidos que hacen los clientes, que consiguiera una bici o comprara una para poder trabajar, así que acá estoy, a veces hay varios pedidos, otras solo tres, yo me encargo de los más cercanos, se cobra $30 pesos por el viaje, de acá me dan 20 pesos y le doy 10 pesos al dueño, y a veces la gente me da propina extra, pero pues eso sí tengo que estar pilas con el cambio, sino yo pierdo. Me va bien pero es cansado, a veces los perros te salen a correr o la gente se enoja si llegas tarde o está fría la comida, pero la necesidad es la necesidad, me doy cuenta que hay varios chavos en esto…”.

Estas experiencias pueden ser similares a las de muchos jóvenes repartidores en la Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, entre otras. La precarización laboral es una constante, y los peligros en la vía pública aumentan para muchos de ellos; saben que también pueden contagiarse de COVID-19 pero prefieren no pensarlo… Éstas son las tremendas contradicciones de ese México real, de los que no pueden quedarse en casa, pero también de lo que esta pandemia ha dejado y dejará sin un empleo y un salario para sobrevivir, “sino me mata el virus, me mata el hambre”, es una frase que es referida y vivida por miles de mexicanos(as). O ser “empresarios de nosotros mismos” (Vázquez, 2005).

Juan y Alberto son parte de esos otros héroes anonimos que están poniendo el cuerpo y la vida en medio de este caos, por necesidad y para sobrevivir, a ellos, a ellas y a los miles de repartidores de México y del mundo, sólo queda decirles gracias…

 

Animal político, ‘La generación del confinamiento’: COVID dejó a uno de cada seis jóvenes en el mundo sin trabajo: OIT. 27 de mayo de 2020.

Vázquez García, Francisco (2005). “Empresarios de nosotros mismos. Biopolítica, mercado y soberanía en la gubernamentalidad neoliberal”. En Javier Ugarte Pérez (coord.), La administración de la vida. Estudios biopolíticos. Barcelona: Anthropos.

[1] Investigador de ECOSUR-Tapachula, colaborador del Observatorio de las Democracias: sur de México y Centroamérica (ODEMCA).

 

TEXTO PUBLICADO EN CHIAPAS PARALELO :