Alimentación y salud de familias de áreas rurales de Chiapas

Por Guadalupe Álvarez Gordillo (Ecosur) y Raimunda Santana (investigadora independiente)

En el Departamento Sociedad y Cultura de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) estamos realizando la investigación “Miradas sobre la vulnerabilidad en el sureste de México: megadiversidad y prácticas alternativas para el bienestar”, que integra el objetivo de conocer los hábitos alimenticios y los daños que cambios actuales en estos provocan en la salud de la población de localidades rurales de los municipios de Las Margaritas y Comitán, Chiapas.

A través de nuestro estudio hemos podido observar que en las zonas rurales se ha consolidado, de manera gradual y rápida, la cultura global de comercialización de alimentos industrializados que está modificando las prácticas y costumbres socioculturales de la población que hasta hace pocas décadas basaba su alimentación en la producción de autoconsumo.

Derivado de lo anterior, en los perfiles de causas de enfermedad y muerte de los municipios estudiados aparecen en los primeros lugares la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, las cuales convergen con problemas como la desnutrición y la obesidad, enfermedades infecciosas como la tuberculosis e infecciones respiratorias agudas, además de padecimientos gastrointestinales y brotes de dengue, entre otras.

Los cambios en la alimentación en contextos de pobreza

El proceso de alimentación, que incluye el acceso, la distribución, la preparación y el consumo, se ha transformado drásticamente ante la disminución de la producción de alimentos para el autoconsumo, el bajo ingreso económico y el abandono de ciertas prácticas como la preparación de tortillas hechas a mano y el cultivo de quelites, entre otros alimentos, además de la penetración de alimentos industrializados con altos contenidos de grasas y carbohidratos.

En el análisis que realizamos sobre las prácticas de alimentación, salud y seguridad alimentaria en las localidades Villahermosa Yalumá y Guadalupe Quistaj, ambas en el municipio de Comitán, Chiapas, encontramos que existe un alto consumo de alimentos industrializados y que los sistemas de producción de alimentos locales, centrados hasta ahora en el maíz y el frijol, han sido afectados por el deterioro del suelo, la contaminación del agua y la sequía.

Asimismo, los apoyos gubernamentales que promueven el uso desmedido de fertilizantes han ocasionado el deterioro del suelo y con ello la crisis del cultivo tradicional, de tal modo que los pobladores han abandonado sus tierras y adoptado la compra del maíz y frijol, que antes producían, así como el consumo de tortillas de maseca y alimentos enlatados para complementar su dieta.

De esta manera, en las últimas décadas, en contextos de pobreza —donde predominaba la desnutrición— empezó a aparecer la obesidad, como resultado de las condiciones sociales, ya que las personas empezaron a consumir alimentos industrializados por su bajo costo, fácil acceso y la sensación de saciedad que les proporcionan.

La población percibe que, además de la pérdida de cultivos de hortalizas y la escasez de alimentos, ha habido un deterioro de la biodiversidad y de los recursos naturales y que, aunado a esto, las estrategias locales como la venta o intercambio de maíz, frijol y hortalizas resultan insuficientes para que los pobladores puedan cubrir sus necesidades de alimentación y vivienda, por lo que, para tener un ingreso económico o mejorar el que tienen, emigran a otros lugares dentro del estado de Chiapas y a regiones agrícolas de temporal en el norte del país, con lo cual su proceso alimentario y el de sus familias sufre alteraciones, y las posibilidades de mantener una buena salud se tornan todavía más difíciles.

Las Encuestas Nacionales de Salud y Nutrición de 1988, 1999 y 2006 han registrado prevalencias de desnutrición en muestras representativas en menores de cinco años, tan altas como 41.5 por ciento, siendo los estados más afectados Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Yucatán (Coneval, 2009).

La obesidad y la diabetes están impactando las ya de por sí precarias condiciones socioeconómicas de la población de contextos rurales, debido a que implican gastos imprevistos y pueden provocar, en algunos casos, la incapacidad para el trabajo de las personas que las padecen.

Políticas de salud alejadas de los contextos

Las políticas y estrategias de prevención y control de daños a la salud relacionadas con la alimentación no han tenido un impacto favorable en la población, ya sea por falta de análisis de los diferentes contextos, por una mala formulación o por ser transmitidos de manera poco clara.

Por ejemplo, en localidades de Las Margaritas y Comitán para la población que vive en condiciones de marginación y pobreza y especialmente para las mujeres, a quienes culturalmente se les ha asignado las tareas de los cuidados de la salud y alimentación, los conceptos “dieta equilibrada” y “actividad física” que promueve el sistema de salud son vacíos de sentido ante su necesidad de conseguir la comida diaria.

La obligación de cumplir las metas de los programas federales aleja al personal de salud de una acción efectiva que tome en cuenta las condiciones particulares, las percepciones y la participación de las comunidades locales para enfrentar padecimientos como la obesidad y la diabetes.

Ante esta situación, se requiere que las políticas de atención a la salud tomen en cuenta las condiciones socioculturales de las personas a las que se dirigen. Que contemplen, por ejemplo, que la adopción y la transformación de la cultura alimentaria no siempre es una elección libre para mujeres y hombres, principalmente de los estratos socioeconómicos más bajos, quienes adoptan el consumo de ciertos alimentos de acuerdo a sus posibilidades.

Los estudios de las transformaciones de las prácticas alimenticias en contextos de pobreza han privilegiado el enfoque cuantitativo; hoy necesitamos abordar el estudio de los daños a la salud, la nutrición y la seguridad alimentaria desde la perspectiva cualitativa y tomar en cuenta la voz de las personas para proponer políticas viables para los diferentes contextos del país.

Talleres en Yalumá

En este contexto, en el que ha habido una fuerte penetración de la comida industrializada en las comunidades rurales que está alterando la salud de la población, realizamos un diagnóstico participativo en la comunidad de Villahermosa Yalumá, cuya principal actividad económica es la agricultura de autoconsumo, con el propósito de conocer su realidad.

Las personas participantes identificaron la producción de alimentos en sus huertos como una alternativa viable para su subsistencia, debido a los problemas que enfrentan las familias como la falta de empleos y los altos precios de los alimentos.

Bajo esta premisa, implementamos una serie de talleres en los que participaron 28 personas, —mujeres, hombres, jóvenes, niñas y niños— para conocer técnicas de cultivo, de fertilización de suelos, de prevención y control de plagas, así como para la captación de agua, además de aprender sobre el valor nutricional de los productos que siembran y alimentación saludable, entre otros temas.

Con esto confirmamos que la conservación del patrimonio biocultural y la educación son claves para tener una buena alimentación, por lo que se necesitarán más acciones que favorezcan la sustentabilidad y la toma de conciencia sobre la relevancia que tiene la alimentación y el consumo de alimentos locales para nuestra salud.

Autoras

La doctora Guadalupe Álvarez Gordillo es investigadora del Departamento Sociedad y Cultura de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur). Por su parte, Raimunda Santana es investigadora independiente (raybr23@gmail.com).

 

Nota en El Sol de México. https://www.elsoldemexico.com.mx/analisis/alimentacion-y-salud-de-familias-de-areas-rurales-de-chiapas-2674892.html