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Microplásticos en el pulpo maya: investigación revela su presencia en el 93.68 % de los ejemplares analizados en Campeche | ESTUDIO

Microplásticos en el pulpo maya: investigación revela su presencia en el 93.68 % de los ejemplares analizados en Campeche | ESTUDIO

7 septiembre, 2026

Convocatoria cerrada

En el fondo marino, el pulpo maya (Octopus maya) busca pequeños crustáceos y moluscos para alimentarse. Allí, donde pasa buena parte de su vida, se acumulan partículas diminutas de plástico. Algunas pueden terminar dentro de sus presas y otras mezclarse con los sedimentos que el pulpo remueve mientras busca alimento. Lo que ocurre dentro del pulpo es una señal de hasta dónde ha penetrado la contaminación por plásticos en un ecosistema del que dependen comunidades, pesquerías y consumidores de la península de Yucatán, en el sureste de México.

Un estudio publicado en julio de 2026 en la revista Regional Studies in Marine Science encontró microplásticos en 89 de 95 pulpos mayas analizados en laboratorio, es decir, en 93.68 % de los ejemplares. En total, los investigadores encontraron 367 partículas en sus tractos gastrointestinales. Además, el promedio de microplásticos pasó de 3.18 partículas por individuo en 2021 a 4.62 en 2024, un incremento de 30.80 % entre ambos años.

La pesca de pulpo es una actividad económica clave para el sector pesquero mexicano. El estudio señala que, en 2024, la captura nacional superó las 34 000 toneladas, de las cuales unas 25 000 corresponden a la península de Yucatán. Allí, la pesquería se sostiene principalmente de dos especies, el pulpo maya y el pulpo común (Octopus vulgaris), con el primero representando cerca del 75 % de la captura regional. La producción abastece restaurantes locales y de Cancún, llega a mercados como La Viga, en Ciudad de México, y también se exporta a países como Italia, España, China, Japón, Corea y Estados Unidos.

Del fondo marino a la mesa

La presencia de microplásticos abre una pregunta inevitable no solamente sobre la salud de estos animales, sino también sobre la de las personas que los consumen. Sin embargo, el estudio no demuestra que comer pulpo contaminado provoque enfermedades específicas, como el cáncer u otras.

En México, el tracto gastrointestinal del pulpo normalmente no forma parte de lo que se consume, por lo que retirar las vísceras reduce la exposición directa a las partículas encontradas allí. Los autores plantean, no obstante, que todavía hace falta investigar si algunos compuestos asociados con los plásticos pueden llegar a los tejidos que sí se consumen.

Para Griselda Escalona Segura, investigadora titular de El Colegio de La Frontera Sur (Ecosur) Campeche, especialista en ecología y biología evolutiva, quien ha estudiado la contaminación por plásticos en fauna silvestre, especialmente en aves, los efectos de los microplásticos pueden variar según la especie, la forma y el tamaño de las partículas, la alimentación y la concentración en el ambiente.

“Algunos estudios encontraron una disminución de las reservas energéticas asociada a la ingesta de microplásticos en cangrejos y gusanos de arena, e incluso una reducción en el número y tamaño de ovocitos en ostras”, ejemplifica la especialista.

Sin embargo, advierte que buena parte de la evidencia toxicológica disponible procede de experimentos de laboratorio. “Los estudios sobre microplásticos en condiciones ambientalmente realistas aún están en pañales, con muchas preguntas sin resolver para predecir sus riesgos para la salud humana”, sostiene Escalona Segura.

A ello se suma la posibilidad de que las partículas pasen de unas especies a otras a través de la cadena alimenticia. “El efecto de los microplásticos en los ecosistemas es acumulativo y biomagnificador ya que al insertarse en la base de la cadena trófica —como el plancton—, los microplásticos pasan a los depredadores superiores acumulándose en concentraciones cada vez mayores”, explica la investigadora. “Es decir, los humanos podemos adquirir plásticos vía nuestros alimentos”.

La respuesta frente a esta posibilidad, dice Escalona, comienza por reducir la entrada de plástico al mar. “Remediar es más caro que prevenir”, advierte. “En otras palabras, lo que todas y todos tenemos que hacer es disminuir el consumo de plásticos y depositarlos en lugares específicos para ello, de tal manera que causen menos daño al ambiente”.

Y concluye: “Quitar todos los plásticos que se han vertido al mar es algo costoso y al parecer una tarea gigantesca, pero se tiene que hacer si no queremos la extinción de todos los seres vivos, incluyéndonos”.

Por eso, para los autores del estudio, el hallazgo en los pulpos es también un punto de partida. Proponen establecer estrategias de monitoreo de microplásticos, evaluar sus posibles efectos ecotoxicológicos y estudiar si estos contaminantes pueden afectar procesos como la reproducción y el crecimiento de las poblaciones de pulpo maya. Además, apuntan que también es importante capacitar a las cooperativas pesqueras de Campeche para que denuncien a los ciudadanos que arrojan basura al mar y para que realicen una evaluación de riesgos de microplásticos en el pulpo maya frente a las costas de Campeche, considerada una de las zonas pesqueras más importantes del estado y de la península de Yucatán.

El llamado también tiene una dimensión de manejo ambiental. La pesca del pulpo maya está regulada para evitar la sobreexplotación y mantener la productividad de la especie. Para Campeche y Yucatán existe un volumen permisible de captura de 28 000 toneladas de peso fresco entero. Pero los investigadores señalan un contraste: mientras existen mecanismos específicos para gestionar la pesquería, no hay una institución responsable de administrar la contaminación por plásticos y microplásticos en Campeche.

LEE LA NOTA COMPLETA EN: https://es.mongabay.com/2026/09/microplasticos-en-el-pulpo-maya-investigacion-revela-su-presencia-en-el-93-68-de-los-ejemplares-analizados-en-campeche-estudio/

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