En el universo cromático de los mayas, el rojo tenía un profundo significado simbólico. Lo obtenían del k’uxub, conocido hoy como achiote (Bixa orellana), un arbusto cuyas semillas producen bixina, un pigmento natural. Además de usarse en rituales y como medicina tradicional, actualmente es un colorante muy valorado en las industrias alimentaria, cosmética y farmacéutica.
Recientes investigaciones han revelado su riqueza genética y bioquímica, y su aplicación ha cobrado nuevo impulso porque es seguro para el consumo humano y está aprobado por organismos internacionales, como claro ejemplo de saberes ancestrales que inspiran soluciones sustentables.
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