Impacto de los programas sociales alimentarios en hogares de Calakmul, Campeche

Brenda Olvera Delgadillo*, Santana Navarro-Olmedo**, Birgit Schmook*** y Claudia Radel****

*Egresada de la Maestría en Ciencias de ECOSUR **Egresado del Doctorado en Ciencias de ECOSUR ***Investigadora de ECOSUR****Investigadora de la Universidad Estatal de Utah

Datos revelados por una encuesta y entrevistas realizadas por El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) sugieren que los programas gubernamentales Programa de Inclusión Social PROSPERA, Programa de Apoyo Alimentario (PAL), Programa Estratégico para la Seguridad Alimentaria (PESA) y Cocinas Escolares, han impactado negativamente en la dieta de los hogares de dos comunidades del municipio de Calakmul, al favorecer o incrementar la compra de alimentos industrializados mediante las ayudas económicas en efectivo y el otorgamiento de despensas.

Este efecto no deseado de los programas de apoyo alimentario con frecuencia está reforzado por la insuficiente producción de alimentos —maíz, frijol, calabaza, entre otros— tanto para la subsistencia como para la comercialización, lo cual tiende a empeorar la condición nutricional de la población.

La desinformación, el bajo nivel educativo, la nula educación nutrimental y la gran disponibilidad de alimentos industrializados, son factores que contribuyen al consumo de estos alimentos en las familias rurales del sureste de México, quienes tienen una larga tradición de producción agrícola y ganadera e históricamente han basado su alimentación en los alimentos que producen.

Al analizar el impacto que estos programas sociales alimentarios —PROSPERA, PAL, PESA, Cocinas Escolares— tienen entre la población de Calakmul, se encontró que si bien tienen un efecto positivo al disminuir de manera temporal la vulnerabilidad alimentaria en los hogares, el balance general es negativo. Por ejemplo, el flujo constante de las transferencias monetarias de PROSPERA ha permitido a los hogares contar con dinero en efectivo, lo que facilita a la población comprar insumos para los cultivos y la cría de animales de traspatio, pero también la compra de alimentos y bebidas procesados, hecho que genera un cambio no positivo en el patrón alimentario.

Por su parte, observamos que PESA fomenta y promueve el consumo de alimentos locales utilizando los recursos con los que cuentan las comunidades como cactáceos, tubérculos, hierbas, animales de monte, maíz y frijol, entre otros, es decir que hay un cambio positivo en el patrón de consumo de alimentos locales por hogar pero insuficiente para que las familias cambien su preferencia por el consumo de alimentos industrializados.

El principal efecto positivo del PAL, observado por las mujeres beneficiadas fue que les permite la mayor movilidad para realizar sus tareas cotidianas, puesto que las reglas de operación del programa no las sujeta a cumplir con condiciones más que acudir al menos una vez al semestre a la clínica de salud y estar presentes el día de pago. Sin embargo, los apoyos monetarios y los complementos alimenticios del programa no contribuyen al cambio en el patrón de consumo alimentario al ser utilizados para la compra e intercambio de alimentos industrializados.

Finalmente, el programa de Cocinas Escolares resultó significativo por el hecho que cada vez más niñas y niños tienen acceso a los desayunos que ofrece el programa, en particular en una de las comunidades donde se realizaron las encuestas y el cuestionario.

Esta situación alimentaria actual en las comunidades rurales de México es resultado de una ola de cambios que inició la administración pública en la década de los 80 y que trajo consigo una serie de transformaciones económicas y políticas como la reducción de las inversiones públicas de apoyo al campo, desmantelamiento de programas sociales y juntas de comercialización estatales, y la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con América del Norte y Canadá (TLCAN) en 1994, entre otras medidas, que impactaron negativamente al sector agrícola.

El TLCAN llevó a millones de agricultores mexicanos a una fuerte presión económica por la caída de precios en los granos básicos, que provocó desplazamiento de la producción local (dumping), y favoreció los monopolios, la sobreproducción y el acaparamiento de alimentos. Un ejemplo de ello, es el maíz proveniente de Estados Unidos, cuyo precio es casi un 20% menor al promedio de los costos de producción de los agricultores mexicanos. Lo anterior también se acompañó de una concentración de la producción, por algunas empresas comerciales de los alimentos. En México, podemos ver un ejemplo de lo anterior en la empresa Maseca, que tiene el monopolio de la venta de harina de maíz que se distribuye en las tortillerías, lo que implica el acaparamiento del grano. Es de esperarse que el control por parte de una empresa privada, en medio de la escasez productiva sumado a la fuerte demanda del grano, haya afectado a los consumidores locales con precios más altos de la tortilla.

En este contexto, surgió una nueva generación de programas gubernamentales. Por ejemplo, en 1988 nació el Programa Nacional de Solidaridad (PRONASOL), cuyo objetivo era combatir los bajos niveles de vida de la población mexicana. En 1997 cambia de nombre a Programa de Educación, Salud y Alimentación (PROGRESA), en 2002 se transforma en el Programa de Desarrollo Humano (OPORTUNIDADES) y en 2013 es renombrado como Programa de Inclusión Social (PROSPERA).

De acuerdo con las reglas de operación del programa, las beneficiadas están obligadas a cumplir con las condiciones establecidas que incluyen actividades físicas, visitas médicas, asistencia de sus hijos e hijas a la escuela y talleres para el autocuidado de la salud. Las beneficiadas que han cumplido con esas condiciones obtienen al bimestre transferencias en efectivo de muy bajo monto, y a quienes no cumplan con las obligaciones se les descuenta un 50% del apoyo económico o se les retira de manera definitiva.

En 2003 surge el PAL con el objetivo de atender a la población que no cuenta con PROSPERA. El apoyo consiste en dinero en efectivo y la entrega de 13 productos de la canasta básica. Los apoyos se dan bimestralmente únicamente a mujeres, quienes no tienen ninguna obligación con el programa, excepto asistir los días de pago.

En 1994 se crea PESA, en el seno de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y en 2002 comienza a operar en México. Este programa busca incidir en las zonas rurales marginadas del país teniendo como principal interés el tema alimentario.

El programa de Cocinas Escolares del Desarrollo Integral de la Familia (DIF) es el más antiguo de estos programas, se remonta al programa “Gota de Leche” de 1929. Actualmente, otorga desayunos escolares en zonas marginadas acompañados de orientación alimentaria.

En general, se asume que estos programas tienen un impacto positivo en las poblaciones más vulnerables, que mejoran su alimentación y nutrición y, con ello, contribuyen a mejorar las condiciones de vida de la población. Sin embargo, también se han reportado resultados que demuestran que los programas sociales alimentarios han tenido un impacto desigual en los beneficiados, por ejemplo, los niños y las niñas en edades de 2 a los 6 años siguen padeciendo anemia como un problema grave; 20-30% de niños y niñas tienen deficiencia de hierro y baja estatura.

Otros de los efectos no deseados de estos programas es que han generado dependencia de las subvenciones de los programas y sujeción a la lógica reglamentaria y empresarial de los proyectos (vivienda, salud, educación, producción agropecuaria, etcétera) y apoyos a la alimentación, obligando a la población y especialmente a las mujeres a contraer compromiso con los programas sociales, lo que ha provocado (aún sin intención), la desarticulación de sus modos de producción y consumo. También se ha observado que los programas influyen en las decisiones de la población rural para la producción de alimentos y en la elección de alimentos que consumen.

En síntesis, este tipo de programas sociales alimentarios inciden en la dieta de los hogares mediante la compra, entrega o producción de alimentos, al tiempo que favorecen el consumo de alimentos industrializados.

Más información: Birgit Schmook (bschmook@ecosur.mx)

Una selva con historia…

Alejandro Morón, investigador del Departamento de Conservación de la Biodiversidad

La zona arqueológica de Calakmul, que se ubica en la zona sur del estado de Campeche, es un gran atractivo turístico, cada vez más visitado, y un importante lugar para la ciencia. Los vestigios de este antiguo reino prehispánico se encuentran enclavados en la Reserva de la Biósfera de Calakmul, la más grande del país (722,925 ha), la cual es accesible por carreteras recientemente remodeladas y ensanchadas, e incluso por caminos bien pavimentados que van al interior de la selva.

En toda esta región, El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) desarrolla y ha desarrollado diferentes proyectos de investigación, que abarcan desde aspectos antropológico–sociales hasta inventarios de algunos grupos de insectos, pasando por proyectos con aves y mamíferos en peligro de extinción. (Ver listado de algunos proyectos al final del texto).

Calakmul fue una ciudad-estado que perduró por más de 1500 años y que tuvo a su alrededor al menos a otras cinco ciudades-estado las cuales le rendían tributo, sus habitantes eran sus vasallos y sus tributos y mano de obra le permitieron a la élite de Calakmul construir enormes edificios, como la ahora llamada “Estructura II”.

El nombre de “Calakmul” le fue dado por uno de sus primeros visitantes “modernos” y quiere decir “entre dos cerros o lomas”; sin embargo, de acuerdo con descubrimientos recientes de arqueólogos y epigrafistas, su nombre real debió ser algo similar a “el reino de la cabeza de serpiente”.

Cosechando chiles
Cosechando chiles. Alejandro Morón, Armando Alayón y Yuriko Cruz.

Cabe destacar que esta zona no siempre fue tan accesible y que llegar a muchos de los sitios donde hoy es sencillo introducirse, era —hasta hace algunos años— casi una aventura, intentada por muy poca gente. Por ello, me interesa presentar una breve historia en la que describo cómo era esta zona y los accesos que tenía, además de mostrar que prácticamente toda la península de Yucatán fue una gran selva, la cual actualmente es difícil imaginar.

Hoy, la totalidad de la península de Yucatán es un mosaico con diferentes usos del suelo, pues si bien existen grandes áreas de selva, como la reserva de Calakmul, éstas se encuentran rodeadas por campos de cultivo, pastizales inducidos, poblados, carreteras, caminos, áreas de cultivo abandonadas y degradadas, y por zonas de desarrollo urbano.

Aproximarse a la historia de lo qué había, cómo eran aquellos lugares, qué poblados existían y cómo se acercaba la gente de fines del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX a esta región, no es sencillo, pues las fuentes son escasas, dispersas y mencionan vagamente algunos detalles del paisaje, de las rutas, de las distancias o de los transportes.

Mapa Región Campeche
Mapa Región Campeche

Por empezar en algún punto, el poblado que ahora se llama Escárcega —llamado así en honor al Ing. Francisco Escárcega Márquez, quien dirigió inicialmente la construcción de la línea del ferrocarril Coatzacoalcos-Mérida en el estado de Campeche— no existía antes de 1940, en dicho lugar solo había selva.

Posteriormente, se estableció ahí el campamento chiclero “Km 47”. En estos años, la extracción de la resina o látex del árbol del chicozapote, es decir, el chicle, era tan importante que generaba prácticamente la totalidad de los ingresos del gobierno del estado de Campeche.

En el sur–sureste del territorio campechano abundaban los árboles de chicozapote que formaban parte de las selvas que cubrían esta región. La extracción del látex se hacía marcando en zig-zag la corteza de los árboles y colocando en su base una bolsa de lona que captaba el látex, después se recogía y el chiclero, la persona que hacía esta labor, lo llevaba a un campamento. En estos campamentos se juntaban las marquetas de chicle y era el lugar donde vivían los chicleros, capataces y cocineras por aproximadamente seis meses que era el tiempo que duraba la temporada de extracción.

Tapir en Calakmul Rafael Reyna
Tapir en Calakmul. Rafael Reyna.

Antes del trazo del ferrocarril Puerto México-Mérida, hoy Coatzacoalcos-Mérida, no había forma de ingresar a la zona sur del estado de Campeche, mas que por veredas o por barcaza, como lo había hecho The Laguna Corporation (Compañía maderera y chiclera de los Estados Unidos de América), desde El Carmen a través de la Laguna de Términos hasta el sitio llamado Pital, y desde ahí por tren de vía angosta, construido por la misma compañía años antes, hasta el campamento que la empresa también construyó como el principal centro de operaciones y que se llamó campamento Matamoros.

El otro acceso a la zona de Calakmul era por lancha, se embarcaba en Champotón y se navegaba a través del río Champotón hasta el poblado de Canasayab, luego hasta otro lugar llamado “La Gloria” y de ahí hasta una central chiclera llamada “Bonfil”. Esta fue la ruta de la expedición de Sylvanus Morley y de C.L. Lundell en la década de 1930, Morley fue un arqueólogo y epigrafista que visitó y describió parcialmente las ruinas de Calakmul, y Lundell un botánico que recolectó ejemplares de plantas en el sur de México y Centroamérica para una institución de Washington, DC, Estados Unidos, a él se atribuye el descubrimiento de las ruinas de Calakmul.

La ruta por el entonces llamado Partido del Carmen, hoy municipio de Ciudad del Carmen, había sido utilizada por los madereros, desde mediados a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Otro sitio de ingreso al sur peninsular era por el poblado de Dzitbalchén, en el actual municipio de Hopelchén, que se ha llamado “la montaña” y que era utilizado por los chicleros para ingresar a la selva y a las zonas de explotación. Un campamento chiclero al sur de aquella zona, que tal vez se formó hacia principios del siglo XX, se convertiría en el actual poblado de Xpujil, cabecera del municipio de Calakmul, y al que se llamó así debido al nombre maya de una aguada cercana al mismo, cuya traducción es “cola de gato”. El término aguada se refiere a una depresión en el terreno, de tamaño variable, en la que se acumula el agua de la lluvia y usualmente se mantiene por algunos meses.

Lindero bajo Balamku
Lindero bajo Balamku. Alejandro Morón.

Cerca de este sitio se fundó el actual poblado de Zoh-laguna, en 1947, por iniciativa de una empresa maderera de Yucatán, llamada “Maderera del Trópico”. El primer viaje de exploración a esa zona se realizó en 1946, cuando ya se había hecho la brecha de lo que sería la carretera Escárcega-Chetumal. Vale la pena mencionar que esta empresa maderera fue el frente de apertura y colonización del oriente del estado de Yucatán, que desde la década de los 30 se dedicaba a la explotación de caoba y cedro fundamentalmente. Para tener una idea de su tamaño, es importante mencionar que el dueño de la “Maderera del Trópico” tenía una concesión de 75,000 hectáreas en el oriente de Yucatán y en el período 1940–1945 esta compañía cortó 190, 962 árboles con un volúmen total de 389,925 m3.

Por el lado este de la región —el sur del actual estado de Quintana Roo—, las brechas y caminos en la selva existían desde siglos antes; algunos de ellos formaban parte de la red de caminos desarrollada por el pueblo maya, a través de los cuales los comerciantes llevaban sus productos de un lugar a otro. Esta región también fue territorio dominado por los indios rebeldes que huían de los blancos e iban hacia la región del Petén-Itzá, en la actual república de Guatemala. Durante el periodo colonial esta parte de la península fue zona de dominio de los indios rebeldes, quienes realizaban con los ingleses —en lo que hoy es Belice— el intercambio de madera de caoba, cedro y palo de tinte, por armas, pólvora y perdigones.

Parte de la zona descrita comprende poco más de 37,400 km2 del estado de Campeche, es decir, el 64% de la extensión de su actual territorio. 18,760 km2 de la superficie correspondiente al sur del estado de Quintana Roo, lo que es el actual municipio de Othón P. Blanco, y 2,065 km2 que corresponden a la mitad del actual municipio de Tizimín, en el estado de Yucatán. 58,225 km2, equivalentes a poco más de la superficie de los estados de Puebla y Tlaxcala juntos, de selva aprovechable desde el punto de vista maderero y de la extracción del chicle.

Luciano Pool
Calakmul, Campeche, México. Luciano Pool.

El tipo de selva a la que me refiero técnicamente se le denomina “selva mediana”, en la que crecen especies como la caoba, el cedro y el chicozapote. Si consideráramos la selva más seca del norte de la península de Yucatán, el área sería prácticamente igual a la superficie de los tres estados que conforman la península.

Esta inmensa área fue durante más de 15 siglos el espacio geográfico en donde nació y se desarrolló la cultura maya y, sin lugar a dudas, puede ser considerado como el laboratorio natural en donde se perfeccionó el uso de los recursos naturales de la zona, sin que éstos llegaran a agotarse. A final de cuentas, el ser humano sólo tenía y tiene prestado el uso del monte, que conforme la cosmovisión maya, en sus más antiguas creencias, pertenece sólo a los señores del monte y está resguardado por los aluxoob o guardianes del monte. Quizá por esto es que prevalece hasta nuestros días y podemos considerarla como una selva con historia.

Proyectos desarrollados en Calakmul por ECOSUR:

  • Vulnerabilidad de la agricultura de pequeños productores en Calakmul, Campeche, México.
  • Producción del huerto familiar y sustentabilidad energética en Calakmul, Campeche, México.
  • Especies de plantas y sus usos en huertos familiares de pequeños productores migrantes mayas y mestizos en Calakmul, Campeche, México.
  • Redefiniendo los bosques secundarios en la legislación forestal mexicana: implicaciones para el manejo, restauración y conservación.