Colegio de la Frontera Sur
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Lunes 20 de Febrero de 2012 13:50

 

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Por Marcelina Rodríguez Hernández

Técnica del Área de Sociedad, Cultura y Salud, Unidad San Cristóbal ( Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla )

 

En el marco del día internacional de la lengua materna, el 21 de febrero de 2011 se realizó el Primer Coloquio Internacional sobre Políticas Lingüísticas en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, en el que se reunieron representantes nacionales e internacionales de diferentes lenguas indígenas en el mundo. Tuve oportunidad de asistir y terminé con algunas inquietudes que quiero compartir.

El coloquio se inauguró con música tradicional y un rezo ritual encabezado por gente de Oxchuc; pedimos al patrono de Santo Tomás y Santa María por nuestra lengua materna, que es muy importante revivir y rescatar, y que no se acabe ni se muera. Lo más importante para muchos de los presentes, indígenas de diferentes lugares, es que no tengan vergüenza de hablar sus idiomas. Debemos recordar a todos que la lengua materna está viva.

Como indígena tsotsil, me he dado cuenta de que he ido perdiendo mi idioma desde que salí de mi comunidad de origen —Chimucum, municipio de San Miguel Mitontic, Chiapas—. Por causa de la migración definitiva perdí mi identidad, mi forma de vestir, mi forma de hablar y la comida, que era toda natural, sin químicos.

Dejé la tierra donde está la raíz de mis abuelos, donde está mi ombligo; me sentía como las mariposas que se transforman, que vuelan y se mueren; así me sentía. Dejé de hablar mi lengua materna a los 15 años, y empecé a hablar “la castilla” o castellano tartamudeando y con miedo por no saber hablar bien. Luego, me empecé a poner ropa de colores, pantalón y faldas, y dejé el traje típico y original de mi pueblo. Me comenzó a dar pena hablar en mi idioma, el tsotsil, con las amigas y con los mestizos.

Cuando alguien me saludaba en tsotsil, se ponían colorados mis cachetes. Yo no contestaba porque sentía que se estaban burlando o criticando, pues hablar en lengua indígena es motivo de burla, dicen que es uno chamula o india, pero es por falta de conocimiento y comprensión.

En casa no hablaba nada de tsotsil con mis hijos ni con nadie más… sólo con mi mamá cuando la visitaba, y así fui perdiendo muchas palabras. Hoy me doy cuenta que mi lengua materna es la riqueza de mi vida personal. Hablar nuestros idiomas es algo muy importante que hay que rescatar, revivir y poner en práctica; hay que expresarnos en espacios públicos. Ahora ya me siento feliz por hablar mi lengua materna, ahora que ya voy rescatando más y más lo que he perdido. La he revivido al hablar y escribir lo poco que pueda.

Algo que me gusta de nuestro idioma es que es metafórico, y nos comunicamos con formas diferentes del español, por ejemplo, en tsotsil se menciona mucho el corazón. Al llegar a un lugar o encontrar a alguien, primero hacemos un saludo inicial: mi li’oyote (¿estás aquí?). La otra persona responde: li’oyone (estoy aquí), y después hacemos una pregunta relacionada con el corazón, y que es cercana a “¿cómo estás?”: k'uxi avo'onton (cómo está tu corazón).

Las partes de nuestro cuerpo literalmente se mencionan como si fueran un cuerpo pequeño, como la rodilla: sjol kakan, cabeza de mi pie, el tobillo: sat kakan, ojo de mi pie. También con las palabras relacionamos a las personas con la naturaleza, por decir algo, un árbol tiene sus frutos o semillas (sat), y a los ojos también les llamamos sat, porque son la semilla de la cara. Los brazos (mi brazo: jk’ob) son como las ramas (sk’ob te’) y la barba de los hombres (yisim) es como la raíz de las plantas (yisim te’)

Es una riqueza nuestro lenguaje de cada uno, de cada población, de cada identidad. Rescatar lo perdido es la recomendación que hay que hacer a los niños y también a los universitarios y al público en general. Pido a los hablantes de otros idiomas que hablen sus lenguas en donde quiera que estén: No tengas pena. Siéntete orgulloso de tu lengua, de tus vestiduras, de todo lo de tu cultura; no la pierdas. Vale mucho tu identidad. Si tú hablas en tu lengua y te critican, no te sientas mal; al contrario, siéntete orgulloso y feliz de que eres bilingüe. No hay diferencias entre las personas; únicamente en preparación y superación, o en recursos económicos y educación, pero no hay diferencias de sangre y de carne: somos iguales.

 



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Escrito por Magdalena Jiménez
Última actualización el Martes 21 de Febrero de 2012 14:17
 
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