Casos emblemáticos

Movimiento Campesino a Campesino en Mesoamérica

 

El movimiento Campesino a Campesino (CaC) nació a principios de la década de 1970 en Chimaltenango, Guatemala como un esfuerzo de agricultores mayas Kaqchikel con algo de apoyo por parte de OXFAM y World Neighbors. Su surgimiento partió del reconocimiento de la tradición del trabajo compartido y la cultura indígena a la que pertenecían, fortalecido con prácticas de pedagogía horizontal basadas en la praxis “acción-reflexión-acción” de Paulo Freire, la educación popular latinoamericana y la teología de la liberación. Las agricultoras y agricultores indígenas utilizaron visitas de intercambio, parcelas demostrativas y experimentos a pequeña escala para enseñarles a otras familias campesinas técnicas de conservación de suelos y agua como el uso de abonos verdes, la creación de barreras vivas y no vivas, la diversificación de cultivos y la bio-horticultura intensiva.

Las mejoras agronómicas junto con la creación de la cooperativa Kato-Ki conllevaron a un aumento de la producción y ganancias que motivaron a los campesinos/as Kaqchikel a liberarse del trabajo en las plantaciones para comprar y redistribuir las tierras de fincas cafetaleras cercanas. Incluso empezaron a capacitar agricultores y agricultoras de los países vecinos. Sin embargo, durante la brutal represión de la década de 1980 los latifundistas pidieron al ejército guatemalteco arrasar con Kato-Ki.   Muchos de los agricultores-extensionistas huyeron, y con ayuda de distintas ONGs, encontraron trabajo dentro de proyectos de base en México, Honduras y Nicaragua donde ampliaron su experiencia con la agricultura sustentable, así como sus habilidades organizativas.

Producto de esta diáspora, la metodología CaC se expandió por diversas organizaciones en toda la región, algunas de las experiencias más exitosas fueron las organizaciones campesinas mexicanas Centro de Desarrollo Integral Campesino de la Mixteca (CEDICAM) en Oaxaca y el Grupo Vicente Guerrero en Tlaxcala. Estos grupos adaptaron la metodología guatemalteca a sus propios contextos sociales y desarrollaron un amplio repertorio metodológico y técnico. Hacia 1986, los/as agricultores/as de Vicente Guerrero junto con varias ONGs y el leve apoyo del gobierno Sandinista llevaron su metodología a la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG) de Nicaragua, uno de los miembros fundadores del movimiento campesino transnacional La Vía Campesina (LVC). En este país el CaC se convirtió en un movimiento de base para el cambio social; basado en la agricultura campesina sustentable (agroecología), integrando a 30,000 familias campesinas de gran parte del país y más allá. Este “movimiento de resistencia” como fue definido por sus actores, reforzó la lucha del campesinado contra las amenazas de industrialización agrícola, promoviendo la agricultura social, cultural, económica y ambientalmente sustentable.

 

La ANAP y la revolución agroecológica en Cuba

 

    

La agroecología jugó un papel crucial en la supervivencia de Cuba ante la crisis causada por el colapso del bloque socialista en Europa durante 1989-1990 y el reforzamiento del embargo impuesto por Estados Unidos. Las campesinas y campesinos cubanos fueron capaces de producir alimentos sin necesidad de los escasos y costosos agroquímicos importados, sustituyéndolos inicialmente por insumos más ecológicos y posteriormente haciendo una transición hacia sistemas agrícolas más agroecológicamente integrados y diversificados. Las prácticas claves incluyeron la conservación de suelos, abonos verdes y compost, rotación de cultivos, policultivos, agroforestería, control biológico de plagas, integración del ganado con los cultivos y diversificación.

Esta rápida transición fue posible gracias a la disponibilidad de alternativas apropiadas, pero ante todo por el aprendizaje y adaptación de la metodología CaC mesoamericana por parte de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) – miembro de LVC – para la construcción de un movimiento agroecológico de base. Entre 1997, cuando la metodología fue introducida, y 2010, cerca de un tercio de todas las familias campesinas cubanas llegaron a participar en el “Movimiento Agroecológico de Campesino a Campesino” dentro de la ANAP. Desde entonces el movimiento ha crecido hasta incluir alrededor de 200,000 familias campesinas, la mitad del campesinado cubano.

En este mismo periodo se ha visto un incremento en la contribución del campesinado a la producción nacional de alimentos en Cuba, producto en parte del movimiento. Esta experiencia revela que 1) la expansión de la agroecología fue rápida y exitosa en gran medida gracias a la metodología social empleada y las dinámicas de movimiento social que fueron creadas, 2) las prácticas agroecológicas evolucionaron con el tiempo y contribuyeron al incremento significativo de la producción relativa y absoluta por parte del sector campesino, 3) estas prácticas generaron beneficios adicionales, como por ejemplo la resiliencia al cambio climático.

 

El auge del café orgánico en Chiapas, México

 

El Estado de Chiapas en el sur de México, ofrece una importante experiencia de producción orgánica de café por parte del campesinado indígena que suple los mercados de exportación. El proceso ha sido fuertemente influenciado, dirigido y apoyado por la Teología de la Liberación y la Teología Indígena de la iglesia católica con su vocación por la pobreza. Este proceso se centró en la recuperación del conocimiento popular y ancestral asociado a la cosmovisión Maya, prácticas agroecológicas, la diversificación de cultivos, el reforzamiento de la identidad indígena, la creación de cooperativas y la vinculación con el comercio justo a través de distintos sellos como el Max Havelaar. El punto de inflexión que condujo a la transición de la cafeticultura convencional hacia la cafeticultura orgánica fue la clausura en 1989 del Instituto Mexicano del Café (IMECAFE) que controlaba la exportación de café. Además, Su desmantelamiento coincidió con la caída del precio internacional y la pérdida de rendimiento y rentabilidad de los cultivos, constituyendo tanto una crisis como una oportunidad para las familias campesinas indígenas.

Gracias a la presencia de diversas cooperativas respaldadas en la Teología de la Liberación, así como por la presencia de grupos políticos de izquierda desde la década de 1970,  algunas más apoyadas por el IMECAFE durante tres décadas e incluso varias cooperativas auto-organizadas, fue posible el surgimiento de un proceso organizativo y de comercialización de café orgánico bajo esquemas de comercio orgánico y justo que garantizaron a las familias productoras un mejor precio. Otros elementos importantes fueron la preexistencia de infraestructura física creada por el IMECAFE, el vínculo con la experiencia de comercialización de café orgánico de la Unión de Comunidades Indígenas de la Región Istmo (UCIRI) en Oaxaca, el ejemplo exitoso de la experiencia agroecológica en la finca Irlanda, la existencia de prácticas agroforestales efectivas, el apoyo de los promotores agroecológicos guatemaltecos desplazados por la guerra y el intercambio espontáneo entre el campesinado. Ahora nos encontramos frente a un movimiento fuerte vinculado a la exportación mediante sellos de certificación orgánica que actualmente agrupa 31,000 familias campesinas, la mayoría indígenas, trabajando en un área de aproximadamente 72,000 has (Consejo Estatal de Café 2014). Martínez-Torres presenta datos que muestran que los productores de café orgánico producen aproximadamente con los mismos rendimientos  que los agricultores convencionales, con gastos menores y mayores márgenes de ganancia.

 

Agricultura Natural de Presupuesto Cero (ANPC) en India

 

La Agricultura Natural de Presupuesto Cero (ANPC) es un conjunto de métodos agrícolas armados por el agrónomo Subhash Palekar basado en la agroecología y las prácticas tradicionales, que se ha convertido en la base de un movimiento campesino que se ha expandido por varios Estados de la India. La ANPC alcanzó gran éxito primero en el Estado sureño de Karnataka donde encontró terreno fértil dentro del paisaje organizativo agrícola.

La asociación (KRRS), miembro de LVC, ha estimado que solo en Karnataka hay 100,000 familias campesinas asociadas, mientras que a nivel nacional los líderes de la ANCP afirman que el número puede llegar a millones. Este proceso se ha desarrollado sin la existencia de una organización formal, personas contratadas o incluso una cuenta bancaria. El movimiento se beneficia del espíritu de voluntariado de sus miembros campesinos que son los principales protagonistas. Parte del atractivo para los campesinos proviene de la poderosa mezcla creada por Palekar entre la cosmología Hindú y la resistencia frente las corporaciones transnacionales y la revolución verde.

A nivel local, el movimiento tiene una dinámica autoorganizada  y funciona de forma informal. La mayoría de campesinas y campesinos que practican la ANPC se conectan informalmente entre sí y llevan a cabo intercambios horizontales de manera organizada o espontánea, al estilo campesino a campesino. Los líderes surgen naturalmente desde las bases y todas sus actividades son realizadas de forma voluntaria. Cada distrito tiene su propio estilo de organización y realiza sus actividades de manera autónoma sin depender de un control centralizado.

La principal actividad organizada de forma centralizada a nivel estatal son los campamentos de entrenamiento, dirigidos por Palekar. Estos campamentos duran hasta cinco días, con cerca de ocho horas de clases por día y la participación ronda entre los 300 y 5000 agricultores y agricultoras. Dentro de los campamentos se forman redes campesinas, que planean visitas de intercambio y establecen relaciones con campesinos/as-mentores/as.

Una encuesta desarrollada por algunos de nosotros encontró que los trabajos de la ANPC no son vistos únicamente en términos agronómicos, sino que también brindan una variedad de beneficios sociales y económicos. La mayoría de los entrevistados indicaron que tras la adopción de prácticas de ANPC como biofertilizantes, control biológico de plagas, siembra en contornos, policultivos y paja de arroz; vieron mejoras en el rendimiento, conservación de suelos, diversidad de semillas, calidad en la producción, autonomía alimentaria en los hogares, mejores ingresos y salud. Asimismo, las motivaciones más citadas por los agricultores para participar en el movimiento de ANPC, incluyen la salud de sus familias, la autosuficiencia alimentaria y la reducción en los costos de producción. La mayoría experimentó una reducción en los gastos agrícolas y por tanto una menor necesidad de créditos, una de las principales problemáticas del campesinado indio.

Rede Ecovida en el sur de Brasil

La creación formal de la Rede Ecovida fue en 1998.  Sin embargo, su formación puede ser trazada a las décadas de 1970 y 1980, momento en que los movimientos sociales confrontaban la concentración de la tierra y al mismo tiempo los efectos negativos socioeconómicos y ambientales de la agricultura moderna basada en agroquímicos. Esto generó las condiciones para la creación de varias iniciativas para una agricultura alternativa, que después comenzó a ser llamada “agroecología”. Las crecientes experiencias se fueron vinculando con la formación de la Rede Tecnologia Alternativa-Sul (Red de tecnologías alternativas-sur, Rede TA-Sul) ligada con la red nacional Rede Projeto em Tecnologia Alternativa (Rede PTA), y otros procesos promovidos por la Pastoral de la Tierra de la iglesia católica, basada en la teología de la liberación, y otras organizaciones locales en busca de alternativas. Ecovida actualmente se compone de nuevos grupos, cooperativas y organizaciones campesinas agroecológicas, cooperativas de consumidores y ONGs, a partir de una estructura descentralizada en 150 municipios de tres estados del sur de Brasil: Rio Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná. El movimiento se ha expandido a 29 organizaciones campesinas, 2700 familias de agricultores, 10 cooperativas de consumidores, 25 asociaciones y 30 agroindustrias localizadas en 18 municipios, con más de 180 mercados campesinos (Ecovida, 2017).

Aunque la red Ecovida tiene un enfoque centralizado en los mercados alternativos, las actividades de sus miembros están arraigadas en prácticas agroecológicas y operan con principios de horizontalidad, solidaridad, justicia y cuidado de la naturaleza que permean la lógica de funcionamiento a través de sus actividades, y les permite ir más allá del mercadeo y de la obtención de ganancias. Su programa de certificación participativa fue una respuesta a la intención del gobierno de regular la producción orgánica a final de la década de 1990 y es un ejemplo de los procesos horizontales que caracterizan a esta red, así como el enfoque pedagógico orientado al aprendizaje transformador. Ecovida sigue un entendimiento sistémico de la agroecología, la promoción de una economía solidaria entre productores y consumidores y una estructura que permite la existencia de diferentes configuraciones de mercados, que van desde la venta puerta a puerta, mercados campesinos, comedores comunitarios, grupos de consumidores, ventas a restaurantes, así como  un circuito de comercialización inter-mercados dentro de los tres Estados.

 

Referencias:

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