La taxonomía, arma para combatir a los mosquitos transmisores de dengue y zika en América Central

Eduardo Suárez Morales, investigador titular del Departamento de Sistemática y Ecología Acuática de El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) y especialista en el estudio taxonómico de los copépodos, colabora desde hace más de un año con personal de Operation Blessing International (OBI) capítulo Honduras y con Gerald Marten, reconocido investigador estadounidense, en el control biológico del mosquito Aedes aegypti, transmisor de varias enfermedades virales como el dengue y el zika.

Recientemente, OBI emprendió un plan piloto en diversas comunidades del Departamento de Cortés, municipio de Choloma, Honduras, el cual pretende ampliar a otros países, incluyendo México, para el control biológico de mosquitos transmisores del zika mediante el uso de copépodos depredadores (www.ob.org/battling-zika-virus) que atacan larvas de mosquito (figura 1).

Fig. 1. Mesocyclops depredando una larva de mosquito (G. Marten)

Con más de 30 años de experiencia en el estudio de los copépodos, Eduardo Suárez Morales participa en esta iniciativa aplicando su conocimiento de la taxonomía de este grupo de crustáceos para encontrar, identificar y aislar al ciclopoide de agua dulce Mesocyclops longisetus curvatus reconocido como altamente eficiente en la depredación de larvas tempranas de mosquitos. Un individuo de este copépodo puede atacar 30-40 larvas al día, lo que se traduce en un control altamente eficiente. (Ver figuras 1 y 2).

Fig. 2 Hembra de Mesocyclops longisetus curvatus de Honduras, vista ventral

La primera etapa del proyecto, bajo la responsabilidad del investigador de ECOSUR, consistió en estudiar la composición de la fauna de copépodos en cuerpos de agua de las zonas aledañas a las comunidades donde se aplicaría el control. El siguiente paso es fundamental, pues se determinará si los copépodos de la o las especies depredadoras potencialmente utilizables se encuentran presentes en las muestras de agua, al tiempo que se evitará la introducción de especies asiáticas que han sido utilizadas con el mismo fin en otras regiones del planeta.

Llevar a cabo las acciones mencionadas requiere un conocimiento profundo de la taxonomía y morfología de los copépodos, ya que hay varias especies similares que pueden ser confundidas fácilmente. Al identificarse con precisión las hembras y machos de esta especie depredadora de Mesocyclops es necesario aislar esta población en cultivos que deben mantenerse puros. Estos cultivos masivos son la fuente de especímenes que se siembran en los contenedores de agua de las comunidades afectadas por los mosquitos; los copépodos eliminarán las larvas de estos contenedores.

Las poblaciones de copépodos deben ser cuidadas y resembradas periódicamente, lo que requiere de una participación activa y continua de los pobladores. Los cultivos de Mesocyclops se contaminan rápidamente con otras especies si las condiciones no son muy estrictas, por lo que estos cultivos deben ser monitoreados continuamente, cuando hay dos o más especies en el cultivo la eficiencia del control declina sensiblemente.

En este proyecto deben ensamblarse varias piezas para funcionar correctamente. La aportación científica es esencial y Suárez Morales logró cubrir este aspecto alrededor del cual gira el resto del proceso de control biológico. Una identificación errónea o realizada por personal no calificado deriva en una pérdida importante de esfuerzos y recursos. Es aquí donde rinden fruto los años de trabajo que lleva la formación de un taxónomo.

La identificación de cada especimen es un proceso complejo y altamente especializado: requiere disectar bajo el microscopio los apéndices del cuerpo —que mide aproximadamente 1 mm—, incluyendo las partes bucales y evaluar microcaracteres. De hecho, la confirmación de esta especie se logra mediante el conteo de hileras de espínulas en un segmento de las antenas y de la disposición de sus dientes y otras partes bucales, modificadas para la depredación (ver figura 3).

Fig. 3. Mesocyclops longisetus curvatus de Honduras; se observan sus partes bucales, fuertes y armadas para la depredación de larvas de mosquito.

Es de destacarse entonces que el quehacer científico básico que se desarrolla en ECOSUR, en este caso la taxonomía, tiene aplicaciones que permiten reconocer de manera precisa la especie a utilizar como control biológico del mosquito transmisor beneficiando así de manera muy directa a las comunidades al mejorar sus perspectivas de salud. También que es posible hacer participar activamente a la comunidad alrededor del cultivo, distribución y mantenimiento de poblaciones de copépodos cuando el proyecto tiene objetivos y beneficios comunes, como lograr controlar o erradicar el virus del zika o del dengue.