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El embarazo no deseado, ¿por qué sigue ocurriendo?

 

Es un hecho que en México desde hace varias décadas ha disminuido el número de hijos e hijas por mujer, de modo que de un poco más de seis hijos en los años setenta se pasó a un poco más de dos en 2009, descenso que continúa hasta nuestros días. En 35 años, esta disminución ha ocurrido en todos los grupos de edad de las mujeres en edad reproductiva de 15 a 49 años, aunque no tanto en las adolescentes entre 15 y 19 años quienes han aumentando su participación relativa en la fecundidad general, por lo que hacia ese grupo se han dirigido las acciones para disminuir el número de nacimientos.

Está documentado que en nuestras sociedades actuales, aún en el medio campesino e indígena, las mujeres desean menos hijos e hijas de los que quisieron sus madres y abuelas. Es decir que, en términos prácticos, ahora las mujeres deberán invertir cada vez más años de su vida reproductiva tratando de evitar embarazarse, ya que al final sólo tendrán de uno a tres hijos; puesto que el descenso poblacional se mantiene, el fenómeno del embarazo no intencional, o aún el embarazo no deseado, probablemente, se convertirá cada vez más en una realidad de nuestras sociedades. Según diversas encuestas, aproximadamente, la mitad de los embarazos son no intencionados.

Es importante señalar que el incremento en el uso de anticonceptivos en la última década ha sido muy lento. En 12 años, de 1997 al 2009, apenas aumentó cuatro puntos porcentuales, al pasar de 68.5 a 72.5%. Junto con ello, disminuyó la participación de las principales instituciones proveedoras de métodos, como el IMSS e instituciones privadas, mientras que se elevó la de la SSA, las farmacias y tiendas donde ahora deben acudir quienes quieran controlar su fecundidad.

Diversas voces han denunciado que a partir del año 2000, durante los gobiernos del PAN, la política anticonceptiva dejó de ser una prioridad, con el desabasto consiguiente de métodos; y, recientemente, investigadoras y representantes de organizaciones privadas han enfatizado que la cobertura de anticonceptivos es insuficiente, sobre todo, para atender a la población adolescente, a la cual se han enfocado las políticas de salud reproductiva.

Es interesante observar que respecto al tipo de métodos, la prevalencia más alta corresponde a la ligadura de trompas uterinas, mientras la más baja, al uso del condón.

Sin negar la importancia en la provisión y el acceso a métodos anticonceptivos modernos, efectivos, económicos o gratuitos para quienes los requieran, algo que no parece ser suficientemente considerado es el contexto económico que impone determinadas necesidades, así como las normas sociales y costumbres, que han modelado desde la infancia a mujeres y hombres. Me refiero a las circunstancias en que tienen lugar las relaciones sexuales y a la posibilidad de decidir realmente con quién, cuándo y bajo qué condiciones tener intimidad que son diferentes para mujeres y hombres.

Como se sabe, a las mujeres se les restringe el ejercicio de su sexualidad y se les destina a la maternidad, mientras que se alienta la sexualidad de los hombres sin responsabilidad por su placer sexual, hecho que además tiene que ver con la edad de los involucrados, sus recursos de todo tipo, su pertenencia a un grupo étnico o a una cultura determinada, entre otras características.

¿Qué tanto pueden "negociar" el uso del condón aquellas mujeres que han dejado otros anticonceptivos por sus efectos secundarios y que, aunque tengan grados universitarios, se sienten intimidadas de hacerlo para no ser violentadas por su pareja, resultando con un embarazo no deseado? ¿Cuántas mujeres se enfrentan al hecho de no "poder" decir NO a las presiones de los varones para tener sexo, sujetas a ellos por su situación económica? ¿Qué tan frecuente es que los varones acepten la negativa de las mujeres? Y si al final se impone la presión y el abuso, ¿por qué los hombres no toman parte activa en la protección usando condón? ¿Hasta qué punto las mujeres abandonan su responsabilidad para protegerse de un embarazo y la depositan en los varones, sobre todo, si legítimamente desean tener sexo?

En el ejercicio sexual de mujeres y hombres no interviene meramente el cálculo racional, sino que están implicadas emociones y afectos, experiencias y expectativas de vida que, como ya se ha dicho, son diferentes según el género, la clase social, cultura, edad, entre otros factores. Es decir que, entre el acceso real a los métodos y su uso eficaz, existe una serie de desigualdades que hacen más o menos difícil la protección anticonceptiva.

No es suficiente la demanda de una cobertura amplia de anticonceptivos efectivos y gratuitos con el fin de evitar los embarazos no intencionados inoportunos y no deseados; antes bien, se trata de trabajar por eliminar las inequidades económicas, sociales culturales, y de género que los determinan, situación difícil en estos tiempos de injusticia globalizada en que la violencia y la misoginia parecen enseñorearse, lo que, probablemente, coadyuvará al incremento del problema.

* La Dra. María Georgina Rivas Bocanegra es profesora de la Maestría en Ciencias en Salud Pública de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach); por su parte, la Dra. Austreberta Nazar Beutelspacher, es investigadora en El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), ubicado en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

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