México primer consumidor de agua embotellada

En la última década, México se convirtió en el primer consumidor de agua embotellada por persona, pues el 91% de los mexicanos compra agua embotellada para su consumo, debido a la desconfianza que existe del agua de la llave, indicó Delia Montero Contreras, investigadora en la UAM Iztapalapa, en el seminario “El cambio de hábitos y el consumo de agua embotellada en México. ¿Un problema de información o de publicidad?, realizado en El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) Unidad San Cristóbal.

Las instituciones como la Comisión Nacional del Agua (Conagua) o el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) proporcionan muy poca información pública sobre la calidad del agua en el país, lo cual a su vez actúa en favor de los planes de expansión de las embotelladoras, como las transnacionales Nestlé, Danone, Coca-Cola y PepsiCo, así como las miles de pequeñas purificadoras independientes, quienes incrementan el consumo de agua embotellada entre la población a partir del vacío de información sobre la calidad del líquido surtido por la red de distribución pública que existe.

“La falta de información sobre la calidad del agua que es distribuida y que se recibe en los hogares ha sido cubierta por los organismos privados, desde las grandes trasnacionales hasta los pequeños negocios, tan solo en la ciudad de México el mercado del agua embotellada representa un negocio de cuatro mil millones de pesos cada año. Cuesta entre 500 y mil veces más caro que el agua de la red pública”, mencionó.

Montero afirmó que los cambios de consumo de agua en la ciudad de México empezaron en 1985 con el terremoto de aquel año, “en esa fecha se rompieron las tuberías, se contaminaron las aguas limpias con las sucias y se empezó a generar información de que no se debía tomar el agua de la llave, que se debía de hervir y clorar. Ese fue el primer cambio de consumo, pues al existir un alto grado de incertidumbre sobre las condiciones del agua, la gente empezó a consumir agua embotellada”, indicó.

En 1991, al desarrollarse la epidemia del cólera se refuerza la creencia de no beber agua de la llave, hecho que coincide con la primera ola de expansión de las embotelladoras transnacionales. “En esta década las instituciones siguen sin proporcionar información sobre la calidad del agua entubada, por consiguiente las trasnacionales empiezan a dar información de la calidad del agua que venden, lo que genera un reforzamiento a nuestras creencias de que el agua embotellada es de mejor calidad”, señaló.

La investigadora afirmó que las creencias y los mitos sobre la calidad del agua entubada se van reforzando y socializando entre los mexicanos de generación en generación, existiendo un nuevo aprendizaje que se da por el entorno físico y sociocultural, nuestros sentidos y lo que percibimos.

Al finalizar el seminario, Delia Montero, informó que la UAM está desarrollando un sensor que permitirá los habitantes de la ciudad de México analizar en segundos si el agua de la llave es buena o no. El sensor enviará la información a la instancia académica, que elaborará un mapa del agua de la Ciudad de México.

Agua