La realidad de los indígenas urbanos en México

Las precarias condiciones sociales y laborales que la población indígena ha enfrentado desde décadas atrás se han agudizado en la actualidad por los problemas económicos de las regiones rurales, lo que ha ocasionado el aumento de la migración del campo a la ciudad y con ello la exposición de los indígenas a la exclusión, discriminación y pobreza que se pontencializan en el ámbito urbano.

En su estudio Exclusión y discriminación hacia los indígenas urbanos en las ciudades mexicanas, Jorge Enrique Horbath Corredor, investigador del Departamento de Sociedad y Cultura de El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR), analiza los procesos de exclusión, discriminación y pobreza que viven los indígenas urbanos e indica que las causas de la migración de la población indígena rural a las ciudades son los procesos de globalización y de pauperización del campo mexicano que han vulnerado cada vez más las condiciones de vida de los grupos indígenas, lo que los obliga a migrar hacia las ciudades e incorporarse a franjas de espacios urbanos marginados, trabajando en actividades informales de bajos ingresos y con alta exposición a riesgos de todo tipo.

Indígenas urbanos y sus derechos humanos

En el proyecto de Ciencia Básica realizado de 2012 a 2016 financiado por Conacyt, el investigador de ECOSUR analizó las percepciones que tienen los indígenas migrantes en materia de sus derechos económicos, sociales, culturales y ambientales (DESCA) —educación, salud, vivienda, trabajo, y el derecho a ocupar la ciudad— en los espacios urbanos, lo que le permitió dar cuenta de la discriminación que viven específicamente en la Ciudad de México, Guadalajara-Jalisco, Tuxtla Gutiérrez-Chiapas y en el sistema urbano-regional de la península de Yucatán (Campeche y Ciudad del Carmen en Campeche, Mérida y Tizimín en Yucatán y Othón P. Blanco, Benito Juárez y Solidaridad en Quintana Roo).

Mediante entrevistas y grupos focales, las personas indígenas que participaron en el estudio contaron sus vivencias a la llegada a la ciudad e identificaron sus necesidades en los ámbitos sociales de los que son excluidos, segregados, marginados y discriminados, lo que los coloca desde la perspectiva del investigador de ECOSUR como “nuevos pobres urbanos”.

A partir del análisis de mapas y Áreas de Geoestadística Básica (AGEB’s) de las ciudades que abarcó el estudio se observa un aumento de la concentración indígena en las zonas circundantes y localidades cercanas a las ciudades. También se identificó que hay zonas dentro de las ciudades en las que la población indígena se adentra y está más expuesta a la discriminación.

Respecto al tema de la educación, las personas entrevistadas hablaron de las dificultades que enfrentan para poder acceder a ella, pues el bajo ingreso económico de las familias no alcanza para cubrir las necesidades escolares de todos los hijos. Por otro lado identifican que dentro de los espacios educativos, tanto en lo rural como en lo urbano, afrontan algunos fenómenos de interacción social como la discriminación por pertenecer a un grupo étnico o conflictos de barrera lingüística.

En el ámbito de la salud, los migrantes de comunidades originarias son los peor tratados en un centro de salud, indica el estudio, debido a que cuando se enferman y asisten a estos lugares no saben el procedimiento que deben seguir para ser atendidos. A esto se suma la falta de costumbre de hablar español, lo que genera dificultades en la comunicación y por ende mala atención y, en algunos casos, negligencia médica.

El estudio encontró que cuando los migrantes llegan a las zonas urbanas en un principio se alojan en casa de algún familiar que ya se encuentra instalado en la ciudad, su segunda opción es quedarse temporalmente en casa de algún amigo de la misma región, la tercera en un pequeño departamento en las colonias populares en el cual pueden vivir hasta seis personas, y cuando no tienen conocidos llegan a la deriva y duermen en algún espacio público.

En el apartado de trabajo se observó que la condición y el mercado laboral de los migrantes indígenas urbanos están marcados por el racismo. El estudio describe que las actividades en las que más son empleados están dentro de la economía terciaria, específicamente en los sectores del comercio y el turismo. La venta de artesanías es una actividad característica, seguida de la construcción.

La delincuencia es otro de los problemas que más aquejan a esta población, además de la exposición a riesgos, la explotación de la que son víctimas y la inestabilidad laboral.

Discriminación y exclusión

En general la población estudiada atraviesa condiciones laborales lamentables, viven malos tratos de parte de los patrones, un salario por debajo del mínimo, explotación laboral, humillación y falta de seguro de vida en el trabajo.

A pesar de todo los migrantes se arriesgan ya que consideran que en sus lugares de origen la situación aún es peor. Para los entrevistados, en la ciudad hay mayores oportunidades y se puede vivir tranquilamente, pues saben que las posibilidades de encontrar trabajo en cualquier área del turismo son mayores.

Los empleos a los que acceden no cubren ningún servicios de salud o jubilación, no tienen contrato, están mal pagados y cubren largas jornadas de trabajo, aun así insisten en que el hecho de haber migrado los ha beneficiado en obtener un poco más de ingreso.

La educación es un tema difícil ya que muy pocos logran terminar la educación básica. Diversos factores influyen para que las niñas y los niños no continúen con su educación, principalmente la falta de recursos económicos. Sin embargo, a pesar de las complicaciones, los entrevistados tienen las mejores expectativas para sus hijos, desean que no pasen por la misma situación que ellos y puedan lograr tener un buen nivel de educación.

Uno de los problemas que afecta fuertemente a la población migrante es no tener un seguro de vida que los proteja ante cualquier evento desafortunado. La protección de salud que adquiere el migrante por medio del trabajo tampoco cuenta con una buena atención por parte de los médicos y siempre hacen falta instrumentos médicos y medicinas.

Otro de los puntos sobre los que llama la atención el investigador de ECOSUR es que los indígenas para evitar ser discriminados llegan a negar su propia identidad y esconder sus orígenes étnicos. Explica que en las estadísticas censales de 2000 y 2010 y de conteo de población de 2005, se aprecia la generalizada reducción de población indígena en las zonas de origen, el aumento de población en las ciudades medianas y grandes cercanas a su entorno pero con el agravante de que en ellas dicha población no se reconoce como indígena, lo que muestra la estrategia de negación de origen cultural para poder ser parcialmente aceptados en los entornos urbanos y lograr subsistir.

Conclusiones

Horbath señala que es desalentador revisar las percepciones que tienen los indígenas que migran a las ciudades acerca de cuatro derechos fundamentales —educación, salud, vivienda y trabajo— ya que dan cuenta de la vulnerabilidad en la que se encuentran, y a pesar de ello para esta población es preferible vivir como pobres en la ciudad que morir como indígenas en los ejidos o lugares rurales de origen, lo cual tendría que ser una llamada de alerta sobre las condiciones de vida de la población en los pueblos y comunidades indígenas.

Por otro lado, plantea que la normatividad y las leyes se quedan solamente en letra muerta, pues forman parte de un modelo de simulación del Estado, donde la abundancia de los programas sociales y el discurso de la política pública se encuentra muy alejados de los migrantes indígenas, como las distancias que deben recorrer para abandonar sus tierras y familiares para insertarse a los espacios segregados de la marginalidad urbana.

Más información:
Jorge Enrique Horbath Corredor
Departamento de Sociedad y Cultura
(jhorbath@ecosur.mx)