La desnutrición crónica persiste en Chiapas

El programa Oportunidades, hoy Prospera, no sólo no ha podido revertir la desnutrición infantil sino que la población beneficiaria comienza a presentar problemas de sobrepeso y obesidad, debido al consumo de una dieta en la que predomina los alimentos industrializados sobre el consumo de frutas y verduras, señala Esmeralda García Parra, egresada del doctorado en Ciencias en Ecología y Desarrollo Sustentable de ECOSUR.

En su tesis de doctorado titulada “Cambios nutricionales y condiciones de vida de niños beneficiarios de Oportunidades en comunidades de muy alta marginación de Chiapas”, la cual fue dirigida por Héctor Ochoa, investigador de la Unidad San Cristóbal de ECOSUR, García Parra expresa que debido a la baja efectividad de este programa en la mejora de la calidad de la dieta, las niñas y niños de las comunidades La Competencia, Ramos Cubilete, El Jardín y Rivera Domínguez, consideradas de alta marginación, aún está en riesgo de continuar con el círculo vicioso de la malnutrición.

A pesar de que estas poblaciones, ubicadas en los municipios de Simojovel y Huitiupán, han estado expuestas a los beneficios de dicho programa durante mucho tiempo, el problema de la desnutrición crónica persiste y afecta sobre todo a las niñas y los niños que tienen entre 2 y 7 años de edad, y puede esperarse que una gran proporción de ellos padezca sobrepeso u obesidad en su edad adulta, debido a que su crecimiento se detuvo mientras su peso corporal aumentó en mayor proporción en relación con la talla.

A partir de estos hallazgos, la especialista recomienda intervenciones que permitan vigilar el crecimiento de las y los niños durante sus primeros dos años de edad, así como centrarse en mejorar la alimentación de las mujeres en edad fértil y prestar especial atención a las condiciones ambientales para romper el círculo vicioso de la malnutrición.

Esmeralda realizó su estudio de seguimiento nutricional a las niñas y niños beneficiarios del programa gubernamental antes mencionado en el periodo 2002-2003, y realizó dos evaluaciones posteriores en los periodos 2004-2005 y 2010- 2011.

Con base en los resultados obtenidos señala que las niñas y los niños menores de 5 años que fueron diagnosticados durante 2002 y 2003 con baja talla y que no se lograron recuperar en el periodo 2004 y 2005, tuvieron 3.4 veces más riesgo de continuar con desnutrición crónica; comparados con los que fueron diagnosticados al inicio de la evaluación con baja talla y que se lograron recuperar en la segunda medición.

Asimismo, que las niñas y los niños que comenzaron con un estado nutricional normal y fueron diagnosticados con baja talla en el periodo 2004 y 2005, tuvieron un riesgo de 5.7 veces de presentar desnutrición durante el periodo 2010 y 2011 que los que permanecieron con un estado nutricional normal en la segunda evaluación.

Los resultados de la tesis apuntan que cuando estos niños y niñas sean adultos su talla tendrá una relación directa con el problema de la desnutrición crónica padecida en la infancia y que las niñas que presentaron talla baja en la infancia, cuando sean adultas tendrán más probabilidades de dar a luz niños y niñas con bajo peso al nacer, por lo que será conveniente poner atención en los dos primeros años de vida del infante y establecer estrategias de alimentación y de salud que permitan prevenir que se perpetúe este problema en sus generaciones venideras.