El largo viaje de las aves migrantes

La migración es un proceso importante en la vida de muchos seres vivos, que se ha definido como el desplazamiento periódico y cíclico a gran escala de poblaciones animales, de sus sitios de reproducción y no reproducción o supervivencia, y el regreso a los mismos, y que pueden estar separados por grandes distancias latitudinales o  altitudinales.

El comportamiento migratorio ha evolucionado en respuesta a diferentes presiones ecológicas, como la búsqueda de alimento, de un ambiente más apropiado para la reproducción y condiciones climáticas más favorables en ciertas temporadas del año.

Una de las mayores maravillas de la migración sucede en el continente americano, donde millones de individuos de aproximadamente 340 especies de aves se trasladan de ambientes tropicales de México, Centroamérica y Sudamérica  a ambientes templados de Norteamérica. A estas aves aves migratorias neotropicales, entre las que se encuentran zopilotes, gavilanes, garzas y playeritos, hasta colibríes, mosqueros y chipes o reinitas, han realizado este viaje de miles de kilómetros durante millones de años. Cerca del 60 por ciento del total de aves migratorias neotropicales son especies pequeñas que habitan en los ecosistemas terrestres y sobre todo hábitats de bosque.

El Día Internacional de las Aves Migratorias fue establecido, a partir de 2006, por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente como una campaña de sensibilización y concientización. Se celebra el segundo fin de semana de mayo, mes en que inicia  la llegada de las especies migratorias a sus ambientes templados.

En el año hay dos periodos migratorios, primavera y otoño. La migración de otoño ocurre entre septiembre y noviembre, periodo en que las aves de Norteamérica se desplazan hacia el sur del continente. Algunas especies realizan algunas paradas para alimentarse y descansar, para  proseguir su viaje más al sur,  sin embargo, otras permanecen en México toda la temporada de residencia tropical y después de establecerse entre 6 y 8 meses en los trópicos se desplazan durante la primavera a sus áreas de reproducción en Norteamérica, entre los meses de marzo y mayo, para regresar nuevamente de septiembre a noviembre a sus residencias tropicales.

Antes de emprender su difícil y largo viaje hacia el sur o norte, según la temporada, los viajeros deben prepararse para migrar, por lo que tienen que alimentarse suficientemente. Algunas especies llegan a la obesidad, ya que consumen enormes cantidades de alimento rico en energía, algunas especies migran durante el día y otras durante la noche, otras más lo hacen en ambos periodos. Varias especies realizan su migración en bandadas o parvadas mixtas con otras especies. Se cree que este comportamiento está asociado a su tipo de alimentación o puede ser una estrategia para evitar ciertos riesgos de depredación durante el viaje, defensa de territorios de alimentación y búsqueda de alimento.

Durante la migración las aves tienen que enfrentar diferentes obstáculos y peligros de origen humano como antenas, edificios, y ventanas, así como los derivados del clima (huracanes y tormentas). Por otro lado, los ecosistemas que necesitan para vivir en sus residencias tropicales o de estancia reproductiva están disminuyendo drásticamente, se han fragmentado o desaparecido por completo, como los humedales o bosques que están disminuyendo debido a la expansión agrícola, ganadera o urbana.

Durante esta temporada, hay que voltear para observar a nuestro alrededor, busquemos en nuestros parques y jardines estas maravillosas e increíbles aves que van viajando hacia sus estancias reproductivas, o en otoño a sus estancias de residencia tropical. Ellas vuelan miles de kilómetros y cumplen un papel ecológico fundamental en ambas regiones donde pertenecen.

 

Texto por: Paula L. Enríquez, investigadora de Ecosur en la Unidad San Cristóbal, Chiapas.

 

Piranga-rubra1