Día de la resistencia indígena

Avenir Cul-Na-Tural: respuesta mesiánica tras la invasión y el saqueo

Más allá de toda barbarie, conquista y expoliación, los pueblos encuentran en su complicidad con tiempo y naturaleza su aliento y su fuerza de resistencia. En sus imbricaciones concordantes, la cultura y la natura destellan ráfagas de alegría y de sonrisa. Encuentros, juegos, intercambios, carnavales, cantos... deseos concupiscentes por lo existente tejido a pulso y amargura; expresiones de beneplácito por lo vivido y alimento pasional al espíritu de lo por vivir vivido.

La historia de los pueblos no es una historia vacía -como la pregonada por el progreso modernista y desarrollista-; tras la invasión y el saqueo es una historia de resistencias, de tensiones y contradicciones, una historia pletórica de pasión por la esperanza, que mientras más apasionada se reconoce más necesita escarbar en sus memorias, cuidando que recuerdos y olvidos no se hagan ni trampas ni entuertos que invisibilicen los recursos memorísticos que son necesarios para avanzar en lo por hacer y en el logro de los anhelos.

La conquista surgida de pretextos y justificaciones enajenantes, desde el poder y la soberbia, parece perpetuarse en invasiones y saqueos que encuentran su justificación en nuestros pensamientos sean de bondad o de maldad pero que se hacen desde la superioridad. Las posibilidades de un mundo muy otro se encuentran en relación directa con nuestra capacidad de nombrar las cosas por su nombre y con pasión por otros mundos, también dependen de vivir una relación de reciprocidad con nuestra madre naturaleza, de experienciar una relación con la vida toda, de modo tal que moldee nuestro existir desde esos otros mundos pletóricos de vida, de alegría, de posibilidades, de búsqueda de equilibrios.

Siglos de conquista, colonización y encubrimiento sólo pueden equilibrarse con millones de momentos eternos pletóricos de libertad, de armonía, de gozo, de fraternidad y de paz. Éstos son posible en el avenir de la cultura con la natura, del mundo de vida cultural con el mundo de vida natural.

Fernando Limón Aguirre