Destacan ventajas de la agroecología en Cuba para la sostenibilidad agropecuaria y el desarrollo local

Fernando Funes Aguilar, investigador de la Estación Experimental Indio Hatuey, en Matanzas, Cuba –institución científica que brinda soluciones en materia de alimentación para el desarrollo de la producción agropecuaria en Cuba– visitó la Unidad San Cristóbal de El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR), donde se reunió con agricultores de la región y realizó una presentación en la que describió los antecedentes, el desarrollo y el estado actual de la agroecología en Cuba.

Mencionó que Cuba es un ejemplo clásico de conversión, que pasó del monocultivo, la agroexportación y la sobreexplotación de recursos naturales antes de 1959, a una agricultura convencional y sostenible, derivada de la crisis de los 90 y el periodo especial de derrumbe del campo socialista, la desintegración de la U.R.S.S. y el refuerzo del bloqueo de Estados Unidos.

C3c8EG7UcAACrEO

Explicó que después de tres décadas inició un movimiento de “Revolución Verde”, con precursores como pensadores agrícolas cubanos y naturalistas que sentaron las bases de tradiciones agrícolas que siguen siendo utilizadas en la actualidad con gran éxito.

Citó que la agroecología es un paradigma innovador para el diseño de una nueva agricultura del siglo XXI que incluye conceptos como soberanía alimentaria, energética, tecnológica y que es resiliente al cambio climático y a los cambios económicos globales. También es conocida como una ciencia que estudia la estructura y función de los agroecosistemas, desde el punto de vista de sus interrelaciones ecológicas, sociales y culturales.

Prácticas y programas innovadores

Funes Aguilar destacó que en Cuba, los campesinos realizan prácticas y forman parte de programas innovadores que han impulsado la agricultura convencional, familiar, urbana y periurbana, tales como el manejo agroecológico de plagas, el programa denominado “Arroz popular”, la medicina verde, la recuperación de la tradición animal, la conservación y el manejo de suelos y  nutrición orgánica, la innovación agraria, los polígonos de conservación de aguas y bosques, policultivos y rotación de cosechas, sistemas silvopastoriles, fincas forestales integrales, integración de ganadería, agricultura, forestal y sobretodo la apuesta por la educación y capacitación de técnicos.

Estas prácticas han llevado al crecimiento de la agricultura urbana y periurbana, la cual creció de 200 mil personas empleadas en el 2000, a 450 mil personas en el 2014. Esto gracias a la implementación de programas holísticos como el “Campesino a Campesino”, en el que se da un intercambio horizontal, rescatando experiencias rurales, con campesinos promotores y a través del intercambio con investigadores y profesores.

Indicó que no es posible hablar de eficiencia en la agricultura, sin una agroindustria bien fortalecida y diversificada que responda a las características y necesidades de cada municipio.

C3c8EG6UkAA1oKm

Entre los asistentes a la presentación se cuestionó si la agroecología sustentable podría ser suficiente para alimentar a un pueblo, a lo que el investigador respondió que se cuenta con abundantes estadísticas de que con la agroecología se podría tener la capacidad de alimentar a la población urbana y mundial, haciendo frente a una sociedad capitalista y globalizada, lo que significa un reto, al igual de grande que la misma atracción de la gente para trabajar en el campo.

Estrategias para la soberanía alimentaria

Una de las estrategias para el campo cubano de mayor éxito implementada por el gobierno es el otorgamiento de tierras en usufructo, lo que ha generado desarrollo local a partir del trabajo de más de cien mil técnicos que se han involucrado en la actividad y que han establecido a la producción de alimentos como prioridad en Cuba.

Como conclusión, expresó que el trabajo de campo con bases agroecológicas conducen a la sostenibilidad agropecuaria, generan producciones con eficiencia biológica, productiva, económica, energética y ambiental, conservan recursos naturales sin degradar suelos, eliminan uso de agrotóxicos, reducen la contaminación, protegen y mejoran el medio ambiente y amortiguan efectos de la sequía y el cambio climático.

Asimismo disminuyen la dependencia externa ya que son fuente importante de empleo y suministran alimentos sanos y abundantes para la población, producidos “de manera creativa por los agricultores y sus familias”.

Indicó que aún se necesita mayor apoyo financiero y estimular a los nuevos usufructuarios, una capacitación constante, equipos, implementos, desarrollo rural y cambio de conciencia hacia una agricultura en armonía con la naturaleza y atractivos económicos-sociales para los nuevos agricultores.

Estas experiencias pueden servir de guía para las necesidades que también hay en el campo mexicano, sin embargo, debido a la heterogeneidad de los agroecosistemas, las condiciones económicas y sociales, los gustos y habilidades de los productores directos, expresó que no existe un modelo único de finca integrada agroecológicamente, ni un paquete tecnológico estándar, “no hay recetas en agroecología”, puntualizó.